Conferencia

I. En esta lección hablaremos sobre el desarrollo del texto del Nuevo Testamento en relación con las fuentes del texto y su canonicidad. También comenzaremos a examinar los contextos del Nuevo Testamento analizando la geografía del mundo, Palestina y Jerusalén en esa época.

II. Desarrollo del texto del Nuevo Testamento

Esta parte de la Escritura originalmente se escribió, como todos sabemos, en griego. El griego del Nuevo Testamento es la Koiné (dialecto común), la etapa en el desarrollo del idioma entre la lengua ática clásica y el lenguaje moderno. Predominó desde aproximadamente del 300 a.C., hasta el siglo VI d.C. La Koiné era la forma lingüística usada como lingua franca del mundo mediterráneo cuando Grecia llegó al apogeo de su expansión territorial. En general, el griego que hablaban los gentiles en el período Koiné fue el mismo que usaron los autores del Nuevo Testamento.

Existe mucha más evidencia manuscrita del texto del Nuevo Testamento que de cualquier otro documento antiguo. Los manuscritos conocidos más antiguos de los trabajos de algunos autores clásicos griegos son copias hechas 1000 años o más, después de la muerte del escritor. El número de manuscritos de los clásicos antiguos también es limitado: unos 50 manuscritos de las obras de Esquilo (389-314 a.C.), 100 de Sófocles (496?-406 a.C.) y solo una copia de la Antología Griega y otra de los Anales de Tácito (historiador romano, 55?-117?). Pero del Nuevo Testamento tenemos más de 5000 manuscritos de parte o de todo el texto en griego; 2000 leccionarios griegos; 8000 manuscritos en latín y 1000 manuscritos adicionales de varias versiones antiguas.

Los manuscritos del Nuevo Testamento se categorizan de acuerdo a un sistema creado por J. J. Wettstein (1751), y desde entonces se amplió para incluir (1) los manuscritos en papiros; (2) los unciales (manuscritos completamente escritos en letras mayúsculas); (3) los minúsculos (manuscritos escritos en letras cursivas); (4) las versiones antiguas, como los manuscritos en siríaco, copto, etíope, etc.; (5) las citas patrísticas (citas de los primeros padres de la iglesia); y (6) los leccionarios antiguos (libros de lecciones litúrgicas de la era de la iglesia).

A. Los manuscritos en papiros

Estos manuscritos del Nuevo Testamento son los testigos existentes más antiguos y por ello muy importantes para estudiar la historia temprana del cristianismo y determinar el texto original. Fueron descubiertos principalmente en el siglo XX en Egipto y en la actualidad se cuenta con alrededor de 100 papiros. Bajo el sistema actual internacional de enumeración de manuscritos, se los designa con la letra «P» seguida de una identificación numérica. El fragmento existente más antiguo (P52), encontrado en la máscara de una momia, contiene una pequeña porción de Juan 18 y data de aproximadamente 125 d.C.

Varios manuscritos en papiros se remontan a más o menos al año 200: P32 (fragmentos de Tito), P64/67 (fragmentos de Mt. 3; 5; 26), P46 (secciones de Ro. 5-7; He. 1; 1 y 2 Co.; Ef.; Gá.; Fil.; Col.; 1 Ts.), y P66 (unos dos tercios de Juan). P75 (también de la misma época, que se encuentra en la biblioteca Bodmer de Génova) contiene la mayor parte de Lucas y más de la mitad de Juan. P45, P46, y P47 constituyen los llamados Papiros Chester Beatty, adquiridos por Beatty en Egipto en la década de 1930. Juntos contienen fragmentos de todos los libros del Nuevo Testamento. Los papiros de Martin Bodmer (P66, P72, P74, P75; este último ya mencionado) fueron descubiertos más recientemente y se publicaron a partir de 1954. Todos contienen lagunas, o sea partes en las que falta el material del manuscrito y por lo tanto falta texto. También hay manuscritos en papiros del Antiguo Testamento y de muchas obras literarias de la antigüedad (la más certificada es la de Homero).

