Conferencia

I. Introducción a la primera parte del libro de los Hechos

Hasta ahora en nuestro estudio del Nuevo Testamento nos enfocamos exclusivamente en los cuatro evangelios. A partir de ahora estamos listos para comenzar con el quinto libro, los Hechos de los Apóstoles.

A. Autor, fecha y destinatarios

En lecciones anteriores mencionamos que la tradición le atribuye la autoría del libro a Lucas, el médico amado de Pablo, que también escribió el primer volumen de esta secuencia, concretamente el evangelio de Lucas. Nuestros interlocutores pueden remitirse a los comentarios introductorios sobre el evangelio de Lucas para revisar la información sobre ese contexto. Para resumirlo, probablemente Lucas escribió el evangelio que se le atribuye y los Hechos de los Apóstoles aproximadamente en el año 62 d.C., poco tiempo después de los hechos que narra el fin del libro.

Escribe como griego (los autores de todos los otros libros del Nuevo Testamento son judíos) para cristianos básicamente griegos, con las intenciones que suscitaba el crecimiento del cristianismo, que se volvía un poco más urbanizado, quizás con miembros algo más adinerados, y que se extendía a muchos lugares diversos del Imperio Romano.

B. Propósitos del segundo volumen de Lucas

Los propósitos del segundo volumen de Lucas, más específicamente, pueden resumirse con tres encabezados. El autor registra el avance del Evangelio desde Jerusalén hasta Roma, o dicho de otro modo, el libro se trata del crecimiento del cristianismo, que al comienzo era una secta exclusivamente judía y en unos treinta años se convirtió en una de las religiones principales del imperio, y, dentro de esa generación, más gentil que judía.

En segundo lugar, Lucas resalta el ministerio de figuras claves de la iglesia primitiva. Aunque la iglesia lo tituló los Hechos de los Apóstoles, sería mejor llamarlo «los Hechos de Pedro y Pablo» ya que estos son los dos personajes principales de las dos mitades del libro respectivamente. Otros argumentan que como Lucas está interesado en mostrar la guía soberana de Dios mediante su Espíritu Santo durante estos primeros sucesos, un título aún mejor podría haber sido «los Hechos del Espíritu Santo».

Tercero, el autor permanentemente defiende a los cristianos de los cargos de incumplimiento de la ley judía o romana. Está presentando una apología de la legitimidad y la inocuidad del cristianismo, aunque también resulta claro que los que se convierten en cristianos verán cambios radicales en sus vidas. Como ya mencionamos, el libro de Hechos bien puede dividirse en dos partes: los primeros 12 capítulos principalmente se centran en la fase judeo cristiana de las primeras dos décadas de existencia de la iglesia, y del capítulo 13 al 28, la segunda mitad, el foco de atención en general pasa a ser la expansión del cristianismo gentil. Y repetimos que los dos personajes principales, los dos predicadores y testigos más destacados en estos dos segmentos o etapas de la expansión del cristianismo en el libro de los Hechos, son Pedro y Pablo respectivamente.

C. Bosquejo de los Hechos

A menudo se considera que Hechos 1:8 es un breve esquema de la interpretación de Lucas sobre este segundo volumen, ya que Jesús promete y manda a sus seguidores que sean testigos, primero en Jerusalén, luego en Judea y Samaria, y finalmente hasta lo último de la tierra. Podríamos darle más precisión a ese bosquejo resaltando las seis veces que el autor finaliza una sección del libro, y hace una breve pausa con una frase sintetizadora que básicamente significa «la Palabra de Dios crecía y se fortalecía» o «la iglesia crecía en número». Estas frases sintetizadoras aparecen en 6:7, 9:31, 12:24, 16:5, 19:20, y 28:31. Aparentemente dividen el libro de Hechos en segmentos que coinciden con la expansión del primer movimiento Cristiano, más que nada desde un punto de vista geográfico.

II. La iglesia de Jerusalén (Hch. 1:1-6:7)

Entonces podemos comenzar el estudio del contenido del libro de los Hechos centrándonos en la primera parte, que nos llevará el resto de esta lección. El primer tercio de esta primera mitad, o la primera subdivisión de la parte que trata sobre el cristianismo judío, presenta los comienzos de la iglesia, cuando solo era en una entidad dentro de la ciudad totalmente judía de Jerusalén.

