Conferencia

I. Introducción

En este curso del Nuevo Testamento de nivel universitario, cubriremos cuatro temas fundamentales en seis lecciones. Ellos son: El Nuevo Testamento como la Escritura, el desarrollo del texto del Nuevo Testamento, los contextos del Nuevo Testamento y la evidencia arqueológica. En esta primera lección comenzaremos con el Nuevo Testamento como la Escritura.

II. El Nuevo Testamento como la Escritura

Al pensar en la autoridad escritural, debemos comenzar por el hecho de que la Escritura misma afirma ser el mensaje de Dios. Al respecto, uno apela a la Escritura no para buscar pruebas sino información. Dios dice que es: «El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, [...] y abundante en misericordia y fidelidad» (Ex. 34:6). El prólogo del cuarto evangelio dice que la Palabra de Dios está llena «de gracia y verdad» (Jn. 1:14). Gracia es sinónimo de amor misericordioso y verdad lo es de fidelidad. La definición es la misma.

A. Explicación de la gracia

La esencia de la doctrina de la gracia es que Dios está de nuestro lado. Es más, está con nosotros aunque nosotros estamos en su contra. Y mejor aún, no está de nuestro lado meramente de una manera abstracta sino que efectivamente actuó a nuestro favor. La gracia se resume en el nombre de Jesucristo. Como Él también es Dios, será Dios con nosotros para nuestro beneficio. Él asumirá la responsabilidad de nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. Él es la gracia de Dios hacia nosotros. Ya no es un enemigo, se pone junto a nosotros para luchar contra nuestros adversarios reales, y eso es un hecho: «Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?» (Ro. 8:31). Debemos reconocer la gracia como lo que es, un regalo gratuito, y aceptarla con humildad y gratitud gozosa. Esta decisión humana, que implica reconocimiento y aceptación, es la fe que responde a la gracia de Dios. «Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe» (Ef. 2:8).

B. Dios inspirado

La idea teológica de la inspiración presupone una mente y una voluntad personal (según la terminología de Hebreos, el «Dios viviente») activas para comunicarse con otros seres vivientes. La creencia cristiana de la inspiración descansa tanto en las aseveraciones bíblicas explícitas como en la forma en que influye en todo el registro de la Escritura. Los cristianos creen que ambos testamentos son la Palabra inspirada de Dios. La doctrina de la inspiración no se superpone en la Escritura sino que ésta lo afirma por sí misma. Los críticos podrían rechazar la afirmación pero no pueden negar que esté hecha. Pablo con confianza declara: «Toda Escritura es inspirada por Dios» (2 Ti. 3:16), y Pedro agrega: «Pues ninguna profecía fue dada jamás por un acto de voluntad humana, sino que hombres inspirados por el Espíritu Santo hablaron de parte de Dios» (2 P. 1:21). Entonces, el texto bíblico, más que simplemente una gran obra literaria, es la Palabra misma de Dios.

III. Interpretación del Nuevo Testamento

Entonces, el objetivo principal de esta lección es ayudarte a convertirte en un mejor exégeta, es decir, un oyente y estudiante de la Palabra de Dios. A fin de no perderte el beneficio de tu propio aprendizaje, recurre a otro material de estudio después de haber completado el trabajo, no antes. El material es útil especialmente para brindar información que no se puede extraer solamente de la Biblia; por ejemplo, datos adicionales sobre personas, lugares y eventos. Además proporciona comentarios útiles sobre pasajes que podrían ser difíciles de entender.

A. Hermenéutica

Interpretar y comprender la Biblia correctamente puede ser una experiencia ardua y a menudo desconcertante pero vale la pena el esfuerzo. Decidirse a comenzar con un estudio profundo de la Biblia en un principio puede parecer intimidante, pero conocer un poco el arte y la ciencia de la hermenéutica resultará sin duda de utilidad. El verbo griego hermenéuein significa «explicar, interpretar o traducir», mientras que el sustantivo hermeneia significa «interpretación» o «traducción»: Lucas usa la forma verbal para informar a sus lectores que Jesús «explicó» a los dos discípulos en el camino a Emaús lo que las Escrituras Hebreas decían sobre Él (Lc. 24:27). La hermenéutica intenta ayudarnos a comprender lo que el mensaje, escrito, oral o visual, trata de comunicar.

