Conferencia

I. Introducción a Mateo y Marcos

En esta lección y la siguiente haremos una introducción de cada uno de los cuatro evangelios. En primer lugar analizaremos Marcos, que se cree que escribió primero, y luego Mateo. Queremos tratar de entender los Evangelios como fueron redactados originalmente; con diferentes autores o evangelistas, a distintas comunidades cristianas, teniendo en mente variados objetivos y distintas circunstancias que motivaron esos objetivos. Comencemos con el evangelio de Marcos.

II. Evangelio de Marcos

A. Presentación de Jesús

Si formulamos la pregunta de la teología o de los temas distintivos, el lugar más lógico para comenzar es la forma en que el autor de cada evangelio presenta a Jesús. Obviamente tienen muchas semejanzas, pero las diferencias también son elocuentes. Marcos es el evangelio que algunos comentaristas consideran que tiene el mejor equilibrio en su presentación del aspecto humano y divino de Cristo. En realidad, su evangelio bien puede dividirse en dos partes; en líneas generales los primeros ocho capítulos presentan una narrativa dinámica, cargada de acción del ministerio de Jesús (centrada principalmente en sus milagros, sus triunfos y su habilidad para asombrar a las multitudes). Luego abruptamente después de la confesión de Pedro camino a Cesarea de Filipo, en 8:27, y posteriormente, la narrativa de Marcos pasa al tema de la cruz. Aquí aparecen muchos menos milagros y en cambio muchas más enseñanzas para los discípulos, a menudo sobre la necesidad de sufrir. La gloria de la primera mitad del evangelio, por decirlo de alguna manera, es cada vez más reemplazada por un enfoque en la cruz. Martin Kahler, famoso comentarista del cambio de siglo, dijo que el evangelio de Marcos es una narrativa apasionada con una introducción extendida, y su famoso comentario no está muy lejos de la verdad.

B. El Hijo de Dios

En la primera mitad del evangelio de Marcos aparecen con más claridad las evidencias de su divinidad. El versículo introductorio, Marcos 1:1, habla de Jesús; el principio del evangelio de Jesús, que es el Cristo, y que es el Hijo de Dios. Aunque el término «Hijo de Dios» no aparezca frecuentemente en el evangelio, aparece nuevamente al final de Marcos (15:39) en los labios del centurión que ve la manera en que expira Jesús. La palabra «Hijo» sola también aparece en los episodios, ubicados estratégicamente, del bautismo y la transfiguración del Maestro. Para Marcos, «Hijo de Dios» es un título de majestad que señala la divinidad de Jesús. El énfasis en las sanidades y los milagros, que ya hemos mencionado, caracteriza la primera mitad del evangelio de Marcos, le atribuye el sentido de alguien que viene con poderes sobrenaturales. Pero esa divinidad también se equilibra con la humanidad de Jesús.

C. El Mesías

El segundo título que Marcos 1:1 nos presenta, el de «Cristo», es muy importante en todo este evangelio, y Cristo es el equivalente griego de Mesías. Una característica llamativa, particularmente en Marcos más que en ningún otro evangelio, es el número relatos sobre personas que reconocen a Jesús como el Cristo, y a quienes Jesús manda, por decirlo de algún modo, que guarden el secreto. Este tema ha llegado a ser conocido como «el secreto mesiánico». Después de la confesión de Pedro camino a Cesarea de Filipo lo vemos probablemente de la forma más dramática. Mientras que en el texto paralelo de Mateo (capítulo 16) Jesús elogia a Pedro en varios versículos y le da las llaves del reino, en Marcos lo único que hace es silenciarlo. Marcos 9:9 nos da una clave del motivo de este secreto mesiánico; sólo después de la resurrección de Jesús la gente podría comprender completamente quién era. Antes de que eso sucediera, sería demasiado fácil que malinterpretaran su ministerio y lo confundieran simplemente con un militar popular o un líder o libertador político.

D. El Siervo Sufriente

El tema del «Siervo Sufriente» es un tema secundario que encaja en el enfoque en la humanidad de Jesús del evangelio de Marcos. Nuevamente, no es la mera frecuencia del título sino la ubicación estratégica. Marcos 10:45 resume, de la boca de Jesús, la interpretación de la muerte que le esperaba. «Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos» probablemente aluda a Isaías 53 y el ministerio del Siervo Sufriente en la profecía de ese autor. El «rescate» se referiría al ministerio de una expiación sustitutoria ya que con su muerte, Jesús paga el precio que merecen pagar los pecadores con las suyas.

