Conferencia

I. Introducción al ministerio de Galilea – Parte 2

En nuestra última lección analizamos la fase inicial o el período de popularidad de Jesús, lo que algunos llaman el espectacular ministerio en Galilea. En esta lección queremos enfocarnos en la segunda mitad del ministerio. Continuamos con el esquema básico del evangelio de Marcos, que no siempre escribe en orden estrictamente cronológico si lo comparamos con los evangelios paralelos de Mateo y Lucas. Nos introduce a todos los temas y géneros literarios más importantes usados por los autores de los evangelios para resumir esta etapa de la vida de Jesús.

II. Los milagros en la naturaleza

Vimos que en el capítulo 1, Marcos nos introduce a un ejemplo de los milagros de Jesús. Al final de Marcos 4, desde el versículo 35 y continuando hasta bien avanzado el capítulo 6, tenemos otro grupo de milagros del ministerio de Jesús en Galilea: esta vez, en muchas ocasiones, lo que los eruditos a menudo llaman los milagros en la naturaleza; son los que demuestran, de manera más contundente que ninguno, el poder sobrenatural excepcional que Jesús, completamente humano y completamente Dios, pudo usar cuando fue la voluntad del Padre.

A. Jesús calma la tormenta

Marcos 4:35-41 describe el famoso milagro de Jesús cuando calma la tormenta del mar de Galilea; y es importante leer este pasaje con cuidado, porque innumerables generaciones de predicadores han tratado de aplicarlo centrándose no en el elemento sobrenatural sino en las formas en que Jesús «calma las tormentas de nuestras vidas». Desafortunadamente, como muchos de nosotros sabemos bien, Dios a veces nos deja en medio de otros tipos de tormentas y este milagro no tiene el objetivo principal de prometernos el alivio automático de todas nuestras dificultades. En cambio, si leemos detenidamente como lo narra el autor vemos que llevó a los discípulos a que preguntaran: «¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?». En resumen, para los autores de los evangelios, este milagro, al igual que los que veremos en esta parte del ministerio del Señor, fue diseñado para plantear la pregunta de quién era Jesús, para llevar a las personas a creer en Él como el Cristo, como Dios hecho hombre. Puede implicar que calme o no las tormentas de nuestras vidas, pero con claridad hace referencia a Job y los Salmos, donde Dios domina el viento y las olas, y muestra su señorío sobre el mar y las fuerzas cósmicas.

B. El poder sobre lo demoníaco

Este tema continúa en Marcos 5 y en los pasajes paralelos con otro exorcismo espectacular: la liberación del endemoniado gadareno. Jesús saca los demonios del hombre atormentado y los deja entrar en los cerdos que posteriormente se arrojan por un despeñadero para ahogarse en el mar de Galilea. Aquí tenemos que analizarlo desde el punto de vista judío y hasta rearmar la comedia; a este relato lo escucharía una audiencia judía del primer siglo. Los cerdos eran los animales más inmundos y no se los debía criar para comerlos, como aparentemente hacían estos criadores. No es un milagro de destrucción de vidas humanas sino simplemente de animales. Aunque la pérdida pudo haber sido trágica para los dueños, cumple completamente con lo que el judío de la época habría considerado que se ajustaba al diseño de Dios. Sin embargo volvemos a resaltar que la parte importante de esta historia no es en lo que a veces nos enfocamos cuando nos ocupamos de los derechos de los animales o cosas similares, sino que destaca quién es Jesús y los poderes naturales que tiene. La reacción de los lugareños que caen ante Jesús, como ya había hecho Pedro después de otro milagro anterior junto al mar de Galilea (Lc. 5:1-11) cuando le dijo: «Apártate de mí, Señor», demuestra que reconocen su falta de dignidad para estar en la presencia de alguien tan poderoso y tan santo.