B. Los unciales

El término técnico «uncial» se aplica a los códices de la Biblia que datan del tercer al décimo siglo escritos en mayúscula o letras grandes, sobre pergamino o vitela. Técnicamente, los manuscritos en papiros también son unciales, pero en cambio se los designa por el material en el que fueron redactados. El estilo de escritura uncial normalmente se reservaba para documentos formales y literarios. Los Evangelios, los Hechos y otros libros del Nuevo Testamento probablemente fueron escritos con letra uncial y estilo literario. Aunque hay posibilidades de que las firmas de las cartas de Pablo se hayan escrito en cursiva porque eran correspondencia privada, es probable que se copiaran en unciales como obras literarias. De cualquier manera, hasta los manuscritos conocidos más antiguos del Nuevo Testamento están en uncial. Cuatro de los unciales más importantes del Nuevo Testamento y algunos manuscritos no canónicos (completos o en parte) son los Vaticanos, a los que también se los conoce como (B), Sinaíticus (a), Bezae (D), y Alejandrino (A).

1. El Códice Vaticano es un manuscrito en vitela del siglo IV que se alberga en la biblioteca del Vaticano desde al menos 1481. El texto es alejandrino (o neutral) y, debido a su antigüedad, estado de conservación y tipo de texto, es extremadamente valioso como fuente textual. Desafortunadamente, el manuscrito finaliza en Hebreos 9:14. Los libros que faltan, además del cierre de Hebreos, son Filemón, las Epístolas Pastorales y el Apocalipsis. El texto tampoco contiene el final más largo de Marcos (16:9-20) y la «perícopa de la adultera» (Jn. 7:53-8:11). La Epístolas Generales preceden a las cartas de Pablo y están después de los Hechos de los Apóstoles.

2. El Códice Sinaíticus es un manuscrito en vitela del cuarto siglo de porciones del Antiguo Testamento y todo el Nuevo Testamento. El texto es alejandrino. El final más largo de Marcos y la perícopa de la adúltera no aparecen en este texto. Las Epístolas Paulinas están después de los Evangelios, luego Hebreos, las Epístolas Pastorales, Hechos, las Epístolas Generales y Apocalipsis seguido de la Epístola de Bernabé y el Pastor de Hermas.

3. El Códice Bezae Cantabrigiensis es un manuscrito en griego y latín de los Evangelios y Hechos, que data del siglo V. Recibió su nombre por Theodore Bezae y la Universidad de Cambridge en donde éste lo presentó en 1581 tras adquirirlo del monasterio de San Ireneo en Lyon, Francia. Se desconoce su origen pero probablemente sea del mediterráneo occidental. El texto contiene innumerables errores ortográficos y gramaticales, pero es interesante por sus omisiones en Lucas y sus adiciones en el libro de los Hechos, que es un décimo más largo que el texto neutral.

4. El Códice Alejandrino es un manuscrito del siglo V de la Biblia en griego que está en el Museo Británico. El tipo de texto del Nuevo Testamento es bizantino (Evangelios) y alejandrino (los Hechos y las Epístolas). Falta la mayor parte de Mateo, al igual que Juan 6:50-8:52 y 2 Corintios 4:13-12:6. El manuscrito incluye 1 y 2 Clemente y contiene, junto con P47, uno de los mejores textos del libro del Apocalipsis.

C. Los minúsculos

Se refiere a los manuscritos escritos en letra pequeña y cursiva que se usó al principio para los códices de la Biblia alrededor del 800 d.C., hasta después de la invención de la imprenta a mediados del siglo XV. Este estilo predominó después del siglo X y ahora comprende más del noventa por ciento de todos los manuscritos conocidos. El manuscrito del Nuevo Testamento que data de más tiempo es del año 835 d.C. Los minúsculos más importantes se conocen como Familia 1 y Familia 13. Los manuscritos están designados con números arábigos sin que los preceda el cero (por ejemplo, 1, 118, 131, 209, etc.), y en la actualidad llegan aproximadamente al 2700 para el Nuevo Testamento. Los siguientes son algunos de los minúsculos más importantes:

1. El Códice 1 es un códice del siglo XII que se encuentra en Basilea. Es uno de los cinco o seis manuscritos usados por Erasmo para preparar la primera edición del Nuevo Testamento en griego. Los manuscritos 118, 131, 209 y 1852 tienen textos muy similares al 1 y a los cinco juntos se los conoce como Familia 1.