E. La opinión negativa sobre los discípulos

Además de las opiniones particulares sobre Jesús, también se conoce a Marcos por presentar quizás la imagen más negativa de los cuatro evangelios sobre los discípulos. Ellos también a menudo entienden mal. Aparentemente, la confesión de Pedro no fue adecuada (vemos que Jesús lo silenció abruptamente) y eso queda en claro en los versículos sucesivos cuando Pedro no está preparado para escuchar la profecía de Jesús de que tendría que ir a la cruz. Jesús tuvo que dirigirse a Pedro y reprenderlo diciéndole que reflejaba el punto de vista de Satanás y no de Dios. En Marcos, los discípulos del Maestro comprenden las parábolas menos que en cualquier otro lugar. Y si tenemos razón en nuestros comentarios de la lección anterior de que la copia original del evangelio de este autor terminó en 16:8, entonces Marcos deliberadamente finalizó su evangelio sin ni siquiera narrar una aparición explícita de Jesús resucitado. En cambio, el ángel dijo a las mujeres que estaban en la tumba que Él había resucitado, que debían ir a contarles a los discípulos y que tenían que encontrarlo en Galilea. Pero es más probable que el texto original del escritor concluyera con las palabras: «no dijeron nada a nadie porque tenían miedo». Es claro que la comunidad de Marcos, en la que todos eran cristianos, conocía más de la historia, pero el autor eligió resaltar el aspecto del miedo y la mala interpretación por parte de los discípulos.

¿Por qué? Esto nos lleva a considerar las circunstancias particulares que atravesaban las personas a las que Marcos escribía su evangelio. La descripción negativa de los discípulos y el énfasis en el camino a la cruz ha sugerido a muchos que Marcos escribía a un grupo de cristianos que se consideraban incompetentes, quizás a la luz de la persecución cada vez mayor de los primeros cristianos. Y esas sugerencias frecuentemente ubican la redacción y el envío del evangelio de Marcos en la década de los años 60 d.C., un poco más de treinta años después de la muerte de Jesús, cuando la persecución instigada por Nerón crecía y se volvía más intensa. Marcos 13, donde Jesús describe la destrucción futura del templo con lenguaje muy enigmático como la abominación desoladora o el sacrilegio desolador, ha llevado a muchos a pensar que esto se redactó antes del cumplimiento de esa profecía en el 70 d.C., después de lo cual la descripción podría haber sido mucho más explícita.

F. Fecha y lugar de Marcos

La poca evidencia externa que tenemos de la iglesia antigua encaja con estas suposiciones en los escritos de Ireneo y Clemente. Ireneo escribió lo siguiente: «Marcos llegó a ser el intérprete de Pedro y escribió de manera exacta, pero no en orden, todo lo que recordaba de las cosas dichas y hechas por el Señor. Porque él no había oído al Señor ni había sido uno de sus seguidores, sino que más tarde, como he dicho, fue seguidor de Pedro. Pedro solía enseñar según la ocasión lo demandaba, sin dar una disposición sistemática a los dichos del Señor, de modo que Marcos no erró al escribir algunas cosas tal como las recordaba, porque tenía un propósito dominante: no omitir nada de lo que había oído, y no hacer ninguna declaración falsa en su relato» De esta afirmación deducimos que Marcos era colaborador de Pedro, que redactó los sucesos del evangelio de la manera en que los escuchó principalmente del apóstol y aparentemente algunas veces le interesaba más seguir un orden temático y que uno estrictamente cronológico.

Clemente dijo: «Cuando Pedro predicaba la Palabra públicamente en Roma, y anunciaba el evangelio por el Espíritu, muchos de los presentes pidieron que Marcos, que había sido por largo tiempo su seguidor y recordaba sus dichos, pusiera por escrito lo que se había proclamado. Marcos lo hizo y les comunicó el evangelio a quienes se lo pidieron. Cuando Pedro lo supo no evitó ni alentó directamente la tarea». Con claridad vemos diferencias interesantes pero Marcos y Pedro siguen estando ligados y en esta ocasión se ubica a los lectores del evangelio de Marcos en Roma, que concuerda con la ubicación de la primera comunidad víctima de una gran persecución por parte de un emperador romano.