A. Las apariciones de Jesús resucitado y su ascensión

Los primeros eventos que se narran repiten las apariciones de Cristo resucitado en Jerusalén y sus alrededores, y luego se describe la ascensión; Jesús vuelve al Padre celestial cuarenta días después de ser levantado de los muertos. La ascensión es relevante, por un lado, porque les indica a los discípulos que terminaron las apariciones de Jesús resucitado en las que el Señor iba y venía como quería, apareciendo y desapareciendo en medio de ellos; pero por otro lado, y desde un punto de vista teológico, destaca que ahora Jesús es exaltado y vuelve a la posición celestial que había ocupado en la eternidad pasada. Los ángeles que aparecen a los discípulos en los primeros versículos de Hechos 1, especialmente en 9-11, les testifican que el Señor volverá de la misma manera que se fue o desapareció: vendrá del cielo; Cristo regresará al final de los tiempos en una forma, según creen los cristianos, visible y pública, hasta mundial.

B. El sucesor de Judas

Después de la ascensión de Cristo, los discípulos vuelven a Jerusalén y, en cumplimiento del mandamiento de Jesús, esperan la promesa de la llegada del poder del Espíritu Santo. En ese periodo que describen los versículos restantes de Hechos 1, el evento más importante o el punto del orden del día, por decirlo de algún modo, es orar, y al final echar suertes para determinar quién será el sucesor de Judas, el discípulo que traicionó a Jesús y luego se ahorcó. Resulta interesante que sintieran la necesidad de completar el número doce, lo que indica, como vimos durante la vida de Cristo, la importancia simbólica de la iglesia como el nuevo Israel, el cumplimiento de las doce tribus del pueblo elegido. También es interesante mencionar que por otro lado, más adelante en el mismo libro, cuando martirizan al apóstol Jacobo, no lo reemplazan; por eso no pareciera que se sentaran las bases para ninguna doctrina de sucesión apostólica, ni para un mandamiento permanente de mantener ese número de líderes eclesiásticos.

C. Pentecostés y el primer sermón cristiano

En el capítulo 2 nos encontramos con la famosa y extensa historia de Pentecostés: la fiesta judía de las Primicias, que según la tradición conmemoraba la entrega a Moisés de la ley en el Monte de Sinaí. Entonces es oportuno que el Espíritu Santo descienda y llene de poder a la iglesia naciente y a los líderes para inaugurar el nuevo pacto exactamente en este momento en que los judíos celebraban el comienzo de lo que, en los círculos cristianos, pronto recibiría el nombre de «viejo pacto» o «primer testamento» entre Dios y su pueblo. Los creyentes son llenos del Espíritu y hablan en lenguas; es la primera de las tres referencias que hace el libro de Hechos a esta señal. Aunque se debate más qué ocurrió las otras veces en que se habló en lenguas, aquí Lucas deja en claro que se trataba de idiomas extranjeros conocidos que permitieron que los discípulos judíos se comunicaran en la lengua natal de los peregrinos judíos de todo el imperio que venían a Jerusalén por Pentecostés. También debemos recordar que todos los judíos del primer siglo, hasta cierto punto, hablaban hebreo o arameo, y probablemente tenían más conocimiento de griego, por lo que era necesario hablar en otras lenguas para poder comunicar el Evangelio. Entonces parece más bien una señal que confirma la naturaleza divina de los eventos y el testimonio de este suceso.

Entonces Pedro usa esta señal milagrosa como una oportunidad para predicar el primer sermón cristiano, en el que con claridad expone los eventos que últimamente vivió Jerusalén en relación al ministerio, la muerte y la resurrección del Mesías, afirmando, para terminar, que la resurrección y la exaltación de Jesús prueba que Dios lo hizo Señor y Cristo. Los que están allí, compungidos preguntan: «¿qué haremos?». Y las palabras culminantes de esta primera prédica están en Hechos 2:38, donde se enumeran cuatro elementos que, salvo en contadas excepciones, siguen estando juntos en todo el libro y en toda la enseñanza restante del Nuevo Testamento, y son lo que podríamos llamar el «paquete de la salvación». Se trata de los acontecimientos más o menos simultáneos que, al menos en circunstancias normales, vive una persona que viene a Cristo.