2. El Códice 13, escrito en el siglo XIII, ahora se encuentra en la Biblioteca Nacional de Francia. Los manuscritos relacionados son 13, 13, 69, 124, 346, 543 y algunos otros, y se los conoce como Familia 13.

3. El Códice 33, un manuscrito del siglo IX y que también está en París, recibió el nombre de «reina de los cursivos» porque el texto tiene una calidad superior.

4. El Códice 565, Codex Purpureus Petropolitanus (es decir, «el códice púrpura de San Petersburgo»), es un manuscrito del siglo IX o X y se encuentra en la biblioteca pública de Leningrado. Está escrito en letras doradas sobre vitela púrpura, quizás para la emperatriz Teodora.

D. Versiones antiguas

En la crítica textual, el término «versión» denota una traducción temprana del Nuevo Testamento desde el griego a cualquier otro idioma. Las primeras versiones del Nuevo Testamento son en latín, copto, siríaco, armenio, arábigo, etíope, persa, gótico, georgiano y eslavo. Hablaremos sobre los más importantes.

1. Latín Antiguo (Vetus Latina) es el nombre que reciben aproximadamente treinta manuscritos anteriores o de alguna manera independientes de la Vulgata latina (sigla: vg) que Jerónimo completó en el 405 d.C. Los textos del Latín Antiguo difieren bastante y ningún manuscrito contiene todo el Nuevo Testamento. El más antiguo, Codex Vercellenis (sigla: a), data del siglo IV. Las siglas para los manuscritos del Latín Antiguo son letras minúsculas: a, b, c, etc.

2. Vulgata es el nombre que recibe la versión de la Biblia en latín reconocida por la iglesia medieval y luego por el Concilio de Trento (1546) para ser «vetus et vulgata editio» (la edición antigua y popular). El Concilio decretó que sería la Biblia oficial de la Iglesia Católica Romana. La mayoría de los libros de esta versión provienen de Jerónimo (aproximadamente 340-420), que se encargó de la traducción de la Biblia por encargo del Papa Damaso (382). Estas traducciones, completadas en 405, circularon por separado hasta que se recopilaron en un único volumen a mediados del siglo VI. Las ediciones compiladas incluían algunas traducciones que no pertenecían a Jerónimo. Todo el Antiguo Testamento es de Jerónimo; pero de los apócrifos solo Tobías y Judit, y del Nuevo Testamento únicamente los Evangelios pueden atribuirse con certeza a este traductor. El resto proviene de las versiones en Latín Antiguo.

3. Copto es el lenguaje de los cristianos nacidos en Egipto y está escrito en un alfabeto principalmente derivado del griego. A medida que el cristianismo se esparció por estos círculos en una fecha temprana, tuvo contacto con el copto, el lenguaje popular, enriquecido por vocablos tomados del griego. Existen varios dialectos de este idioma, por lo que hay versiones bastante diferentes agrupadas bajo el nombre de copto. Sin duda, la más antigua fue la versión sahídica del Alto Egipto (es decir, Egipto del sur), traducido del griego aproximadamente a mediados del tercer siglo d.C., y probablemente realizada por pedido oficial de la iglesia. Luego sigue la akhmímica, basada en la sahídica, y más tarde, en el siglo cuatro la bohaírica (del Bajo Egipto), que fue traducida del griego independientemente de la sahídica. Para la crítica textual, el valor de estas versiones reside en su antigüedad.

4. Peshitta es la Biblia autorizada de la iglesia de Siria, que data de finales del siglo IV o principios del V y tradicionalmente se le atribuye a Rabbula, obispo de Edesa (aproximadamente 435). Los primeros manuscritos de la Peshitta no contienen 2 Pedro, 2 y 3 Juan, Judas ni Apocalipsis, y la iglesia siria no los aceptó como canónicos.

