Conferencia

I. Introducción a la vida de Cristo

En esta lección, ya estamos listos para comenzar a investigar la vida del Señor, reuniendo toda la información que encontramos en los cuatro evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Es importante tener presente lo que resaltamos en las dos últimas lecciones; que a medida que leemos cualquier relato bíblico de cualquier evangelio, necesitamos tener en cuenta el contexto histórico más amplio con las inquietudes características del autor del evangelio que estemos analizando en ese momento. Sin embargo, en una serie de estudios como este, también es útil combinar la información para armar de la mejor manera posible una secuencia cronológica de los sucesos de la vida de Jesús que narran los cuatro evangelios.

II. Información cronológica

Obviamente tenemos que comenzar dando un panorama cronológico. A muchas personas les podría sorprender que los eruditos coincidan en que Jesús no nació después del año que hoy sería el 4 a.C. ¿Cómo puede ser que el Señor haya nacido cuatro años «antes de Cristo»? Por supuesto, la respuesta es que en esa época nadie usaba los términos d.C. ni a.C. Si fuéramos romanos, aproximadamente el primer año de lo que llamamos d.C. habría sido el 754 del calendario romano; es decir, 754 años a partir de la fecha en que creían que fue fundada la ciudad (y luego el Imperio de Roma).

A. Fecha del nacimiento de Cristo

Si fuéramos judíos, calcularíamos el año a partir de la fecha en que creemos que se creó el mundo. Recién en la década del 500 un monje católico y especialista en cronografía llamado Dionisio Exiguo trató de volver a calcular los sucesos del comienzo de la era cristiana y propuso la fecha que finalmente se convirtió en la base para calcular de nuevo el calendario que se acepta casi universalmente en todo el mundo. Este calendario parte del año que en aquella época pensaban que nació Cristo. Desafortunadamente Dionisio no tenía acceso a cierta información histórica que podría haber usado.

A partir de los escritos de Josefo (conservados desde el primer siglo), posteriormente se descubrió que, de acuerdo con las fechas de ese historiador, Herodes el Grande, líder y gobernador de Galilea y Judea (pertenecientes a Israel en la época en que nació Jesús), realmente murió en el año que ahora consideramos 4 a.C. Entonces, como el niño Jesús estaba vivo y quizás hasta haya tenido dos años de edad durante la vida del monarca, el nacimiento debe fecharse antes. Digo hasta dos años de edad porque en Mateo leemos que Herodes el Grande hizo masacrar a todos los bebés de hasta esa edad de Belén y lugares aledaños. A menos que este fuera solo un caso de matanza exagerada y masiva (perdón por la broma de mal gusto) podría ser que Herodes supiera que habían pasado casi dos años desde que naciera este niño aparentemente heredero de la corona. Entonces podemos fechar la llegada de Cristo en algún momento entre 6 y 4 a.C.

B. Fecha de la infancia y del ministerio de Cristo

El único otro evento que los evangelios describieron en relación a la infancia de Cristo es su enseñanza en el templo a los doce años, que entonces sería a grandes rasgos en 7 d.C. Luego saltamos inmediatamente a su ministerio de adulto. Aquí tenemos información que no se puede armonizar completamente, al menos en base a las fuentes que tenemos disponibles en la actualidad. Lucas 3:1 dice que Jesús comenzó su ministerio cuando Juan el Bautista también ejercía el suyo; en el décimo quinto año del Imperio de Tiberio. Desafortunadamente, Tiberio comenzó a reinar conjuntamente con su predecesor Augusto aproximadamente en 12 d.C., y por su cuenta aproximadamente en 14 o 15 d.C. Entonces no estamos completamente seguros en qué año comenzar; o el dato de Lucas no es preciso, porque dice que Jesús tenía unos 30 años de edad.

Otro versículo relevante es Juan 2:20, que ubica a Jesús a principios de su ministerio en una Pascua en Jerusalén cuarenta y seis años después de que Herodes el Grande ordenara que se reconstruyera el templo. De acuerdo con la información de Josefo, sería aproximadamente en el 19 o 20 d.C. Este dato nos ubica alrededor del año 28 d.C. Entonces una especulación bastante acertada ubicaría el ministerio de Jesús en el 27 o 28 d.C., después de alguna época en la que quizás fuera seguidor de Juan el Bautista por un período corto de tiempo.

Tampoco hay seguridad en cuando a la fecha de la crucifixión, porque una Pascua que cayera viernes se dio en los años 30 y 33. Cuando tratamos de juntar la información de Hechos y la cronología cristiana posterior, ambas fechas podrían ser posibles, aunque la última (año 33) quizás aglomera toda la cantidad de información que aquí tenemos que incluir en forma reducida.