Estos cuatro elementos son: (1) arrepentimiento: volverse del pecado hacia Dios en Jesús; (2) bautismo en agua (en este contexto en el nombre de Jesús, pero en otros contextos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Esto demuestra que no se trata de un ritual o una fórmula mecánica); (3) tercero, como resultado de lo anterior, el perdón de los pecados; y (4) cuarto, el poder, la llenura o el bautismo en el Espíritu Santo. Algunos tratan de separar el «bautismo» de la «llenura» del Espíritu y, es más, parece que Lucas menciona a la llenura reiteradamente como experiencias que los creyentes pueden tener más de una vez cuando reciben poder para atreverse a dar testimonio o ser testigo de una manera u otra. Sin embargo, el término «bautismo en el Espíritu» en el Nuevo Testamento parece estar reservado para la experiencia de iniciación de las personas, o sea, su primera experiencia con el Espíritu al venir a Cristo. También resulta interesante que pareciera que el libro de Hechos, salvo contadas excepciones, permanentemente ubica al bautismo en agua inmediatamente después del arrepentimiento o la profesión de fe de alguien con edad suficiente y suficientemente maduro como para tomar la decisión.

D. La primera sanidad cristiana y el segundo sermón

Después del primer sermón cristiano, Hechos 3 describe otro milagro. Esta vez es una sanidad sobrenatural de un cojo en la que Pedro recibe de Dios el mismo poder que Jesús tuvo más de una vez durante su ministerio. Y nuevamente la señal en los recintos del templo, frente a una gran multitud, se convierte en la oportunidad justa para que Pedro predique otro sermón, el segundo sermón cristiano que conocemos. El objetivo principal es volver a resaltar que se deben arrepentir, pero el desenlace muestra que los conflictos entre los cristianos y las autoridades judías comenzaron desde muy pronto. No nos sorprende ya que muchos de los que seguramente escucharon a Pedro en estas primeras ocasiones estaban entre los que solamente unas semanas atrás o unos meses antes habían pedido o quizás hasta habían jugado un papel decisivo en la instigación a la crucifixión de Jesús.

Arrestan a los cabecillas de esta secta nazarena y los intiman para que no hablen en el nombre de Jesús. Sin embargo, Hechos 4:19-20 es un testimonio importante para las convicciones de los primeros cristianos, de que cuando la voluntad de Dios y la voluntad humana se contraponen, debemos obedecer a Dios antes que a los líderes humanos. Es interesante resaltar que en los capítulos 4 y 5 se repite la misma secuencia de eventos: (1) prédica, (2) arresto, (3) amenazas de los líderes judíos, (4) declaración de que es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres, y (5) liberación. Esto demuestra, tanto la hostilidad (en cumplimiento de las palabras de Jesús de que sus seguidores serían llevados ante los líderes y forzados a testificarles) como el poder del Espíritu y la soberanía de Dios que permite que los discípulos continúen hablando con audacia a pesar de esa hostilidad. Vemos un marcado contraste con su cobardía antes de la muerte del Señor y otro elemento clave que confirma la realidad de la resurrección sobrenatural de Jesús y el poder que recibieron del Espíritu en Pentecostés. Parece que muy poco, o quizás ninguna otra cosa, podría haber causado tal cambio radical directo y sorprendente en los seguidores de Jesús.

E. La estructura de la iglesia primitiva

Hay dos pequeñas cuestiones que pasamos por algo intencionalmente para exponerlas ahora. Los versículos 42-47 del capítulo 2 y los últimos versículos del capítulo 4, desplazándonos al capítulo 5, tratan sobre la organización inicial de la comunidad cristiana que nacía en Jerusalén. Se nos presenta un modelo de propiedad comunitaria de bienes. Si leemos detenidamente podremos evitar algunas concepciones erróneas que podrían aparecer superficialmente. No dice que todos los creyentes vendieron todo de una vez y formaron lo que hoy se denominaría un comunismo puro. No, aunque algunos donaron diferentes cantidades de sus ingresos o vendieron parte de sus posesiones materiales para suplir las necesidades que surgían.

Podría haberse tratado de necesidades que fueran apareciendo, entre otras, la de algunos de los peregrinos judíos que se habían convertido al cristianismo después del primer Pentecostés, quizás querían quedarse en Jerusalén en lugar de irse a sus hogares y tenían que subsistir de alguna manera o se los tenía que cuidar. Los que ya dependían de los diversos sistemas de asistencia social judía y cuidado de los necesitados bien podrían haber sido excluidos de dichos sistemas si se convertían en cristianos y también habrían necesitado asistencia. Aunque este modelo no se vuelve a ver en el libro de los Hechos, ni en el cristianismo primitivo, y por eso no parece ser obligatorio en todos los aspectos, se evidencia una preocupación ejemplar por los pobres y una ofrenda generosa y sacrificial por parte de los cristianos con medios económicos, que sigue siendo coherente en todas las Escrituras, y claramente es un mandamiento para los creyentes de toda época y todo lugar.