Si el objetivo de la hermenéutica es la interpretación correcta de la comunicación, entonces debemos aprender qué preceptos y métodos son apropiados para lograrlo. Este arte brinda varias reglas y técnicas para conseguir comprender el texto bíblico de manera más completa. A fin de evitar una interpretación arbitraria, errónea o que simplemente satisfaga algún capricho personal, debemos tener en cuenta las reglas o principios guías adecuados para la interpretación bíblica. Cuando nos decidimos a descubrir y emplear esos principios, estamos investigando la hermenéutica. Sin embargo, es tanto una ciencia como un arte. Existen reglas, principios, métodos y tácticas asociadas con la interpretación de la Biblia, pero ningún sistema mecánico de reglas podrá ayudar a comprender todas las implicancias o matices de un texto dado; es allí donde aparece el arte de la interpretación.

Las preguntas relacionadas con la hermenéutica bíblica a menudo pueden ser difíciles de responder y podrían existir múltiples respuestas. Pero, según Gordon Fee y Douglas Stuart, debemos estar de acuerdo en un aspecto de la hermenéutica bíblica: «Un texto no puede significar lo que nunca significó. O para ponerlo de un modo positivo, el verdadero significado del texto bíblico para nosotros es lo que Dios se propuso originalmente que significara cuando se expresó por primera vez» (La lectura eficaz de la Biblia. © 1985. Gordon D. Fee y Douglas Stuart. Editorial Vida, p. 23). En otras palabras, el intérprete siempre debe tener en mente que el texto en consideración es más que una obra literaria: es la Palaba de Dios.

B. Exégesis

La exégesis es una actividad normal que todos realizamos diariamente, aunque nunca la hayamos llamado por ese nombre. Cuando escuchamos o leemos una afirmación y tratamos de comprender lo que se expresó estamos realizando una exégesis. El término proviene de la palabra griega exegeomai, que básicamente significa «sacar de». Si lo aplicamos a los textos, denota «extraer el significado». Entonces, el sustantivo puede referirse a la interpretación o explicación. Por lo tanto, cuando leemos un texto o escuchamos una afirmación que queremos comprender e interpretar aplicamos la exégesis.

El objetivo de la exégesis bíblica es lograr una interpretación informada del texto en cuestión. El hecho es que el significado de cualquier texto tiene diversos matices y diferentes tipos de exégesis pueden apuntar a estos aspectos diferentes. Por eso, el exégeta nunca debe esperar presentar la exégesis de un pasaje como si fuere su interpretación final. En cambio, realizamos la exégesis de un pasaje sobre el cual se presenta una interpretación coherente e informada, basados en la investigación de ese texto en determinado momento. La exégesis no nos permite tanto dominar el texto sino que más bien posibilita adentrarnos en él.

C. Relación de la hermenéutica y la exégesis

Según Walter C. Kaiser en su libro Toward an Exegetical Theology (Hacia una teología exegética), la relación entre la hermenéutica y la exégesis es la siguiente: «La hermenéutica trata de describir los principios y las reglas generales y especiales útiles al abordar un texto bíblico; la exégesis trata de identificar la verdad o intención única de frases, cláusulas y oraciones individuales que constituyen los pensamientos de los párrafos, las secciones y en último lugar, los libros. Así, la hermenéutica puede considerarse la teoría que guía la exégesis; y esta última puede entenderse como la práctica de y el conjunto de procedimientos para descubrir el significado que quiso transmitir el autor» (N del T.: Traducción libre, pag. 47).

En otras palabras, la hermenéutica y la exégesis tienen la misma relación que el reglamento con un juego. El reglamento se redacta en base a la reflexión, el análisis y la experiencia. El juego se juega mediante la actualización concreta de la reglas. Las reglas no son el juego pero éste no tiene sentido si no hay nada que lo regule. La hermenéutica en sí misma no es exégesis, pero la exégesis es la hermenéutica aplicada.