C. Poder sobre la enfermedad y la muerte

Jesús demuestra entonces que tiene poder sobre los desastres naturales y sobre lo demoníaco. A medida que avanzamos a la última parte de Marcos 5, desde el versículo 21 descubrimos que también tiene poder sobre la enfermedad y la muerte. Las historias idénticas, narradas juntas por su relación cronológica; la de la mujer con el flujo de sangre (hoy diríamos que tenía hemorragia) que sanó y la hija de Jairo que resucitó. El elemento interesante, además del hecho de que aquí encontramos el primero de varios milagros que demuestran la habilidad de Jesús de devolver la vida, de traer personas de la muerte, es la afirmación doble de que la fe fue parte del proceso de sanidad de estos dos individuos y sus seres amados. Es interesante estudiar lo que los autores de los evangelios tuvieron que enseñar sobre la relación de la fe y los milagros, especialmente a la luz de la diversidad y hasta la confusión de las enseñanzas sobre este tema entre los seguidores actuales de Cristo.

Si leemos los cuatro pasajes del evangelio de Marcos, incluyendo Marcos 6:6 que dice que Jesús pudo hacer pocos milagros en Nazaret por su incredulidad, podemos ver claramente modelos o ilustraciones de la importancia de la fe como un prerrequisito para que Dios obre un milagro. La mujer sanada del flujo de sangre, la hija de Jairo que resucitó y la incredulidad de Nazaret ilustran, al igual que otros pasajes, que Dios elije obrar a través del poder de la fe humana para hacer milagros. Sin duda, una razón por la que no vemos más milagros es que no siempre tenemos la fe suficiente. Pero ese principio no puede considerarse el único, ni siquiera la enseñanza principal de los Evangelios sobre la relación entre la fe y los milagros. En el caso de la tormenta que se calmó, más bien leemos que los milagros se produjeron donde hubo poca fe o incredulidad absoluta precisamente para tratar de inspirarla. Si recordamos los milagros que estudiamos en la lección anterior, del agua que se convirtió en vino (Jn. 2) y el hijo del oficial que fue sanado (Jn. 4), Juan de nuevo afirma explícitamente que esos milagros pretendían lograr que creyeran quienes los vieran; en una ocasión los discípulos y en la otra los que no conocían nada del ministerio de Jesús. Dios puede hacer milagros en la incredulidad absoluta y no debemos atrevernos a suponer que existe una relación proporcional entre la fe y la capacidad divina de hacer algo sobrenatural.

D. Alimentación de los cinco mil

Volviendo al esquema de Marcos y avanzando con su serie de milagros en la naturaleza llegamos al capítulo 6 y la alimentación de los cinco mil. Aquí entra en juego otro motivo que es clave en varios de los milagros de Jesús en todos los Evangelios, y simplemente se trata de la compasión por la necesidad humana. Acá no se dice nada de que Jesús intentara infundir fe o responder a ella, sino que ve estas multitudes con hambre. Pero también el evangelio de Marcos nos dice que son como ovejas sin pastor; es decir, los líderes religiosos que deberían haber pastoreado bien al rebaño de israelitas no estaban cumpliendo sus funciones como correspondía. Entonces, una vez más, independientemente de lo que esta historia enseñe sobre la fe o sobre la compasión de Dios o su habilidad para suplir la necesidad humana, el centro de atención principal vuelve a ser cristológico, es decir, plantea la cuestión de la identidad de Jesús. Juan lo enfatiza claramente en su relato. En realidad, éste es el único milagro de Jesús que aparece en los cuatro evangelios; evidentemente debe ser un milagro extremadamente importante.

Solo Juan cuenta que después de la alimentación Jesús cruza nuevamente el mar y predica en la sinagoga de Capernaum un sermón o discurso en el que dice que Él es el pan de vida. Así como proveyó para las necesidades físicas de las personas en el desierto, será el sustento espiritual de quienes creen en Él. Ni siquiera en las versiones de Mateo, Marcos y Lucas están ausentes estos trasfondos cristológicos. Estos autores explican algunos otros detalles secundarios y algo curiosos de la narrativa. Además de mostrar implícitamente que Jesús es lo opuesto de los pastores que no cumplen sus funciones (Marcos 6:34 alude a una profecía similar de la época de Ezequiel 34:5 en la que el pastor es quien redimirá a Israel), el pan en el desierto evoca recuerdos en la mente de cualquier judío piadoso del milagro de Moisés cuando dio maná en el desierto y las profecías de que el profeta mesiánico sería como ese líder según Deuteronomio 18:15-18. El hecho de que hubiera canastas llenas, y en el caso de la alimentación de los cinco mil, doce canastas, vuelve a aludir a la historia de las doce tribus de Israel errantes por el desierto, y el maná y las codornices (más de lo que cualquiera podría comer, especialmente cuando se quejaron por falta de provisiones).