Entonces, es justo decir que los eruditos están bastante divididos entre los años 30 y 33 para ubicar la crucifixión, aunque quizás exista una leve inclinación de la balanza a favor de la fecha más temprana, el año 30 d.C.

Eso también encaja con la información del evangelio de Juan: es el único que dice que Jesús entró a Jerusalén para Pascua varias veces, y a partir de ese evangelio podemos deducir que el ministerio de Cristo duró un período de tiempo de un poco más o un poco menos de tres años. Más allá de estas cifras aproximadas, es difícil acomodar todo el material de los evangelios en una, y solo una, cronología exacta. Pero como se han escrito armonías de los evangelios, no es que la información sea totalmente contradictoria. En realidad, existen varias maneras de juntar los datos y los mismos evangelios algunas veces agrupan el material por tema y otras cronológicamente. Aparentemente no les importaba, como a muchos historiadores de la antigüedad, la precisión de la cronología que les preocupa tanto a las personas en la actualidad.

C. Bosquejo cronológico del ministerio de Jesús

Entonces, simplemente seguiremos esta cronología aproximada de la vida de Cristo y hablaremos de las etapas más importantes de su ministerio a medida que avanzamos. Una forma muy popular de dividir el ministerio de Jesús en tres etapas, cada una de prácticamente un año de duración, es hacerlo de la siguiente manera: del primer año existe poca información (el evangelio de Juan es el que brinda más datos sobre este periodo, y volveremos allí en nuestra próxima lección); un año de mucha popularidad que abarca principalmente el ministerio en Galilea; y luego el año que finaliza con la crucifixión en la fiesta de Pascua en primavera, un lapso que podemos describir como el año del rechazo. Entonces, volvamos al comienzo y por el resto de esta lección y varias lecciones siguientes avancemos más o menos secuencialmente por las etapas más importantes de la vida del Salvador, resaltando los sucesos de cada una, los temas interpretativos claves y los énfasis teológicos que encontramos en los cuatro evangelios.

III. El nacimiento y la infancia de Jesús

Dos evangelios describen el nacimiento y la infancia de Jesús: Mateo y Lucas. Cada uno dedica dos capítulos a este tema. Pero ambos difieren bastante en la información que brindan en cuanto a los eventos que rodean estos sucesos.

A. Mateo y Lucas: dos genealogías diferentes

En el evangelio de Mateo, el autor comienza con la genealogía; Lucas también incluye una, pero lo hace después, en el capítulo tres, y no todos los nombres coinciden. Las dos explicaciones más populares o armonizaciones de este fenómeno dicen que Mateo se preocupa por los ancestros de Jesús por parte de su padre adoptivo, José, mientras que Lucas se ocupa de la genealogía de María, su madre humana y biológica. Otra posibilidad que algunos sugieren es que Mateo presente la genealogía legal de Jesús mientras que Lucas describa la humana pero ambas a través de la línea del padre adoptivo José, de quien recibe su herencia real y por lo tanto sus credenciales mesiánicas.

B. Relato de Mateo

En cualquier caso, Mateo está muy interesado en vincular a Jesús con el Antiguo Testamento. Una manera de explicar el material que elige en los capítulos 1 y 2 es decir que se ocupa de «el quién» y «el dónde» del nacimiento del Maestro. En la genealogía, resalta que Jesús es hijo de Abraham y de David y luego en las secciones en prosa que quedan del capítulo 1 lo describe como Emanuel, «Dios con nosotros»; el que cumplió completamente la profecía de Isaías sobre aquel que sería concebido y nacería de una virgen. El capítulo 2 continúa con otros cumplimientos de la profecía, todos ellos relacionados con diferentes ubicaciones geográficas del nacimiento de Jesús y los sucesos que lo rodean: Belén (2:1-12); Egipto, hacia donde huyó la familia santa en 2:13-15; Ramá, en los alrededores de Belén (2:16-21); y finalmente Nazaret en los últimos dos versículos del capítulo.