IV. Interpretación bíblica

La interpretación es una actividad por la que el lector o el oyente intentan obtener significados verbales para compartir que un autor o un orador intentan transmitir mediante signos lingüísticos. No todos los significados que el autor tiene en mente pueden transmitirse mediante el lenguaje. E. D. Hirsch dice: «El significado verbal de un autor está limitado por la posibilidades lingüísticas, pero está determinado por su actualización y especificación de algunas de esas posibilidades. De la misma manera, el significado verbal de un intérprete está determinado por su voluntad, limitada por las mismas posibilidades» (N. del T.: Traducción libre, Validity in Interpretation. New Haven: Yale University Press, 1967, p 47).

La posibilidad de que un intérprete logre deducir el significado verbal de un autor aumenta mucho por las limitaciones de los posibles significados que las normas y las convenciones culturales imponen a las palabras. Un símbolo lingüístico puede tener el mismo significado para dos personas porque el rango de significados está limitado por las convenciones. Obviamente, las palabras a menudo tienen varios significados, pero la asociación de un vocablo con otros en su contexto ayuda mucho para descubrir sin ambigüedades el significado que el autor tenía en mente en determinado punto de su redacción. Sin embargo, el intérprete siempre tiene que tener presente que existe cierto grado de especulación relacionada con el significado de la comunicación que intenta deducir. Al construir un texto cuyo autor no se puede consultar, la validez de la interpretación nunca pude tener más que un alto grado de probabilidad.

Sin embargo, mientras más dispuesto esté el intérprete a someter la construcción del texto propuesta al escrutinio de otros que también han trabajado mucho para comprenderlo, más probabilidades tendrá de lograr un consenso en cuanto al significado que el autor intentó transmitir. La mayor dificultad que se presenta en la interpretación de textos es el famoso «círculo hermenéutico», que alude al camino que recorre el pensamiento cuando intenta descubrir un significado.

Metodológicamente se refiere al procedimiento que sigue un intérprete cuando va de las partes de una oración a la oración completa y luego, literalmente, de nuevo de lo general a lo particular. Descriptivamente, el círculo corresponde a esa profunda interrelación entre las palabras de una oración y el párrafo como un todo, y luego la relación externa con la obra como una unidad hasta finalmente incluir todos los elementos relacionados con una interpretación adecuada del texto en cuestión. En resumen, la relación entre el texto y el contexto, y viceversa.

Para estar seguros, si todas las facetas de un texto tuvieran las mismas posibilidades de convertirse en evidencia para apoyar diferentes formas de interpretarlas, entonces nunca se podría romper el círculo y los intérpretes perderían el tiempo debatiendo sobre cuál punto de vista es el correcto. Pero como Hirsch resalta: «… no todas las características dependen del género […] y no toda comprensión verbal es variable. Interpretar es difícil pero no imposible” (N. del T.: Traducción libre, Validity in Interpretation. New Haven: Yale University Press, 1967, p. 77). Entonces se necesita el debate con un intérprete colega sobre cómo interpretar un texto, precisamente porque otra mente puede hacernos ver algunas de esas relativamente pocas características invariables de un pasaje que solo corresponderán a una única interpretación del mismo. En consecuencia, existen altas probabilidades de lograr una interpretación válida aunque no absolutamente certera y esto hace que la interpretación de textos bíblicos merezca la búsqueda de conocimientos como cualquier otro campo donde se puede conseguir un alto grado de probabilidad pero no la certeza absoluta.

V. Metodologías críticas

En el cierre de esta lección examinaremos las diferentes formas de tratar las preguntas y los problemas que los estudiantes e intérpretes modernos encuentran en la exégesis del texto bíblico. La variedad de métodos presentados simplemente dan fe de la riqueza y diversidad de los documentos bíblicos y estos métodos deben considerarse complementarios. No se debe pensar que con un solo procedimiento se agota el significado del pasaje sino que con ese método se trata una faceta en particular del pasaje.

Cada uno de los enfoques se considera un tipo de crítica. Crítica, como término amplio, abarca un número de técnicas que se emplean en el estudio de (entre otras cosas) documentos escritos con el objetivo de establecer, en la medida de lo posible, el texto original, las categorías literarias a las que pertenecen esos manuscritos, el estilo, el autor, la fecha, el propósito, etc. La crítica bíblica engloba diversas disciplinas críticas, sobre todo la crítica textual, la crítica de las fuentes, la crítica de las formas, la crítica de la redacción, la crítica histórica y la crítica canónica.