E. Jesús camina sobre el mar

El enfoque cristológico perdura hasta el último milagro en la naturaleza de esta fase del evangelio de Marcos; los últimos versículos, casi al final, Marcos 6:45-52 y los pasajes paralelos en los que Jesús camina sobre el mar. Pero nuevamente esta no es simplemente una forma conveniente de cruzar el mar rápido porque los discípulos ya habían partido en el bote. En cambio, Jesús auto revelaba su deidad a sus seguidores con las palabras: «¡Tened ánimo: Yo soy», (la última parte de esa expresión traducida literalmente son las mismas palabras de la traducción al griego de Éxodo 3:14, el nombre divino de Jehová mismo; «Yo soy el que soy») y cuando Marcos 6:48 dice que Jesús quería adelantarse a los discípulos probablemente no implicaba que esperaba que no lo vieran sino que usa el mismo verbo que aparece en el relato de Moisés cuando ve que Dios pasa sobre él en el monte Sinaí en Éxodo 33. En otras palabras, Dios se revelaba a sí mismo: es lo que los eruditos llaman una teofanía, una revelación de Dios en la persona de Jesús.

F. El propósito de los milagros

Entonces, si tuviéramos que resumir lo que aprendimos del objetivo de los milagros de Jesús, especialmente estos milagros más espectaculares en la naturaleza, podríamos decir que tienen un propósito probatorio para resaltar quién es Jesús y brindar la evidencia pertinente; un propósito evangelístico para llamar a las personas a tener fe y ser discípulos de Jesús; un propósito empático, o sea la simple compasión por la necesidad humana; y probablemente el más importante de todos, aunque el que menos se comprende o se tiene en cuenta, un propósito escatológico. Como aparece con más claridad si volvemos al debate entre Jesús y los líderes judíos en el contexto de sus exorcismos: «si yo por el Espíritu de Dios echo fuera a los demonios» o como lo dice otro autor de los evangelios «por el dedo de Dios», «ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios». Quizás el propósito de los milagros, más que cualquier otro, sea demostrar que el reino de Dios está irrumpiendo en la historia humana en una nueva fase decisiva y culminante. Pero más allá de eso debemos tener cuidado de no suponer ningún patrón sistemático sobre cuándo Dios hará un milagro o cuándo no lo hará, no sea que limitemos su soberanía en el proceso. Con la conclusión sobre nuestro estudio de los milagros de Jesús en la naturaleza volvemos a un punto de inflexión en las narraciones de los Evangelios Sinópticos.

III. Jesús se retira de Galilea

A. El comienzo del fin

La etapa de popularidad de Jesús atrae multitudes tan numerosas que el Señor tiene que correr de un territorio a otro para escaparse y ni siquiera así parece lograrlo. Como resultado de eso, pero también debido a eso, la cuestión de su identidad, la frescura de su ministerio en comparación con los líderes judíos, está cobrando cada vez más notoriedad. Jesús se prepara para una etapa que los estudiantes de la vida de Cristo a menudo describen como la retirada de Galilea. Si seguimos con el esquema de Marcos, al comenzar con Marcos 7 leemos una historia que todavía ocurre en Galilea, se trata de otro conflicto con los líderes, pero prepara el camino para la retirada. Podríamos decir que es la retirada teológica o ideológica de Jesús de Galilea; se centra más definidamente que nunca en la disputa con los líderes judíos y las tradiciones de los ancianos, particularmente las leyes orales de los fariseos. Es un debate que versa sobre las leyes de pureza; qué cosas contaminan a una persona y cuáles no, y está en el contexto de cuando estos líderes vienen a los discípulos de Jesús y se quejan porque el Señor no sigue el ceremonial del lavado de las manos antes de comer. No acusan a Jesús de transgredir ninguna ley del Antiguo Testamento (no hay evidencias de que Jesús lo haya hecho mientras estuvo en la tierra ni de que aliente a nadie a que lo haga) sino que el conflicto se produce con las tradiciones orales. El tema de la pureza lleva a Jesús a plantear una segunda pregunta en su respuesta: cómo es que los fariseos a menudo dejan de lado las leyes escritas del Antiguo Testamento para cumplir con las tradiciones que añadieron al interpretar la Escrituras Hebreas.