Para cuando llegamos al capítulo 6 vemos que la preocupación por los pobres ya está tomando una forma un tanto diferente. A medida que comienza a crecer esta comunidad multicultural de primeros cristianos, si bien son todos judíos, es comprensible que se produzca una división entre los que, según Lucas son, los cristianos judíos hebreos y los cristianos judíos griegos; es decir, aquellos cuya lengua nativa era hebreo o arameo (probablemente fueran en su mayor parte de Jerusalén y alrededores) y los que venían de la diáspora, o sea de otras partes del Imperio Greco Romano. Aunque eran judíos, su idioma nativo era el griego y sus prácticas culturales a veces podrían haber diferido de las de los israelitas nacidos en Jerusalén. Es normal que emerjan tensiones cuando existen divisiones étnicas y culturales, y este conflicto, que podríamos considerar el primer problema cristiano, versa sobre la negligencia de las viudas cristianas griegas.

Como todos los primeros apóstoles eran hebreos, habría resultado natural que no se tuviera en cuenta a las viudas griegas. Los apóstoles demuestran una gran sabiduría al delegar esta responsabilidad para no tener que abarcar demasiado y también al convocar a la comunidad griega para que elijan líderes de entre ellos; líderes a los que denominan «los que sirven». La palabra griega (diakoneo) es la raíz de la que deriva el sustantivo «diácono» y probablemente sea este pasaje el que haya inspirado el oficio posterior y más formal del diácono; aquel que sirve para suplir las necesidades prácticas, y hasta materiales, de la comunidad cristiana. En Hechos 6:7 encontramos la primera frase sintetizadora y termina la primera fase principal de la iglesia en Jerusalén.

III. La iglesia en Judea, Galilea y Samaria (Hch. 6:8-9:31)

Estos pasajes constituyen la siguiente subdivisión de esta primera mitad del libro de Hechos, que podría recibir el título de la iglesia en Judea, Galilea y Samaria. Se nos presentan tres personajes principales, de cuyos ministerios recibimos una breve información: Esteban y Felipe, dos de esos primeros «diáconos» que la comunidad cristiana judía y griega acababa de elegir y Saulo, un judío muy ferviente de Tarso, discípulo del rabino Gamaliel de Jerusalén, que luego se convertirá en el misionero más famoso de los primeros cristianos.

A. El ministerio de Esteban

Hechos 7, enmarcado por los últimos versículos del capítulo 6 y los primeros del 8, describe el ministerio de Esteban, quien aparentemente logra entender cómo el cristianismo se liberará de sus relaciones con las instituciones judías como la ley, el templo, y la tierra con más claridad que muchos cristianos hasta ahora. Entonces, su sermón lo convierte en el primer cristiano arrestado y, en lugar de ser liberado, es martirizado. Esteban da un largo discurso en su defensa, que ocupa la mayor parte el capítulo 7 y parece un breve resumen de la historia del Antiguo Testamento. Pero su objetivo principal parece ser señalar que el cristianismo no necesita estar ligado a la tierra, la ley, ni el templo, justamente porque el pueblo de Dios a veces, durante la historia, y ya bajo la antigua dispensación, no estaba sujeto a estas instituciones.

Los patriarcas a menudo se fueron, tuvieron que huir, finalmente como esclavos a Egipto sin heredar la promesa de la tierra. La misma ley dada a Moisés predice que vendrá otro profeta, mayor que Moisés, que cambiará el orden y la forma de aplicar y cumplir la ley. Y el templo ni siquiera cumple con el ideal original y perfecto de Dios, sino que es una especie de acuerdo que respeta los deseos de los israelitas. Es lo suficientemente extremista como para que lo apedreen hasta matarlo (es el primer mártir cristiano) y para que se produzca una persecución, quizás entre los primeros cristianos judíos griegos y más radicales. Sólo quedaron los cristianos judíos hebreos y más conservadores, tal vez solo los líderes, o sea los doce apóstoles, en Jerusalén.

B. El ministerio de Felipe el evangelista

Pero el Evangelio se sigue extendiendo como parte de la persecución y la huida de los líderes griegos. Felipe está en Samaria predicándoles a los samaritanos y encuentra una respuesta favorable y tan asombrosa que mandan a llamar a Pedro y Juan de Jerusalén para que confirmen que los samaritanos realmente recibieron el Evangelio. Muchas controversias teológicas dividieron a la iglesia en relación a este tema. ¿Cómo se explica la aparente demora en la llegada del Espíritu Santo?