A. Crítica textual

Debido que se perdieron los autógrafos bíblicos o copias originales, es importante evaluar con cuidado los manuscritos que tenemos. Aunque generalmente se trata del trabajo de especialistas, todos los creyentes deberían estar un poco familiarizados con la crítica textual. La función y el objetivo de este análisis tiene una naturaleza doble: (1) reconstruir el fraseo original del texto bíblico, y (2) establecer la historia de la transmisión del texto a través de los siglos. Con el paso del tiempo, se han producido dos tipos de errores en los textos: involuntarios y voluntarios.

Entre los primeros tenemos: (1) Los errores de la vista. El copista a veces confundía letras mayúsculas parecidas. Homoioteleuton es un error por el que el escriba pasa de la primera a la segunda aparición cercana de una misma palabra o un mismo grupo de letras, salteando todo el texto que queda en el medio. Los errores de la vista también incluyen la transposición de letras, por la que se escribe otra palabra. (2) Los errores del lenguaje se producen por similitudes en la pronunciación. (3) Los errores de la mente son el resultado de malinterpretaciones u olvidos, entre ellos cambios del orden de las palabras y sustitución por sinónimos.

Los cambios voluntarios incluyen: (1) Las correcciones lingüísticas o retóricas, que indudablemente son de buena fe. (2) Las correcciones históricas que incluyen cambios introducidos para corregir un presunto error de hecho. (3) Las armonizaciones, que consisten en la aparente asimilación intencional de pasajes paralelos (por ejemplo, la asimilación del Padrenuestro en muchos de los manuscritos de Lucas 11:2-4 a la forma completa de Mateo 6:9-13). (4) Las correcciones doctrinales, que están entre los cambios deliberados menos frecuentes. (5) Las correcciones litúrgicas, que podrían haber sido introducidas en el texto debido al uso de un pasaje en la liturgia.

La crítica textual gradualmente desarrolló ciertos principios, basados en una clasificación y una comparación meticulosa de toda la evidencia escrita disponible, tanto externa (el valor de un manuscrito) como interna (la probabilidad intrínseca). La evidencia externa trata de determinar qué lectura se apoya en los testigos más confiables; los manuscritos o versiones griegas y las citas patrísticas. Muchos de los testigos pueden clasificarse en uno de los cuatro grupos o tipos de textos: alejandrino, de Cesarea, bizantino y occidental. Al examinar un gran número de variantes textuales, los eruditos pueden determinar la fiabilidad relativa de estos tipos textuales.

1. El texto alejandrino es uno de los nombres de lugares geográficos dado a los manuscritos del Nuevo Testamento que comparten algunas características textuales y que se piensa que provienen de un ancestro común originario de Alejandría, Egipto. También se los llama textos egipcios o más comúnmente, y quizás preferible, textos neutrales, denominados así por F. J. A. Hort (1882) por la teoría de que eran esencialmente representantes puros de los autógrafos del Nuevo Testamento. El testigo principal del texto neutral es el Códice Vaticano, manuscrito que data del cuarto siglo.

2. La teoría del texto de Cesarea como un tipo textual diferente fue propuesta por B. H. Streeter (1924). Se basa en el conocimiento de que en las dos partes de su comentario sobre Juan, Orígenes citó de manuscritos diferentes del Nuevo Testamento, el primero disponible mientras Orígenes estuvo en Alejandría y el último cuando estuvo en Cesarea. Streeter dedujo que existía un tipo textual distinto en Cesarea, que identificó como Códice Koridethi y dos familias de minúsculas (familias 1 y 13). Estudios recientes sobre la crítica textual parecen indicar sin embargo, que no hay testigos supuestamente del tipo de texto de Cesarea que difieran lo suficiente de los dos tipos textuales principales, el alejandrino y el occidental, como para garantizar una designación individual.

3. El bizantino o Antíoco se encuentra en muchos de los últimos manuscritos en mayúscula, en casi todos los manuscritos en minúscula y la mayoría de los últimos padres de la iglesia y las últimas versiones. Formó la base del Texto Receptus (texto recibido) y en consecuencia de la versión King James. Se caracteriza por clarificar las interpolaciones armonizantes y porque en general el dictado está suavizado.