Alude a la práctica conocida como corbán, palabra griega que se refiere a una ofrenda para Dios exclusiva para ser usada en el templo, normalmente una ofrenda económica. Pero lo paradójico de la tradición oral judía era que mientras el dador de esta ofrenda estuviera vivo podía extraer de este dinero y sus ganancias para lo que quisiera pero no podía usarla para ayudar a nadie más, ni siquiera como en el caso que menciona Jesús, de un familiar anciano que atravesara quizás una necesidad grave. Estas incongruencias entonces llevan al Maestro a desafiar las leyes orales de los judíos en un sentido más general que simplemente el tema de la pureza con que comenzó el debate. Cuando llegamos al final de la historia, especialmente en Marcos 7:19, Jesús acaba de contar una parábola breve que dice que no es lo que entra en un hombre, como la comida, lo que lo contamina sino lo que sale de él. Marcos, como narrador del relato, añade en un comentario entre paréntesis: «esto decía, haciendo limpios todos los alimentos». Probablemente no debe ser algo de lo que se dieran cuenta los discípulos mientras Jesús estuvo vivo y escucharon esto, ya que Hechos 10 tendrá que describir una visión sobrenatural del cielo que se repite tres veces antes de que el apóstol Pedro llegue a la conclusión de que no hay alimentos inmundos en la era del nuevo pacto que Jesús inauguró. Quizá se trate de la reflexión de Marcos sobre el incidente de Pedro, como secretario o recopilador de sus memorias, lo que permite que el autor añada este comentario aquí, pero claramente muestra que la iglesia cristiana durante la época de la redacción del Evangelio había llegado a la conclusión de que Jesús era mucho más que simplemente un judío piadoso. La revelación de Dios que pone de manifiesto, en ciertas formas hasta podría superar o completar las leyes divinas de maneras que significarían que los seguidores de Cristo ya no seguirían esas leyes ni las aplicarían literalmente como habían hecho antes los judíos.

B. Sirofenicia

Con este fundamento teológico para la retirada de Jesús de Israel podemos localizar el resto de Marcos 7 y gran parte del capítulo 8 donde Jesús geográficamente parte del territorio de Israel; Galilea, Samaria y Judea, ciudades que formaban el corazón de la nación judía en el primer siglo. Marcos 7:24-30 lo ubica en el noroeste, en el territorio de Sirofenicia, exorcizando a la hija de una mujer de ese lugar, y aunque en una lección anterior mencionamos que con lenguaje enigmático aparentemente Jesús reprende a esta mujer por ser gentil, al final le concede su pedido y elogia su gran fe. Quizás la había estado probando. En cualquier caso, la historia termina cuando una mujer gentil y su hija reciben la bendición de Jesús, su ministerio de obrar milagros, cada migaja como había sucedido con muchos de los judíos anteriormente.

C. El área de Decápolis

Marcos 7:31-37 y los pasajes paralelos avanzan hacia el este de Galilea a la región de Decápolis, donde Jesús sana a un sordo mudo (nuevamente suponemos, con razón, que era gentil); y el término usado para describir la discapacidad de este hombre aparece solamente en las Escrituras en Griego en Isaías 35:6. Volvemos a ver un modelo de las bendiciones escatológicas profetizadas en Isaías que llegan a los gentiles igual que a los judíos. La alimentación de los cuatro mil con la que comienza el capítulo 8 de Marcos repite hasta detalles ínfimos del mismo milagro con los cinco mil pero esta vez en territorio gentil, lo que sugiere que Dios, a través de Jesús, es señor de ambos tipos de personas. Ahora las canastas de sobras son siete, el número universal de la Escritura para referirse a la humanidad y no a las doce tribus de Israel. Luego Marcos sigue con la sanidad del ciego de Betsaida, apenas cruzando las costas orientales del mar de Galilea desde el río Jordán pero en buena parte en territorio gentil.