Mateo está interesado en «el quién» y «el dónde» del nacimiento del Maestro, y quiere mostrar cinco formas diferentes, una en el capítulo 1 y cuatro en el capítulo 2, en que Jesús cumple la profecía del Antiguo Testamento. A veces se trata de predicciones explícitas que se cumplieron, como la profecía de Miqueas de que el Mesías nacería en Belén. En otros casos, Mateo emplea la antigua práctica judía común de la tipología; tomar un pasaje que no necesariamente es una predicción sino una referencia a algún aspecto importante de la actividad redentora de Dios de la época del Antiguo Testamento. Un claro ejemplo es cuando Mateo cita a Oseas 11:1: «… de Egipto llamé a mi hijo». En el contexto del profeta no se trata de ningún tipo de predicción sino una referencia en retrospectiva al pueblo elegido de Dios, que en conjunto eran su hijo, cuando fue liberado de Egipto en la época del Éxodo. Pero Mateo descubre que no es una mera coincidencia sino parte del plan divino que Jesús, el libertador supremo y absoluto del pueblo de Dios también huyera hacia Egipto y volviera de allí aunque fuera de bebé.

Entonces esta es otra manera en que Mateo, desde una perspectiva típicamente judía, cree que se cumple la profecía, o, como podríamos traducirlo hoy, se «completa». Muchas otras profecías de estos capítulos y otros de los Evangelios quizás se pueden explicar mejor si las vemos como una combinación de elementos predictivos y tipológicos. Mucha controversia, parte de la cual probablemente sea innecesaria, ha rodeado la famosa profecía de Isaías sobre la virgen que concebiría y daría a luz un hijo (Is. 7:14). En el contexto es claro que el hijo se refiere a alguien que vivía en la época del profeta, porque el texto sigue diciendo que antes de que el niño creciera lo suficiente como para diferenciar el bien del mal, los dos reyes que temía Israel ya no lo atemorizarían. Pero la joven no era estrictamente una virgen en esa época y Mateo ve que esa profecía no se cumplió por completo durante la vida de Isaías. Cree que existe un cumplimiento más completo en la persona misma de Jesús que nació de María sin la participación de un padre biológico.

Aquí quizás podamos hablar de cumplimientos múltiples o algunos dirían que es una superposición profética, como cuando, al mirar una cadena montañosa desde el frente, a menudo no podemos ver todos los picos que se esconden detrás de otros. Todas estas eran técnicas judías comúnmente comprendidas y aceptadas para dar una profecía e interpretar su cumplimiento, y la audiencia judía habría estado convencida de que Mateo recalcaba que en realidad aquí sucedía algo sobrenatural, algo diseñado por Dios. Si comparamos los dos capítulos de introducción de Mateo con los dos capítulos de Lucas observamos que están los mismos personajes principales, los mismos eventos principales pero los detalles que los complementan son bastante diferentes.

C. El relato de Lucas

Lucas organiza el contenido de los capítulos 1 y 2 para describir los eventos que desencadenaron los nacimientos de dos personajes principales: Juan el Bautista, el que sería el precursor de Jesús, y luego Jesús mismo. Entonces, un breve esquema de estos dos capítulos del evangelio de Lucas después del prefacio quedaría así: 1:5-25 predicción del nacimiento de Juan el Bautista; 1:26-38 predicción del nacimiento de Jesús; 1:39-56 visitas de las dos futuras madres, cada una de las cuales había recibido la profecía, de manera que se empiezan a entrelazar las vidas de los niños; 1:57-80 nacimiento de Juan el Bautista; 2:1-40 detallado nacimiento de Jesús, y luego un suceso exclusivo de la niñez de Jesús; la enseñanza en el templo a los 12 años en 2:41-52.

Es interesante resaltar tanto semejanzas como diferencias entre los sucesos que rodean el nacimiento de estos dos personajes. En el caso de Juan el Bautista y Jesús, Lucas describe algunos paralelismos: ambos nacieron de padres piadosos; fueron concebidos milagrosamente; fueron anunciados por ángeles y se dijo que tendrían importancia profética y redentora en el futuro; la incredulidad inicial fue seguida por la aceptación y la alabanza a Dios. En realidad, una de las cosas que resalta en Lucas 1 y 2 es la cantidad de veces que aparece lenguaje poético en los labios de Jesús, los padres de Juan o los profetas ancianos del templo; Simeón y Ana.

Algunos consideran que prácticamente eran himnos en sí mismos, muy común en el judaísmo antiguo; cantos de alabanza a Dios por lo que haría a través de los dos niños. E inclusive, en las ramas más litúrgicas de la iglesia muchas de estas oraciones y alabanzas han cobrado gran importancia en la historia cristiana. Sin duda el más famoso es el cántico de María conocido como Magnificat, traducción de la primera palabra en latín de dicho himno. A pesar de estas semejanzas existen diferencias obviamente claras: Juan simplemente sería un precursor que prepararía el camino antes de Jesús; Juan fue concebido sobrenaturalmente por alguien estéril pero Jesús fue concebido más milagrosamente por alguien que no había conocido sexualmente a ningún hombre; y hasta la atención que atrae Jesús deja en claro que Él es el centro de estos dos capítulos y el que celebraron los ángeles en 2:11: «porque os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor».