5. La versión armenia. Al comienzo del siglo V, después de un período en que la iglesia nacional armenia usó las versiones griega y siríaca tanto para literatura como para la liturgia, el sacerdote armenio Mesrob (aproximadamente 361-439) inventó el alfabeto armenio. Sentó las bases para la literatura nacional y al mismo tiempo se tradujo la Biblia. De acuerdo con la tradición armenia, de la cual existe vasta evidencia, la primera versión (aproximadamente 414 d.C.) se basó en la Peshitta siríaca y pronto fue revisada.

6. La versión arábiga. Con la victoria del Islam, el uso del árabe se esparció con rapidez y para judíos y cristianos de las tierras conquistadas se convirtió en el idioma de la vida diaria. De ahí la necesidad de una versión en árabe, que fue suplida por un número de versiones, principalmente independientes y enfocadas básicamente en la interpretación. Solo sobrevivió una parte de la versión de Saadia Gaon de Egipto, basada en el texto en hebreo. Existen muchas traducciones de los evangelios; la más antigua podría ser del período pre islámico. El primer códice es Vatican arab. 13, cuyas porciones más antiguas datan del siglo IX e incluyen partes de los Evangelios y todas las Epístolas Paulinas. Un número de códices contienen evidencia de que la versión siríaca antigua fue la base de la versión arábiga, por ejemplo, Vatican arab. 13, Sinai arab. 82, Vatican arab. 82, and Berl. or. quart. 2101.

7. La versión etíope. Aproximadamente a mediados del cuarto siglo, Ezana, rey de Aksum en Etiopía y su pueblo fueron ganados para el cristianismo. Probablemente poco tiempo después haya comenzado una traducción de la Biblia, cuyos traductores trabajaron en una variedad de fuentes, aun con pasajes aislados, posiblemente a partir de las versiones siríaca y hebrea junto con la griega. Pero llevó bastante tiempo completar la versión, según algunos, varios siglos. Queda abierta la posibilidad de cuestionar hasta qué punto la versión original está representada en los manuscritos que sobreviven, de los cuáles el más antiguo se remonta al siglo XIII.

El valor de una versión para determinar el texto original de la biblia está limitado en ciertos aspectos, ya que, se perdieron todos los manuscritos originales de las versiones del Nuevo Testamento. Los manuscritos existentes también deben sujetarse a la crítica textual para determinar, lo más acertadamente posible, la redacción original de la versión.

E. Citas patrísticas

Patrística es la rama del estudio teológico que trata con los manuscritos de los Padres (patres). En sentido estricto, pertenece a los maestros que escribieron en algún momento entre finales del primer siglo (cuando estaba casi completa, por no decir terminada, la redacción del Nuevo Testamento) y finales del octavo. Este período comúnmente se conoce como la era patrística. Los Padres destacados fueron los autores de muchas obras vitales para el cristianismo. Defendieron el Evangelio contra las herejías y los errores de interpretación; redactaron extensos comentarios sobre la Biblia, (explicativos, doctrinales y prácticos), y publicaron innumerables sermones; expusieron el significado y las implicancias de los credos; registraron eventos pasados y presentes de la historia de la iglesia; y relacionaron la fe cristiana con el mejor pensamiento de su época.

Las citas patrísticas constituyen una base adicional para evaluar las lecturas del Nuevo Testamento. Tan capaces y activos fueron los padres de la iglesia primitiva que todo el texto del Nuevo Testamento en griego podría probablemente recuperarse de las citas de sus manuscritos. Pero en el caso de las versiones, debemos tener en cuenta algunos interrogantes y algunas precauciones al usar las citas patrísticas. ¿El escritor tenía el hábito de citar cuidadosamente? ¿Parece que copió de un manuscrito del Nuevo Testamento o citó de memoria? Además, al igual que con las versiones, el hecho de que un padre de la iglesia usara un texto en particular es evidencia de que ese texto era conocido en la región y en el momento histórico en que vivió.