4. El texto occidental es otro con nombre de lugar geográfico dado a los manuscritos del Nuevo Testamento que presentan características textuales similares. Principalmente están en los manuscritos greco-latinos bilingües, los manuscritos en latín antiguo y las citas de los padres latinos, todos relacionados con Italia, Galia y África. El término occidental solo es adecuado en parte (ya que algunos antiguos manuscritos siríacos y coptos tienen las mismas características textuales) y algunos eruditos lo reemplazan con la letra D, debido al testigo más importante, el Códice Bezae Cantabrigiensis.

El principio básico de evidencia interna es que la lectura de la cual más fácilmente podrían provenir las otras lecturas sea probablemente la lectura original. A continuación transcribimos las formulaciones tradicionales, de acuerdo con Richard Soulen en su Handbook of Biblical Criticism (Manual de crítica bíblica): (1) a menudo se prefiere la lectura más difícil, (2) es más probable que la lectura haya dado origen a la otra, (3) generalmente se prefiere la lectura más corta, (4) generalmente se prefiere la lectura característica del autor (N. del T.: Traducción libre, p. 195).

B. Crítica de las fuentes

Se puede lograr con mayor facilidad cuando una fuente de documentos ha sobrevivido junto al último trabajo librado sobre ella. En el Antiguo Testamento, el ejemplo más obvio es el de 1 y 2 Crónicas. Los libros de Samuel y Reyes fueron las fuentes principales del autor de Crónicas y como sobrevivieron se pueden lograr afirmaciones prácticamente definitivas sobre su uso de los mismos. En el Nuevo Testamento, generalmente se reconoce que el evangelio de Marcos fue una fuente principal para los otros dos Evangelios Sinópticos y como la fuente sobrevive junto a todos los trabajos que se hicieron sobre ella, podemos estudiar sin dificultad el uso que Mateo y Lucas hicieron del otro evangelio.

Cuando existen tradiciones paralelas, se siguen estos procedimientos de análisis: (1) observar la evidencia interna de los documentos (es decir, las áreas de superposición y los elementos que difieren en las distintas tradiciones), (2) observar cualquier evidencia externa relevante (por ejemplo, afirmaciones de los padres de la iglesia primitiva sobre la redacción de los Evangelios), y (3) proponer y verificar diferentes explicaciones posibles de la evidencia para comprender y simplificar. Por supuesto, cuando no sobrevivieron las fuentes, la crítica de las fuentes se vuelve una tarea mucho más especulativa.

C. Crítica de las formas

La crítica de las formas en el Nuevo Testamento tiene dos objetivos: (1) clasificar los libros de Nuevo Testamento de acuerdo a su género literario (Gattungsgeschichte en alemán), y (2) analizar las unidades más pequeñas de material tradicional de acuerdo al «tipo» o a la «forma» que tomó durante el período oral, pre-literario. La crítica de las formas se aplicó mucho a los Evangelios desde principios del siglo IXX en adelante.

Gene M. Tucker bosquejó los cuatro pasos más o menos tradicionales del método de la crítica de las formas: (1) Estructura: Análisis del esquema, patrón o bosquejo de un género dado; su introducción y conclusión (inclusio), las figuras convencionales (por ejemplo, paralelismo, quiasmo, etc.). (2) Género: definición y descripción de la unidad de acuerdo a su tipo. (3) Contexto: determinación de la situación social o el idioma que dieron origen al género, a otras características del texto o al texto individual en cuestión. (4) Intención: afirmación sobre el propósito y la función, el clima y el contenido del género en general y específicamente del ejemplo que se estudia (Form Criticism of the Old Testament, Philadelphia: Fortress Press, 1971).

