Conferencia

I. Introducción al canon, el texto y los Evangelios

En esta lección queremos tratar tres temas diferentes. Dos forman parte del contexto histórico más amplio para comprender el Nuevo Testamento y ya los comenzamos en nuestras lecciones anteriores. El tercero trata sobre la redacción misma de los Evangelios, mientras nos preparamos para trasladarnos directamente a los documentos del Nuevo Testamento. Los primeros dos temas abarcan lo que los eruditos llaman el canon y la crítica textual del Nuevo Testamento. El canon, que proviene de una palabra griega que significa «vara para medir» o «norma», se refiere a la colección de libros que en última instancia se eligieron para ser denominados «Nuevo Testamento». ¿Cómo se eligieron? ¿Qué se dejó afuera, qué se incluyó, y por qué?

II. El canon del Nuevo Testamento

En la actualidad muchas personas conocen la diferencia entre la iglesia Católica Romana y la Protestante en relación al canon de la Escritura. Hasta es probable que hayan escuchado el término «apócrifo». Es una palabra que se refiere a una docena o más libros del período intertestamentario que ya estudiamos, redactados entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, que, hasta donde podemos decir, los judíos nunca consideraron canónicos o fidedignos, pero que algunas personas de la iglesia naciente, particularmente en el tercer, cuarto y quinto siglo, (época en que el Catolicismo Romano comenzaba a tomar la forma con que posteriormente se lo conocería) valoraban y, en consecuencia a veces consideraron canónicos. En sentido estricto, es un debate para una serie de estudios del Antiguo Testamento y por lo tanto no hace falta que nos explayemos aquí.

A. Pseudoepígrafos

Existen otros libros del período intertestamentario que no se consideraron canónicos (por judíos ni cristianos), pero que enriquecen nuestra interpretación de su historia, su religión y sus formas literarias. Se los conoce como pseudoepígrafos, y de vez en cuando también aparecerán en los estudios del contexto del Nuevo Testamento. Lo que nos importa en el estudio del Nuevo Testamento es si alguna vez existió algún desacuerdo en cuanto a los veintisiete libros, y por qué proceso surgieron esos libros hasta formar lo que los cristianos consideraban una colección fidedigna de documentos inspirados por Dios.

B. Los libros del Nuevo Testamento

El proceso fue gradual. El primer testimonio que tenemos se remonta aproximadamente a la mitad del segundo siglo, cuando comenzaron a aparecer listas de los libros del Nuevo Testamento que se debían considerar fidedignos. Para la época de Tertuliano, alrededor de finales del segundo siglo, unos 200 años d.C., se tenía el concepto de que como el antiguo pacto, el pacto con Moisés en el Sinaí, produjo un registro escrito de ese compromiso, que con los siglos dio origen a las Escrituras Hebreas; también era natural esperar que hubiera una forma escrita del nuevo pacto, que Jeremías, en el viejo pacto o testamento (ambas palabras son iguales en hebreo y griego) ya había anticipado en Jeremías 31:31 y posteriormente, cuando Dios predijo a través de ese profeta que vendrían días en que haría un nuevo pacto con su pueblo, cuando sus leyes estarían escritas en sus corazones, aparentemente internalizadas de una manera que no siempre caracterizaba la era del Antiguo Testamento.

Los documentos que llegaron a formar el Nuevo Testamento también insinúan que la revelación de Dios a Jesús, a los apóstoles y a los primeros cristianos tendría una forma escrita. En el evangelio de Juan en particular, Juan 14:26 y 15:26, Jesús dijo que se iría pero enviaría el Paracleto, el Espíritu Santo, para guiar a sus discípulos a toda verdad y recordarles todo lo que les había dicho y enseñado. Entonces, por estas razones, teológicamente el concepto de un nuevo pacto, que derivó en una colección de libros escritos, el Nuevo Testamento, fue un resultado natural para el pensamiento de los primeros cristianos.

A medida que uno avanza por los años 300, 400 y 500 cada vez más concilios ecuménicos, o reuniones de líderes cristianos de todo el Imperio Romano, se congregaron para debatir más formalmente una variedad de asuntos de la doctrina cristiana, a menudo oponiéndose a enseñanzas que estaban surgiendo y consideraban heréticas o falsas. Y entre estos debates hubo deliberaciones sobre el canon de la Escritura. Entonces no fue un proceso de la noche a la mañana por el que Dios reveló a la iglesia novata los veintisiete libros que serían canónicos. Por el contrario, como muchos eruditos evangélicos creen, desde un primer momento, luego de que se terminaran de redactar estos libros, al final del primer siglo y comienzos de segundo, se los reconocía comúnmente como muy diferentes de otras formas de escritos religiosos.