F. Los leccionarios

Prácticamente desde los comienzos de la era de la iglesia, gran parte del Nuevo Testamento estaba dividido en secciones designadas como lecturas de la Escritura. Más tarde, se prepararon los manuscritos llamados leccionarios, en los que se ordenaba el Nuevo Testamento, no de la forma tradicional, dividido en libros y capítulos, sino de acuerdo a esas lecturas para cada día del año o para cada sábado o domingo. Actualmente se conocen unos 2000 manuscritos de leccionarios griegos, dos tercios o más de los cuáles contienen lecciones de los Evangelios, otros de los Evangelios y las Epístolas y el resto contiene lecciones de las Epístolas. Un número interesante está redactado en unciales, y data del siglo X y siglos posteriores. Sin embargo, la importancia de los leccionarios para la crítica textual se identificó adecuadamente recién a mediados del siglo XX. Los leccionarios están identificados con una L cursiva o la abreviatura Lect., seguida de un número arábigo (por ejemplo, l 25; Lect. 299).

III. Canonicidad

El canon del Nuevo Testamento es la colección de veintisiete libros de los primeros manuscritos cristianos que, juntos con el canon del Antiguo Testamento, es reconocida por la iglesia cristiana como la Santa Escritura que contiene el depósito final y fidedigno de la revelación divina. Estos manuscritos son normativos para cada aspecto de la vida de la iglesia, sea el credo, la adoración o la vida en el mundo. El primer reconocimiento oficial de los veintisiete libros del canon actual del Nuevo Testamento como el canon de la iglesia recién ocurrió en 367 d.C. Podríamos preguntarnos: «¿Cómo fue que la iglesia llegó a reconocer estos veintisiete manuscritos como una unidad divina?».

A. Fuentes de autoridad

En la iglesia primitiva hubo cuatro elementos esenciales de autoridad, y en última instancia todos constituyeron factores importantes que colaboraron para producir la sustancia de nuestro canon actual. Estos factores son: la posición anterior del canon del Antiguo Testamento, el lugar del Espíritu Santo, la Palabra del Señor y la posición de autoridad de los apóstoles.

1. El Antiguo Testamento. Antes de la existencia de la iglesia cristiana, el judaísmo ya tenía lo que esencialmente constituía un canon de manuscritos sagrados. Jesús mismo sentó las bases para que la iglesia aceptara el canon judío con su constante apelación al Antiguo Testamento. Su afirmación básica era que el Antiguo Testamento, como un todo y en sus partes, tenía cumplimiento en su persona (Mt. 5:17 comparado con Lc. 24:27 y Jn. 5:39). Para el apóstol Pablo, la lectura del Antiguo Testamento solo podía tener sentido a la luz del Jesús histórico (1 Co. 10:1-4).

2. El Espíritu Santo. La iglesia experimentó el Espíritu Santo como «el Espíritu de Cristo» (2 Co. 3:17) y fue de Cristo que toda la Escritura dio testimonio. Es más, el Espíritu les dio a los santos de antaño la inspiración (2 P. 1:21; 2 Ti. 3:16) que llevó a la producción de las partes del canon de Antiguo Testamento. Entendido de este modo, la era del Espíritu debe ser mejor considerada como un catalizador para la producción y el reconocimiento de nuevas Escrituras. Si los creyentes inspirados de entonces esperaban la venida del Mesías, ¡cuánto más los cristianos llenos del Espíritu podían usar la Palabra escrita para mirar en retrospectiva a la llegada de ese Salvador!

3. La Palabra del Señor. La autoridad final de la iglesia primitiva fue la autoridad viviente del mismo Señor levantado. En un número de ocasiones, Pablo apela directamente a las palabras del Señor (1 Ti. 4:15; 1 Co. 7:10; 9:14; 11:23; comparado con Hch. 20:35). En la era apostólica se siguió apelando directamente a la enseñanza de Jesús de manera similar (comparar por ejemplo 1 Clem. 13:2; 46:8; Didaché 8:2; 9:5; Ign. Smyrn. 3:2). El contexto histórico exacto de las palabras del Señor está en los Evangelios y es muy importante en relación a cualquier debate sobre el canon. Claramente vemos a Jesús como el maestro de un grupo selecto de discípulos, que indudablemente recordaban sus dichos y enseñanzas y las atesoraron mucho más que los dichos de cualquier otro rabino judío porque «jamás hombre alguno ha hablado como este hombre habla» (Jn. 7:46). También debe destacarse que hasta los hechos de Jesús tuvieron un carácter didáctico. Fueron igualmente atesorados como parábolas representadas, para decirlo de algún modo.