Existe sin embargo otro factor diferente, importante para determinar la fecha y ubicación del manuscrito de Marcos y el envío de su evangelio, y es la creencia casi unánime de los eruditos de que el evangelio de Lucas usó a Marcos y entonces este debe ser anterior. En nuestra próxima lección, cuando lleguemos a la introducción del evangelio de Lucas, veremos que existen al menos razones convincentes para ubicar a Lucas y su segundo volumen, Hechos, bien al comienzo de la década de 60 y no después del 62, año en que se registran los eventos del final del libro.

Si esto es cierto, entonces Marcos debe colocarse apenas antes de la persecución de Nerón, que no ocurrió sino hasta el 64. Quizás Marcos fuera escrito entre el 60 y 61 o antes, a principios de la década de 50, en cuyo caso no podemos estar tan seguros sobre el contexto de la persecución en Roma. Podrían haber sido las hostilidades más concretas y esporádicas que los creyentes enfrentan en toda la narración de los Hechos de los Apóstoles. En cualquier caso, parece que Marcos escribe un informe muy transparente, veraz y certero de las fallas, como así también de los éxitos, de los primeros discípulos, no solo de Pedro, a fin de alentar a las personas que quizás sentían que no estaban haciendo las cosas tan bien en el camino cristiano; ya que así como Dios pudo usar estos primeros seguidores con sus defectos, también podría usarlos a ellos.

G. Autor de Marcos

Si tomamos en serio estas primeras tradiciones de la iglesia, entonces también llegamos a la conclusión de que el autor, Marcos, no era otro que el Juan Marcos que aparece en el libro de Hechos como compañero ocasional de Pablo y Bernabé y el que estuvo en Roma a principios de los 60, al menos si esa es la fecha en la que ubicamos la epístola de 1 Pedro que menciona a Marcos al final del libro. Sin embargo, en sentido estricto, el evangelio es anónimo y los títulos «el evangelio según tal y tal» probablemente no fueran añadidos, como muy pronto, hasta finales del primer siglo y principios del segundo. Muchos eruditos modernos son un poco escépticos sobre las antiguas atribuciones de autoría, pero no vemos razones para descartar la firme posibilidad de que este Marcos sea realmente el autor del evangelio, entre otras razones porque de no ser él quien lo redactó, no hay motivos aparentes para que se lo eligiera.

III. El Evangelio de Mateo

A. Jesús como Maestro

Si vamos del evangelio de Marcos al de Mateo, volvemos a ver un retrato diferente de la vida y del ministerio de Jesús. Nuevamente comenzamos con la teología y luego con las imágenes distintivas de Cristo. Una de las cosas que nos sorprende de este autor, a diferencia del anterior, es que las enseñanzas que leemos de Jesús son muy amplias. El Señor, en Mateo, predica cinco sermones extensos que tienen casi un capítulo, o a veces, más de un capítulo de longitud: el famoso Sermón del Monte en los capítulos 5 a 7; el discurso misionero a los discípulos en el capítulo 10; un capítulo de parábolas en el 13; un sermón sobre la humildad y el perdón en el 18; y, después de los extensos lamentos por los escribas y fariseos del capítulo 23, otros dos capítulos completos con lo que se conoce como el discurso escatológico o de los Olivos; sus enseñanzas sobre los tiempos finales en el Monte con ese nombre. Es interesante notar que las Escrituras Hebreas también comenzaron con cinco grandes bloques de enseñanzas: los libros de Moisés. ¿Mateo trataba de mostrar a Jesús como maestro, al igual que Moisés pero superior a este? El hecho de que suba dos veces a las montañas a enseñar recuerda cuando Moisés también recibió la ley en el Monte Sinaí. Pero para Mateo Jesús no era simplemente un maestro, o quizás ni siquiera un legislador. Es el «Hijo de David», un título real judío, muy característico del evangelio de Mateo.

B. Jesús como rey

Mateo resalta elementos de la dignidad y la realeza del Señor, especialmente en los primeros capítulos, de maneras que no hacen otros evangelios. El término «Hijo de Dios» que encontramos en Marcos en realidad se usa con más frecuencia en Mateo, y el asombro relacionado con el ministerio de Jesús, y particularmente con sus milagros, también parece destacarse. Entonces, al final podemos hablar del título de «Señor». Aunque no es especialmente distintivo en Mateo ya que se encuentra frecuentemente en los cuatro evangelios, es el título más característico de este autor; ese Jesús de Nazaret es alguien que merece la adoración.