Algunos considerarían que es un precedente de que la confirmación va separada de la práctica cristiana del bautismo. Otros lo verían como una justificación de que el bautismo en el Espíritu es posterior a la salvación inicial. Quizás la interpretación protestante más común de este texto es que tuvo lugar una situación excepcional bajo circunstancias especiales. La enemistad entre judíos y samaritanos era tan marcada que hasta que los mismos cristianos judíos hebreos y sus líderes no confirmaron las conversiones de los samaritanos, no se pudo superar esta división. No obstante otros sugieren que la salvación aparente de los samaritanos, específicamente como se basó en la conversión de su cabecilla Simón el mago que poco tiempo después demostraría que su fe no era verdadera en absoluto, podría haber sido una experiencia superficial para los primeros creyentes.

Sea cual fuere la solución que encontremos, lo importante es que Lucas quiere que comprendamos que el Evangelio está ampliando sus horizontes y ya no es una secta exclusivamente judía. Otro relato breve que refuerza esta verdad es la descripción del ministerio de Felipe en Hechos 8: anuncia el evangelio a un eunuco etíope que va camino a Gaza mientras lee Isaías 53 y el testimonio del profeta que habla del siervo sufriente que vendría, el ministerio de Jesús. Más allá de lo que podamos decir de este pasaje, lo asombroso es que es un extranjero; aunque bien puede haber sido judío, es un eunuco, un hombre castrado físicamente para poder cuidar el harem real con impunidad, o sea, es alguien que siempre será inmundo de acuerdo con las normas rituales judías. Felipe no lo trata así, sino de igual a igual, como un candidato para la gracia de Dios.

C. La conversión de Saulo o Pablo

La última persona que encontramos en estos breves titulares es Saulo de Tarso y su espectacular conversión camino a Damasco. Aunque ya comenzó a ser un cabecilla en la persecución contra los cristianos para tratar de martirizarlos, Dios en Cristo le cambia la vida completamente. Con una revelación sobrenatural del Señor levantado lo convence de que aquel que él ha estado persiguiendo es en realidad el Señor, y los seguidores de ese Señor ahora deben convertirse en sus compañeros. Luego de esta conversión tan impresionante queda ciego por un tiempo, lo llevan de la mano para encontrarse con Ananías en la ciudad de Damasco, es bautizado, se convierte, no en el perseguidor más importante de los primeros cristianos, sino en el principal vocero, e inmediatamente, para su sorpresa, vuelve con sus compatriotas judíos griegos y les habla con valentía y convencimiento sobre Jesús como el Mesías.

IV. Los avances en Palestina y Siria (Hch. 9:32-12:24)

El último tercio de esta primera mitad del libro de los Hechos es el más breve y contiene la menor cantidad de historias distintivas (Hch. 9:32-12:24). Constituye lo que podríamos titular como los avances en Palestina y Siria. El evento más importante de estos capítulos es la extensa historia de la conversión de Cornelio, que ocupa todo el capítulo 10 y parte del 11. Aquí Pedro, el judío, el cristiano hebreo, llega a comprender con claridad, gracias a la visión triple de la comida inmunda que desciende del cielo en un lienzo, que Dios declara que todos los alimentos son limpios y en consecuencia todas las personas lo son. No hay obstáculo que impida ir de este centurión gentil (un oficial comandante de las fuerzas armadas extranjeras, que teme a Dios y ha estado adorando y orando al Dios de Israel aunque no esté completamente convertido al judaísmo), y aceptarlo bajo los mismos términos, confraternizar con él y predicarle el Evangelio. Resulta interesante que después del extenso sermón de Pedro, aún antes de que pueda darle un cierre y elaborar una conclusión formal, nos encontramos con la segunda experiencia del don de lenguas del libro de Hechos, y nuevamente se presenta para confirmar la realidad de la asombrosa conversión con un grupo de personas, esta vez todos gentiles, algo que de otra manera podría haber generado dudas.

En Hechos 11 y 12 esta primera mitad finaliza con una descripción de la primera iglesia cristiana completamente gentil en la ciudad siria de Antioquía junto con la persecución, el arresto y el martirio del apóstol Jacobo. Luego tenemos la persecución, el arresto y la liberación milagrosa del apóstol Pedro por Herodes Agripa I, el nieto de Herodes el Grande, seguido por el relato del presuntuoso Herodes con aclamaciones blasfemas de sí mismo y recibiendo adoración como si fuera un dios, lo que le acarrea una muerte sobrenatural. Luego de estos sucesos estamos preparados para la segunda mitad y la fase más extensa del libro de Hechos, la misión casi completamente a los gentiles del cristianismo primitivo.

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