4. Los apóstoles. Los apóstoles constituyeron una cuarta fuente de autoridad para la iglesia desde los primeros días. Jesús les concedió autoridad ya desde antes de la Pascua (Mr. 3:14; 6:7). Después de esa fecha, los apóstoles manifestaron esa autoridad al testificar tanto sobre la resurrección de Jesucristo como sobre su obra y sus palabras (Hch. 1:21-23; 1 Co. 9:1-3). Para llevarlo a cabo recibieron el don del Espíritu.

En el análisis final, fue la verificación histórica de la autoridad o influencia apostólica, y el consenso universal de la iglesia, guiado por el Espíritu Santo, que dio como resultado la decisión final en cuanto a qué libros debían considerarse canónicos y dignos de ser incluidos en lo que hoy conocemos como el Nuevo Testamento.

B. Desarrollo del canon

Aparentemente, las epístolas de Pablo primero fueron recopiladas por líderes de la iglesia de Éfeso. Después de esta colección se reunieron los Evangelios, en algún momento después del comienzo del segundo siglo. El llamado canon Muratorio, descubierto por Ludovico A. Muratori (1672-1750) y que se encuentra en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, data aproximadamente del 180. Veintidós libros del Nuevo Testamento se consideraban canónicos.

Eusebio (aproximadamente 324) pensaba que al menos veinte libros del Nuevo Testamento eran aceptables al mismo nivel que los del Antiguo Testamento. Santiago, 2 Pedro, 2 y 3 Juan, Judas, Hebreos y Apocalipsis estaban entre los libros cuyo valor canónico todavía se debatía. La demora para ubicarlos se debía en primer lugar a la incertidumbre respecto de su autoría.

Sin embargo, en su carta de Pascua a 367 de las iglesias bajo su jurisdicción como obispo de Alejandría, Atanasio enumeró como canónicos los mismos veintisiete libros que hoy constituyen el canon del Nuevo Testamento. Los concilios posteriores, como el de Cartago en el 397, simplemente aprobaron y otorgaron una expresión uniforme a lo que ya era un hecho, y que la iglesia en general ya había aceptado hacía un largo período de tiempo. Todo lo que tardó la iglesia en aceptar Hebreos y Apocalipsis dentro del canon indica el cuidado y la devoción con la que se abocaban a esta cuestión.

IV. Los escenarios del Nuevo Testamento (Parte 1)

Para comprender en forma completa y adecuada el Nuevo Testamento, debemos contar con un conocimiento básico de los últimos años del reino de Israel, los 70 años del exilio babilónico, la era posterior al exilio y el período intertestamentario. En los últimos 200 años de la historia canónica de Israel y el intervalo posterior de 400 años tuvieron lugar dentro del mundo bíblico muchos sucesos políticos y religiosos muy significativos. La ubicación geográfica de la Biblia es uno de los mejores recordatorios que tenemos de que su mensaje es sobre personas reales, que viven en lugares reales, en un tiempo real. Por eso el conocimiento geográfico es un ingrediente clave para poder comprender verdaderamente el contexto bíblico. El mundo del Nuevo Testamento era un mundo romano. En tiempos antiguos, Palestina tenía una ubicación estratégica y Jerusalén era el corazón de Palestina.

A. Un mundo romano

El mundo mediterráneo del primer siglo era romano. El imperio se extendía desde Babilonia al este hasta España al oeste y desde el norte de Europa hasta el Norte de África. Desde el 265 a.C., cuando tomó el control de Italia, Roma buscó extender su influencia política. Cuando destruyó a Aníbal (247-183 a.C.) y el Imperio Cartaginés, absorbió España y el norte de África. Dirigiéndose hacia el este, mediante guerras y rendiciones voluntarias, pudo anexar Macedonia, Acaya, Asia Menor, Siria y Judea. El límite del norte se extendió con la conquista de Galia. En el año del nacimiento de Cesar Augusto, el general romano Pompeyo pudo tomar la fortaleza supuestamente inexpugnable de Jerusalén. Para el año 14 a.C. Jerusalén era parte de una provincia gobernada por un perfecto romano, cuya capital se llamó Cesarea (Marítima).