III. Criterios

Más específicamente, ¿cuáles fueron los criterios que al final se tuvieron en cuenta para incluir estos veintisiete libros, aunque efectivamente se debatió si algunos merecían contarse, y algunas veces se postularon uno o dos documentos adicionales pero al final se excluyeron? Las tres categorías más importante son la consistencia, la catolicidad o universalidad, y el apostolado.

A. Consistencia

¿Qué significan estos términos? Consistencia en este contexto se refiere a la concordancia entre estos documentos y la Escritura anterior. Es claro que en el Nuevo Testamento se trata de Jesús, el movimiento que Él inició, y las creencias que los seguidores de la primera generación de la historia y el pensamiento cristiano enseñaron a las diferentes personas y congregaciones cristianas de los primeros años. Pero ¿qué distinguía los retratos de Jesús y la sana doctrina y ética que enseñaron los apóstoles de otras opciones, como por ejemplo la forma de cristianismo gnóstico a la que aludimos en la lección anterior? Uno de los criterios importantes era que las nuevas revelaciones no debían contradecir nada de la Escritura anterior, es decir, el Antiguo Testamento, ni de los documentos del Nuevo Testamento aceptados anteriormente.

B. Catolicidad o universalidad

En segundo lugar, el criterio de catolicidad se refiere a la universalidad, o un poco más precisamente, la naturaleza generalizada de la aceptación de estos documentos. Si un escrito emergía sólo de una secta en particular no sería aceptado. En cambio, estos libros tenían que haber circulado ampliamente en el Imperio Romano de los primeros tiempos y haber sido precisos, eficaces y útiles para un amplio espectro de cristianos de la época.

C. Autoridad apostólica

En tercer lugar tenemos el criterio de la apostolicidad. Esto significa que cada uno de estos libros tenía que afirmar de manera convincente que había sido redactado por un apóstol o alguien cercano. Mateo, Juan y Pedro pertenecían a los doce. Marcos y Lucas, según la tradición, derivaron sus enseñanzas principalmente de los apóstoles Pedro y Pablo respectivamente. Y aunque se disputa la autoría de Hebreos (como resaltamos en la lección de introducción), todos los candidatos sugeridos eran compañeros cercanos al apóstol Pablo.

D. Libros descartados

¿Qué tipos de libros se dejaron afuera? Se descartaron los manuscritos ortodoxos del segundo siglo, que en la actualidad están agrupados en colecciones prácticas, traducidas y accesibles, de los que conocemos como padres apostólicos. No se dejaron afuera ante todo porque contuvieran alguna enseñanza falsa, sino porque los autores reconocieron que vivían en una época posterior a la de la revelación a los apóstoles y sus seguidores. Los llamados apócrifos del Nuevo Testamento, que no se redactaron antes del tercer siglo y se extendieron varios siglos después, son evangelios, hechos, epístolas o apocalipsis adicionales que intentaron llenar los huecos aparentes del registro del Nuevo Testamento. Pero su valor histórico en muchos casos es muy insignificante.

Y luego mencionamos los escritos gnósticos; otros libros heterodoxos (o que se consideraban enseñanzas falsas) que emergieron de determinados círculos sectarios. Uno de los más famosos, que atrajo bastante la atención de los eruditos en los últimos años, es el evangelio de Tomás, un documento que contiene 114 dichos en buena parte conectados entre sí por narrativa. Supuestamente son revelaciones de Jesús a sus discípulos, un tercio de las cuáles se parece a las enseñanzas de los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, a grandes rasgos otro tercio no tiene paralelo pero tampoco una doctrina ortodoxa, y el último tercio es de origen claramente gnóstico. Aunque pocos estudiosos especularon con que quizás algunos dichos del evangelio de Tomás podrían reflejar enseñanzas verdaderas de Jesús preservadas fuera del canon, en su mayor parte no hay mucho que pueda complementar de manera históricamente precisa las enseñanzas de los apóstoles que están en el canon.