Además de las imágenes distintivas de Jesús, las buenas nuevas de Marcos

presentan un enfoque de los judíos extremadamente detallado y distintivo.

C. Jesús como judío

A primera vista encontramos cierta tensión; aparentemente información contradictoria. Por un lado, en las buenas nuevas de Mateo hay más afirmaciones y sucesos que muestran a Jesús más distintivamente judío que ningún otro evangelio. Solo Mateo registra, en los dos capítulos sobre el nacimiento de Jesús, que el Maestro cumple las palabras de los profetas en cuanto a cómo sería el Mesías. Solo Mateo registra en el Sermón del Monte (Mateo 5:17-20) la relación de Jesús y la Ley: «No penséis que he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir». Encontramos pasajes presuntamente escandalosos: en Mateo 10:5-6, Jesús les dice a los discípulos que no vayan a ninguna ciudad de los samaritanos ni los gentiles sino solo a las ovejas perdidas de la casa de Israel, y Él mismo, cuando habla con la mujer cananea en 15:24, le dice que no fue enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

D. Universalidad de Jesús

Además, solo este evangelista usa la expresión «reino de los cielos» en lugar de la frase más común y conocida «reino de Dios», probablemente porque los judíos eran reticentes a pronunciar el nombre santo de Dios y lo sustituyeron por este eufemismo. A pesar de este y otros rasgos judíos del evangelio de Mateo, existen características muy universales, que resaltan más en este evangelio que en cualquier otro, a Jesús como el «enviado a las naciones». Mateo es el único que, en la parábola de los labradores malvados de 21:43, dice a través de Jesús que el reino será quitado de los judíos y le será dado a una nación que produzca frutos para ese reino. También es únicamente ese autor quien relata la famosa historia de la separación de las ovejas y de los cabritos, el juicio a todas las naciones (capítulo 25) y quien finaliza su relato con la Gran Comisión; ir a todo el mundo a hacer discípulos en todas las naciones (Mateo 28:18-20).

Probablemente la mejor solución para esta tensión entre las dos caracterizaciones del evangelio de Mateo sea reconocer lo que Pablo posteriormente resumiría en la epístola a los Romanos: que primero fue enviado al pueblo de Israel, que el evangelio es buenas noticias en primer lugar para los judíos pero luego también para los gentiles. Durante su vida, Jesús, aunque anticipó y en algunas ocasiones anunció algo de la misión a los gentiles, en su mayor parte reserva su ministerio al pueblo de Israel, sabiendo que como pueblo elegido de Dios debe tener la primera oportunidad de responder a esta nueva etapa de la revelación. Pero también sabe que su religión, su interpretación de la forma en que su ministerio cumple con el judaísmo, ya no dejará lugar para un pueblo elegido particularmente sino que llevará el mensaje, a través de los apóstoles, a cada rincón del planeta.

E. Otras características distintivas

Entre otras particularidades de la teología de Mateo podemos mencionar el enfoque en el discipulado. Es el único que usa la palabra «iglesia» cuando anticipa algunos de los mandatos organizativos de Jesús para la comunidad novata de seguidores. En el evangelio de Mateo el Señor tiene conflictos más virulentos con las autoridades judías que en el evangelio de Marcos, y algunos hasta creen que más que en cualquier otro evangelio, aunque Juan también muestra como el Maestro intercambia palabras duras con los poderosos. En realidad, Mateo y Juan a veces han sido acusados de anti semitas, en una época en que es comprensible y apropiado que las personas fueran más susceptibles con tales cuestiones. Se deben tomar esas afirmaciones con seriedad, pero probablemente no exista nada más fuerte, ni siquiera en los lamentos por los escribas y fariseos de Mateo 23, que lo que encontramos en gran parte de la literatura profética judía del Antiguo Testamento. Jesús era un judío absolutamente vinculado con los rituales y las creencias del judaísmo, pero también creía que Dios lo había llamado proféticamente para criticar varias formas en que, particularmente el liderazgo de su generación religiosa, se había apartado de la voluntad de Dios.