D. Cesarea de Filipo

Al llegar al final de Marcos 8, nos encontramos con el punto culminante de este período de un año del gran ministerio de Jesús en Galilea y el punto de transición que preparará el escenario para el último año o fase final de su ministerio durante el cual lo veremos transitar inexorablemente hacia la cruz.

Nuevamente estamos fuera del territorio de Israel, camino a Cesarea de Filipo al norte de Galilea, cuando Jesús comienza el debate con sus discípulos que concluirá con la famosa confesión de Simón Pedro: «Tú eres el Cristo», o como sigue diciendo Mateo en la versión más completa del mismo pasaje: «el Hijo del Dios viviente». Mateo es el único que cuenta que Jesús elogia a Pedro por esa confesión, no como si fuera una deducción humana sino una revelación divina, y le promete «sobre esta roca (de la palabra griega petra, un juego de palabras con el nombre griego de Pedro: petros y petra) edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella». También hay un pasaje en Mateo 16:19, en particular en el que Jesús le da a Pedro las llaves del reino.

Estos pasajes generaron mucha controversia durante el transcurso de la historia de la iglesia. En algunos círculos, Pedro prácticamente ha sido elevado al grado de primer papa, tratado como si fuera infalible: la doctrina de la sucesión apostólica de los seguidores de Pedro con los mismos privilegios derivan de este texto. Como una reacción exagerada contra esos excesos hay quienes han dicho que Pedro no es ningún tipo de roca, que se trata de la mera confesión de su boca (aunque esto sería demasiado leve en virtud de los idiomas originales: en arameo, la misma palabra kepha se usaría tanto para el nombre del apóstol como para decir roca o piedra). Lo más probable es que aquí a Pedro se le prometa que será un líder fundador de la iglesia, aunque no se diga nada sobre sus sucesores ni sobre la infalibilidad. En cambio, en todo el libro de los Hechos lo vemos actuar como líder clave de la historia temprana de la iglesia, siempre trasladándose a la obra en un lugar nuevo, a un nuevo emprendimiento en la diseminación del evangelio. Si nos enfocamos especialmente en la historia de Hechos 8 y la conversión de los samaritanos, podríamos pensar que en este contexto Pedro tiene privilegios especiales. Pero lo que sigue inmediatamente en los tres Evangelios Sinópticos deja en claro que no están tratando de minimizar ni de exaltar exageradamente al apóstol. Sea cual fuere la revelación que tuvo en este momento de iluminación, inmediatamente pasa a segundo plano por su falta de preparación para los comentarios que luego hizo Jesús. Es la primera de las tres veces sucesivas en que Jesús va a predecir su próxima muerte, todos los eventos que la provocaron (el sufrimiento, la ignominia) y finalmente su resurrección. Pedro lleva aparte a Jesús y lo reprende por esa profecía, dejando en claro que ni siquiera en ese punto del ministerio está preparado para un Mesías que muere y menos crucificado.

E. El camino a la cruz

Las otras enseñanzas que rodean esta sección de la retirada de Jesús, incluso su regreso a Galilea antes de su partida real a Jerusalén, toman el tema del sufrimiento. La última parte de Marcos 8 y todo el capítulo 9 (y pasajes paralelos) se ocupan de cómo los discípulos también deben tomar su cruz y seguir a Jesús. Encontramos una breve excepción de este patrón de enseñanza sobre el discipulado en el camino a la cruz y es el milagro de la transfiguración en la primera parte de Marcos 9, lo que les recuerda a los discípulos, por decirlo de algún modo, que del otro lado de la cruz está la gloria. La transfiguración prefigura la resurrección de Cristo y finalmente su ascenso y exaltación celestial. Los discípulos también pueden esperar la perfección y la gloria final con Jesús, pero desafortunadamente las circunstancias de esta vida, sea a través de la persecución cruenta por ser un seguidor del Maestro o por las pruebas comunes de la enfermedad causadas por la vida en un mundo caído nos recuerdan que la forma natural de vida cristiana a menudo implica sufrimiento. Nuestra gloria, nuestro triunfo completo, muchas veces se posterga hasta el otro lado de la muerte y la resurrección.

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