D. Crítica de la redacción

¿En qué consiste? El término «redacción» en la crítica de los evangelios describe el trabajo editorial llevado a cabo por los evangelistas con sus fuentes cuando armaron los Evangelios. La crítica de la redacción es el estudio de los cambios observables introducidos por los autores del evangelio en el material tradicional que recibieron y usaron. En la exégesis bíblica, la crítica de la redacción se refiere a la etapa de interpretación cuyo enfoque principal es la forma escrita o composición final de un pasaje. Más específicamente, pertenece a la etapa final de la tradición, por decirlo de algún modo, que se cristalizó por escrito, y le pregunta al autor o al editor final qué quiso decir a través del pasaje en su forma final. La crítica de la redacción presupone los análisis y las perspectivas de la crítica textual y la crítica de las formas.

Por ejemplo, se pregunta: ¿Por qué Lucas altera la tradición de Marcos en cuanto a Juan el Bautista visto como Elías (comparar Mr. 6:14-16 con Lc. 9:7-9; Mr. 6:17-29 y 9:9-13 no están en Lucas)? ¿Por qué Lucas presenta a Satanás al comienzo y al final del ministerio de Jesús y no en el transcurso del mismo (Lc. 4:1-13; 22:3, comparar Mr. 8:31-33 con Lc. 9:21-22)? Al responder estas preguntas y muchas otras preguntas similares, los críticos de la redacción han logrado devolver a los autores de los Sinópticos el lugar que les corresponde como los teólogos de la iglesia primitiva. Fueron, según los eruditos, los «primeros exégetas» de la tradición cristiana, no solamente sus primeros editores.

E. Crítica histórica

Es el estudio de cualquier narrativa que trata de transmitir información histórica para determinar qué sucedió realmente. La frase «qué sucedió realmente» de ningún modo está exenta de dificultades de interpretación, pero en este debate para nosotros será suficiente un análisis desde el sentido común.

El objetivo de la crítica histórica es escribir una narrativa cronológica de los eventos pertinentes para revelar cuál es la naturaleza posible de los sucesos y como se conectan entre sí. La crítica histórica de los documentos avanza en base a dos suposiciones o perspectivas relacionadas que se pueden designar en los aspectos históricos internos y externos de un documento. Los aspectos históricos internos de un documento se relacionan con las dimensiones históricas y culturales descriptas o detalladas en los textos. Los aspectos históricos externos tienen que ver con el contexto histórico, cultural y biográfico de un escrito.

F. Crítica canónica

La crítica canónica determina qué libros bíblicos pertenecen al canon; es decir, cuáles son manuscritos fidedignos de las comunidades judía y cristiana. También presume que las convicciones teológicas guiaron a quienes compilaron esos libros. Entonces, trata de descubrir su significado teológico analizando su forma canónica: el diseño editorial de su forma actual.

Al principio, debido a los extensos trabajos del profesor de Yale Brevard Childs, la crítica canónica trata de ir más allá de la crítica de las fuentes, la crítica de las formas y la crítica de la redacción, para interpretar los textos bíblicos en su «forma canónica», o sea, su forma actual (Introduction to the Old Testament as Scripture, Philadelphia: Fortress Press, 1979). Según Childs, esta forma final tiene un significado especial porque (1) por si misma exhibe toda la historia de la revelación atestiguada por la Escritura; (2) en ella la comunidad ejercitó su juicio crítico sobre las tradiciones recibidas y en consecuencia las modificó; (3) al mostrar cómo el texto fue actualizado por las generaciones que no estuvieron en el evento original y en la composición de los manuscritos, la forma canónica puede constituir una clave hermenéutica en cuanto a cómo actualizamos el texto en nuestros días.

VI. Conclusión: Análisis y síntesis

Se puede decir que la tarea exegética se clasifica en dos etapas bastante bien definidas: el análisis y la síntesis. Cuando el intérprete comienza la exégesis, examinar diferentes aspectos del pasaje, si son textuales, históricos o lo que fuere, servirá para desglosar el fragmento en las partes y los problemas que lo componen y examinarlos como unidades y temas diferentes. Estas tareas analíticas independientes generalmente se superponen porque cada una delatará a la siguiente.

Cuando se hace el análisis, el intérprete irá comprendiendo cada vez más el pasaje y sentará las bases de la síntesis. Aquí síntesis es el proceso por el que el intérprete vuelve a «armar» el texto. La tarea ahora consiste en relacionar todas las investigaciones analíticas preliminares, comparando la importancia de cada una y decidiendo cuál contribuirá con la interpretación general del texto en cuestión.

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