F. Fecha, lugar y autor de Mateo

Nuevamente aparece la pregunta: ¿en qué escenario se enmarcaba esta colección particular de temas e imágenes sobre Jesús? Y la respuesta obvia es que Mateo escribe a una comunidad cristiana muy judía. Aparte de eso no se han logrado otros acuerdos. Se ha debatido si fue antes o después de la destrucción del templo en el 70 d.C., y si fue en la ciudad de Antioquía, en Siria, lugar donde sabemos que subsistieron numerosas comunidades de cristianos judíos hasta el segundo siglo. También se debatió si se escribió antes o después de la llamada prohibición de los cristianos de la sinagoga entre mediados y fines de la década de los 80; en esa época se introdujo una plegaria en la liturgia judía mediante la que se invocaba una maldición de Dios para todos los herejes, entre ellos aparentemente los nazarenos, nombre que probablemente se le diera a la secta de seguidores de Jesús de Nazaret. Quizás en lo que efectivamente haya coincidencia es que algo de la violencia, algo de la pasión que surge del evangelio de Mateo se deba a esta tensión con la comunidad judía no cristiana. Sea cual fuere el lugar y la fecha de redacción de Mateo, el evangelio se dirigió a un grupo cristiano en el que todavía se evidenciaba una seria tensión con los judíos no cristianos de la comunidad. En realidad, un erudito acuñó la frase: «la sinagoga cruzando la calle» en base a datos arqueológicos de varias ciudades de Medio Oriente en las que la sinagoga y la iglesia literalmente estaban ubicadas muy cerca una de la otra en el centro de una comunidad determinada. Si en realidad Mateo se escribió principalmente para cristianos judíos recién convertidos, que acababan de desprenderse de la sinagoga y de toda su familia y amigos, con los compromisos que eso implicaba, podemos comprender por un lado, la pasión de Marcos por ganar la mayor cantidad posible de judíos para Cristo, a fin de fomentar y afianzar la fe de quienes ya creían en Él, y por otro lado los últimos rastros de sentimientos muy fuertes y hasta en algunos casos cierta hostilidad.

Si volvemos a recurrir al testimonio de la iglesia primitiva, vemos que se creía por unanimidad que el autor de este evangelio no era otro que el cobrador de impuestos, uno de los doce apóstoles, el hombre que los evangelios alternativamente llaman Mateo o Leví. Sin embargo, es interesante notar que este libro está escrito en muy buen griego, un estilo hasta mejor que el evangelio de Marcos; y muchos eruditos piensan que no parece el tipo de redacción que podría haber caracterizado a alguien que hablaba griego como segundo idioma.

Si analizamos el testimonio conocido más antiguo sobre los orígenes del evangelio de Mateo, nos encontramos con el argumento del escritor cristiano Papías de principios del segundo siglo, citado posteriormente por el historiador eclesiástico Eusebio. Papías afirmó: «Mateo escribió su evangelio en hebreo y cada uno lo tradujo según su aptitud». Desafortunadamente, también se disputa la traducción de las palabras de Papías. Leamos la frase nuevamente traduciéndola de otra manera: «Mateo compiló sus dichos en el idioma, o dialecto, o estilo arameo y cada uno los interpretó como pudo». Ni siquiera estamos completamente seguros de qué es lo que el testimonio más antiguo le atribuye a Mateo, pero existen evidencias tempranas ininterrumpidas de que escribió algo, ya sean los dichos de Jesús o un evangelio completo en hebreo o arameo.

Eso deja abierta la posibilidad de que nuestro Mateo, el que se escribió en griego, sea la traducción de alguien que quizás no era el cobrador de impuestos, o tal vez la versión de los apóstoles, una traducción y/o una extensión, una segunda edición por decirlo de algún modo, de lo que Mateo originalmente redactó en hebreo o arameo. Y tampoco es imposible que lo que los estudiosos llaman «Q» (que mencionamos en la lección anterior) pueda haberse tratado de este documento de dichos en hebreo del que habla Papías, que Mateo posteriormente complementó y amplió, en parte dependiendo de Marcos, dando origen a la forma de evangelio que tenemos en nuestras manos. En cualquier caso, Mateo claramente está empapado de un contexto judío. Al interpretar su estructura, tenemos que prestar mucha atención a las enseñanzas de Jesús que predominan en la narrativa. Observemos que intercala bloques de enseñanza y narrativa, a menudo sobre un tema similar, de forma que vemos apología para convencer a los no creyentes, enseñanza bíblica para instruir a los creyentes y un toque pastoral para concientizar a todos los lectores de que Jesús merece la adoración.

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