B. Palestina

En tiempos bíblicos, Palestina tenía una ubicación geográfica estratégica. En relación a eso, G. T. Manely escribe: «Palestina está ubicada en una intersección de la civilización antigua. La vía desde Egipto hasta más allá de Siria, que pasaba por Palestina, era uno de los caminos más importantes del mundo antiguo tanto comercial como estratégicamente, y su importancia no desapareció (N. del T.: Traducción libre, The New Bible Handbook, p. 425).

Palestina se encuentra en la región entre el mar Mediterráneo y el desierto arábigo (34°-36° longitud este) y entre Sinaí y las montañas del Líbano (29°30’-33°30’ de latitud norte) dentro de la porción meridional de la zona templada. Situado en el extremo oriental del mar Mediterráneo, es parte del Levante (generalmente se considera que los estados que componen Levante son Siria, Líbano y Palestina o Israel). Palestina se ubica en el extremo sudoeste del Creciente Fértil, las tierras fértiles que se extienden por el valle del Tigris y el Éufrates y el Levante.

C. Jerusalén

Está situado en la cadena montañosa central de Palestina, casi exactamente al frente de la punta septentrional del mar Muerto, treinta y seis millas al este del mar Mediterráneo y dieciséis millas al oeste del mar Muerto (a vuelo de pájaro). La altitud de la ciudad está entre 2100 y 2526 pies por encima del nivel del mar. Exactamente al norte de la ciudad se yergue el Monte Scopus de aproximadamente 2690 pies y exactamente al sur de la ciudad se encuentra Jabel Mukaber (colina del Mal Consejo) a 2936 pies. Al este de Jerusalén, cruzando el valle de Cedrón, el monte de los Olivos se alza a 2684 pies.

El área básica de la ciudad parece un cuadrado sin un borde superior definido. El lado este está marcado por el barranco del valle de Cedrón. Los lados oeste y sur del cuadrado están formados por el valle de Hinom. El área rectangular entre los valles está enmarcada por barrancos profundos al este y al sur, y barrancos más llanos al oeste. En consecuencia, cualquier ataque a la ciudad normalmente provendría del norte y cualquier crecimiento tendría que ser hacia el norte o noroeste.

A los visitantes actuales les resulta sumamente difícil visualizar como era Jerusalén antes y durante el período herodiano (en tiempos de Cristo). (1) Primero, los muros de la Ciudad Vieja no están donde estaban; al menos la muralla del sur está mucho más al norte y la muralla del norte también probablemente se encuentre mucho más arriba. En consecuencia, la Ciudad Vieja se corrió entre unos 1000 y 2000 pies al norte del emplazamiento de la ciudad herodiana. (2) En segundo lugar, Haram (lugar islámico sagrado) no proporciona un cuadro real del área del templo. Es más grande y ocupa la plataforma del templo ampliada construida por Herodes, y es mucho más abierta de lo que era cuando Herodes comenzó la construcción. (3) Tercero, el valle central se llenó casi por completo. Su ubicación todavía se identifica como el-Wad; una calle con comercios que atraviesa la ciudad desde la Puerta de Damasco hasta la Puerta de Dung. (4) En cuarto lugar, el nivel moderno es bastante superior al del siglo primero. En la esquina sudoeste de Haram, el nivel del suelo moderno es aproximadamente sesenta y seis pies por encima del nivel de la calle Herodiana y el lecho original del valle central (aproximadamente donde la muralla de la Ciudad Vieja colinda con la muralla sur de Haram) era unos 100 pies más bajo. Como resultado, no emerge un panorama claro de la Ciudad Superior en el oeste ni del barranco profundo que la separaba de la Ciudad Inferior (Ciudad de David) en el este. (5) Quinto, el relleno del valle de Santa Ana (para completar la forma rectangular de la plataforma del templo), la alteración de la topografía alrededor de Antonia y la extracción de piedras han cambiado el extremo noreste de la Ciudad Vieja. La mejor forma de tener una idea clara de cómo era la ciudad Herodiana es ver el modelo a escala de Avi-Yonah en las instalaciones del hotel Holy Land en el barrio occidental de Jerusalén.

Seguiremos aprendiendo más sobre los lugares del Nuevo Testamento en la próxima lección.

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