El otro detalle que Lucas incluye al final de estos dos capítulos es el famoso incidente del Señor que asombra a los maestros del templo con su sabiduría y sus preguntas y respuestas a la edad en que un muchacho judío recién habría madurado y habría aceptado el yugo de los mandamientos, lo que todavía en la actualidad se celebra como la ceremonia de Bar Mitzvah. Y sin embargo resulta interesante que aparte de este incidente los evangelios no nos cuentan nada de la juventud de Jesús, su infancia, su adolescencia y ni siquiera de su adultez temprana. Suponemos que trabajó como aprendiz de su padre José y al final, quizás, como socio en su carpintería. Pero a diferencia de los evangelios apócrifos, que tratan de festejar, magnificar y glorificar al niño Jesús atribuyéndole todo tipo de proezas prodigiosas y milagrosas, aparentemente su infancia en los demás aspectos fue relativamente normal.

Era un niño judío obediente, pero no alguien que sorprendía a las masas con los tipos de milagros que haría luego. Lucas lo confirma en el versículo final de sus capítulos de introducción, Lucas 2:52, que dice que después de que Jesús volvió con sus padres a Nazaret crecía en sabiduría y estatura, y en gracia para con Dios y con los hombres; las cuatro formas en que crecen naturalmente todos los niños: intelectual, física, espiritual y socialmente.

D. Comparación de los relatos de Mateo y Lucas

Entonces, Mateo y Lucas, cada uno a su manera, tiene temas claves en común: Jesús es el que será la esperanza de Israel y el cumplimiento del Antiguo Testamento pero también será quien extienda las bendiciones divinas a los gentiles y a otros que son discriminados. Mateo en particular enfatiza que Jesús es el Rey legítimo, en contraste con Herodes el usurpador, a pesar de los intentos de este de exterminar al pequeño niño Jesús. Por su parte, Lucas enfatiza más la universalidad de Jesús, su venida como Salvador y Señor, y en los himnos de alabanza que cantan los personajes en los capítulos del comienzo, el hecho de que traerá libertad espiritual y socio-económica, invirtiendo los parámetros y las creencias del mundo. Entonces ahora, los evangelios avanzan al comienzo del ministerio adulto de Cristo, cuando su vida nuevamente se entrecruza con Juan el Bautista y culmina cuando este bautiza a Jesús, preparando el escenario para la fase más pública de su vida de unos tres años de duración.

IV. Juan el Bautista

Los cuatro evangelios en realidad nos presentan a Juan el Bautista, que junto al mismo Jesús aparentemente es el personaje más importante de cualquier Evangelio, al menos en términos de la cantidad de texto que se le dedica. Se lo describe como profeta, un profeta que recuerda particularmente a Elías debido a la vestimenta, la ubicación, el ministerio en el desierto, el discurso y a veces un severo mensaje de juicio. Ese mensaje, en realidad, está resumido en Marcos y Mateo como un llamado al arrepentimiento y al bautismo para perdón de los pecados.

El arrepentimiento en el contexto judío significaba un cambio de conducta y de corazón, y que un judío llamara a otros judíos a tal contrición radical y cambio ante Dios no tenía precedentes, al menos desde la edad de los grandes profetas que habían sido portadores del juicio de Dios por deslealtad contra la mayoría de los hijos de Israel. También instó a la gente a que ante todo se bautizara en el Jordán. El bautismo era conocido por los rituales que practicaban los esenios en Qumram y aunque no tenemos la seguridad de cuándo comenzó, la práctica judía del bautismo proselitista de pedir a los gentiles que se convertían al judaísmo parece haber sido otro precedente del llamado y del ministerio de Juan.

Pero lo que era exclusivo es que este llamado fuera para que todos los judíos, hasta los que parecían haber sido fieles, cumplidores de la ley, cumplieran con el ritual como si no estuvieran bien con Dios. Juan también habla de un bautismo en Espíritu y fuego que tendrían los que siguieran a Dios, aparentemente una referencia a los elementos de limpieza y juicio simultáneos pertenecientes al ministerio de Jesús dependiendo de cómo respondiera la gente. Jesús aparece en los Evangelios en un cuadro como si fuera un seguidor de Juan; en realidad, Jesús viene para que Juan lo bautice. Pero el evangelio de Mateo en particular deja en claro que el Señor no se bautiza porque tenga pecados, como explica en 3:15 sino «porque es conveniente que cumplamos así toda justicia». En otras palabras, pone su sello divino de aprobación en el ministerio de Juan.

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