IV. Fidelidad del texto

Pero una segunda pregunta que surge de nuestro debate sobre el canon (¿cómo sabemos que tenemos lo que más probablemente sean documentos que Dios realmente inspiró y nos dio como una revelación del nuevo pacto?) versa sobre el texto del Nuevo Testamento. ¿Es realista creer que, después de dos mil años, y miles y miles de copias hechas completamente a mano durante siglos, tengamos conocimiento preciso de lo que esos veintisiete libros originalmente contenían? De entrada debemos confesar con libertad que no tenemos ninguna copia conocida, es decir, ninguna que tengamos motivos para creer que fuera un pergamino o papiro real que haya hecho algún escritor del Nuevo Testamento.

A. Evidencia textual

Por otro lado, la evidencia textual que en efecto tenemos del Nuevo Testamento es literalmente excepcional en comparación con la evidencia textual de cualquier otro documento clásico, histórico u otro tipo de manuscrito de la antigüedad de esa parte del mundo. La copia más antigua de cualquier parte del Nuevo Testamento es un fragmento de solo unos pocos versículos del final del evangelio de Juan, que data de aproximadamente 125 a 140 d.C. Juan, uno de los documentos del Nuevo Testamento que se escribió en último lugar, quizás apenas en la década de los 90, habría realizado su escrito solo unos treinta, cuarenta o cincuenta años antes. Del final de la época del Nuevo Testamento, existen evangelios completos o epístolas completas, algunas veces quizás sin algunos versículos porque se arrancaron, o con agujeros en el rollo.

B. Traducciones más antiguas

Cuando llegamos al cuarto y quinto siglo, comenzamos a encontrar copias de Nuevos Testamentos completos o casi completos. Ahora, es interesante que en la historia de la traducción del Nuevo Testamento, las seis copias más antiguas y más confiables casi completas o completas en su mayor parte no se descubrieran hasta hace unos siglos. Durante el tiempo de la Reforma Protestante, cuando apareció por primera vez la versión King James en inglés, cuando unos pocos años antes había surgido la Biblia de Lutero en Alemania, la Reina Valera en España y una variedad en otros idiomas europeos, (lo que en esos días constituía una traducción a un idioma europeo moderno y no el Latín que los católicos romanos habían conservado tanto tiempo); cuando todas estas traducciones llegaban y muchas de ellas se hacían muy minuciosamente, aun no se conocía ninguno de estos casi completos seis Nuevos Testamentos. Estos descubrimientos vinieron después y existen diferencias textuales importantes entre los textos más antiguos y algunos de los textos posteriores. Hoy en día, los que tienen alguna traducción a un idioma moderno con notas al pie o al margen normalmente tendrán expuestas variaciones textuales de manera que el lector actual puede ver dónde aparecen las diferencias más interesantes e importantes.

C. Traducciones modernas

En el mundo angloparlante, sin duda las traducciones protestantes de las Escrituras comúnmente aceptadas y más usadas son la Nueva Biblia Americana Estándar (New American Standard Bible), la Nueva Versión Internacional (New International Version) y la Versión Estándar Revisada (Revised Standard Version) que se volvió a revisar hace poco y se la conoce como Nueva Versión Estándar Revisada (New Revised Standard Version). La gran mayoría de todas estas variaciones textuales que las traducciones idiomáticas modernas incorporaron contenían errores de ortografía muy pequeños, omisiones accidentales de palabras o letras, o repeticiones. Estos errores se corrigieron con facilidad y ni siquiera se registraron en los márgenes de nuestras traducciones. En algunas ocasiones existen diferencias teológicas importantes que los primeros escribas cristianos podrían haber cometido a propósito para tratar de suavizar una dificultad aparente en el texto o que podrían ser accidentales.

En el Nuevo Testamento, solo en unos pocos casos existen controversias con un versículo completo o con un versículo a un versículo y medio, y únicamente en dos casos se disputa la textualidad de un fragmento mayor. Estos se encuentran en el presunto final más largo del evangelio de Marcos (Marcos 16:9-20 en la versificación en Inglés estándar) y en la historia de la mujer sorprendida en el acto de adulterio en el evangelio de Juan (Juan 7:53-8:11). Los críticos textuales están prácticamente de acuerdo en que es dudoso que estos fragmentos de texto fueran lo que Marcos o Juan originalmente redactaron en sus escritos. En el final más largo de Marcos hasta existen algunas evidencias de pasajes que podrían causar problemas teológicos. Los discípulos prometieron que podrían tomar serpientes o beber cosas mortíferas sin sufrir daños. Muchos eruditos creen que la historia de la mujer atrapada en adulterio de Juan es un hecho histórico auténtico; suena cierto de acuerdo a todo lo que sabemos de la vida de Jesús, pero en primer lugar bien podría haber sido conservado fuera del evangelio de Juan y solo añadido posteriormente por un escriba de los primeros cristianos. Es importante decir que, a pesar de estos dos pasajes críticos en cuestión y el versículo aislado o la sección del versículo (por ejemplo, el final más largo del Padrenuestro), ninguna doctrina cristiana depende de ningún texto polémico y todo lo que está entre el noventa y siete y noventa y nueve por ciento del Nuevo Testamento es textualmente seguro más allá de toda duda razonable.

Históricamente, las doctrinas cristianas de la inspiración o de la infalibilidad casi siempre se refirieron solo a los escritos originales, no a ningún supuesto sistema perfecto de preservación de esos textos. Sin embargo, en su providencia Dios parece haber considerado propio preservar el texto lo suficientemente bien como para que nadie nunca fuera engañado especialmente si se basa en las traducciones a idiomas modernos más actuales y más confiables. Tenemos justo los libros que Dios pretendió que formaran el Nuevo Testamento y tenemos las habilidades precisas para reconstruir el griego original en que fueron escritos. Por eso conocemos su contenido y los pocos lugares donde sigue habiendo dudas sobre dichos contenidos.

V. Formación de los Evangelios

Ahora queremos ir a la primera parte del Nuevo Testamento mismo, los Evangelios, y plantear una última pregunta de introducción sobre su formación. ¿Qué implicaba escribir una biografía de Jesús? Ya dijimos que los Evangelios se asemejan al antiguo género literario de la biografía, pero éste es muy diferente de las biografías modernas; hay muy poco sobre la niñez o crianza de Jesús, casi nada antes del comienzo de su ministerio a los 30 años, y Marcos y Juan por su parte dedican casi la mitad de sus evangelios a los eventos que llevaron y culminaron en la última semana de la vida del Maestro. De acuerdo con los parámetros biográficos modernos esto es muy desproporcionado, pero perfecto si cumple con los criterios de la biografía antigua, según la cual los intereses temáticos, y no tanto el orden estrictamente cronológico, a menudo explicaba la organización de una obra y dónde se prestaba más atención a los elementos ideológicamente más importantes de un individuo famoso.

A. Evidencia externa de la vida de Jesús

Sin embargo, paradójicamente se plantean dos problemas al evaluar la evidencia sobre la vida de Jesús. Por un lado, aparte de los cuatro evangelios canónicos casi no tenemos información histórica que haya subsistido. Josefo, el historiador judío que presenta la mayor parte de la información y solo en unos pocos pasajes; posteriormente la literatura judía y alguna referencia ocasional de un historiador greco romano nos permiten asegurar lo siguiente: Jesús era un judío que vivió en el primer siglo; tuvo discípulos; fue bautizado por Juan; predicó sobre el Reino de Dios; se decía que hacía milagros, especialmente que exorcizaba personas; destruyó las barreras de la fraternidad, especialmente en cuanto a comidas; tuvo suficientes problemas con la autoridad como para que lo arrestaran los judíos a fin de que los romanos lo condenaran por sedición. No obstante todo eso, entre sus seguidores había personas que creían que era el Mesías y que creían que lo habían visto resucitado.

Aparte de lo planteado, hay muy poco que podemos probar fuera del Nuevo Testamento. Pero desde un punto de vista, esto es muchísimo para ser corroborado con otras fuentes, simplemente porque la historia antigua tendía a referirse a las hazañas militares y políticas de los emperadores y sus cortes, y no a historias confusas sobre un movimiento religioso presuntamente vencido y un fundador crucificado que no tenía ningún cargo religioso oficial. Por otro lado, la segunda parte del problema paradójico con la evidencia que rodea a Jesús es que creemos tener demasiado sobre él.

B. Los Evangelios Sinópticos y el evangelio de Juan

Parece que tenemos demasiada evidencia en el Nuevo Testamento, o, para decirlo sin rodeos, la evidencia a veces parece contradecirse. Mateo, Marcos y Lucas son más parecidos que diferentes y por lo tanto se los conoce como los Evangelios Sinópticos, término que deriva de los vocablos griegos que significan «desde el mismo punto de vista». Uno puede mirar los tres juntos, poner el contenido en columnas paralelas en una sinopsis o armonía de los relatos (que a menudo se ha hecho) y comparar y contrastar sus semejanzas y diferencias. Por otro lado, el evangelio de Juan es más diferente de los tres predecesores que parecido a ellos, y eso genera problemas interesantes para el historiador y para el creyente en cuanto a por qué los evangelios difieren así.

Ahora, durante la mayor parte de la historia cristiana y el estudio de la iglesia, muchos de estos problemas no se trataron directa y específicamente. La práctica más común a partir del segundo siglo fue precisamente la de crear una armonía entre los evangelios, en la cual todo el material de los cuatro se juntaba y formaba una posible cronología coherente de la vida de Cristo. El único problema era que Dios bien podría haber elegido inspirar precisamente esa armonía, justamente un documento así, y por las razones que fueren decidió no hacerlo. Al armar la vida de Cristo de esa manera perdemos el toque distintivo de cada uno de los cuatro autores que los cristianos efectivamente creen que Dios inspiró. Entonces ha sido en buena parte producto de los dos últimos siglos cuando se desarrollaron varios métodos críticos o analíticos en los que el problema sinóptico (el problema de la relación entre Mateo, Marcos y Lucas, y la cuestión con Juan; la relación entre Juan y los sinópticos) se ha analizado más detalladamente.

VI. Crítica bíblica

Podemos repasar los cuatro períodos más amplios de investigación histórica en el surgimiento de la crítica bíblica moderna que trató estos temas.

A. Crítica de las fuentes

La más antigua es la cuestión de la crítica de las fuentes: ¿cómo se relacionan literalmente estos documentos? Y la opinión más popular por varias razones es que Marcos fue el primero. Mateo y Lucas conocían y usaron a Marcos en algunas ocasiones pero lo complementaron con su propia información, mucha de la cual podría haber provenido de una fuente de dichos que se perdió. Los eruditos la llaman «Q», del alemán «Quelle» que significa «fuente» y algunos de los dichos podrían haber procedido de sus propias fuentes personales, entre ellas, en el caso de Mateo (si realmente fue el apóstol con el mismo nombre), su propia memoria.

B. Crítica de las formas

Una segunda fase es la que conocemos como crítica de las formas, en la que tuvo lugar el periodo oral entre la vida de Jesús y la redacción de los Evangelios, no antes de veinte o treinta años después, y posiblemente luego de eso. Las historias de Jesús circularon de diversas formas, como parábolas, historias de milagros, proverbios, etc., y muchos estudiosos creen que las diferentes historias de estas formas pueden rastrearse en todo el período en el que las enseñanzas y hechos de Jesús circulaban de boca en boca. A veces los críticos de las formas son bastante escépticos sobre la veracidad histórica de la tradición durante este período, pero otros estudiosos evangélicos destacaron que el judaísmo del primer siglo era una cultura que había cultivado en alto grado la capacidad de memorización y habría sido bastante posible que los discípulos conservaran información muy fidedigna.

C. Crítica de la redacción

El tercer período que dominó los últimos cincuenta años más o menos en el estudio cristiano es la crítica de la redacción, que proviene de la palabra alemana «Redaktion» y simplemente significa «editar». Se centra en el propósito de los escritores de los cuatro evangelios, su énfasis teológico y las razones para reunir las tradiciones de la manera en que lo hicieron. Busca identificar los temas distintivos que cada uno quiso comunicar a sus audiencias en particular.

D. Crítica literaria

Finalmente llegamos a un período de crítica literaria en la que los Evangelios se leen como cualquier gran obra, novela o historia a fin de entender la trama, la dinámica entre los personajes, los períodos de clímax, la tragedia, la comedia y demás. Todos estos elementos aparecerán ahora que hagamos una breve introducción a cada uno de los cuatro evangelios por separado, pero al menos nos proporcionan un pequeño panorama de los tipos de temas que ocupan a los eruditos.

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