Conferencia

I. Introducción a las epístolas Paulinas

En esta lección estamos listos para estudiar las epístolas de Pablo. Son trece y captarán nuestra atención durante varias lecciones. La mayoría parece haber sido redactada durante el período que acabamos de estudiar; la historia de la primera generación del cristianismo y especialmente el ministerio de Pablo que vimos en los Hechos de los Apóstoles de Lucas.

A. Contexto de las epístolas

Antes de introducir toda la colección de epístolas paulinas, comentaremos brevemente sobre la redacción de cartas en general en el antiguo mundo greco romano. Al educar a los niños griegos y romanos, y a veces también a los judíos, se les enseñaba a redactar de determinada manera. Existían diferentes géneros o formas literarias; distintos tipos de epístolas que se consideraban adecuadas para las diversas situaciones. Y en algunos casos podemos identificar que las cartas de Pablo, en líneas generales, se asemejan o se corresponden con una de estas formas literarias específicas. Resaltaremos este hecho cada vez que podamos.

B. Estructura literaria

Todos los tipos de cartas que las personas pudieron escribir en el antiguo Medio Oriente compartían una forma o estructura relativamente fija que, repetimos, se consideraba literalmente adecuada.

(1) Una carta greco romana típica comenzaba con una salutación; algo así como, los saludos de X para Y. El autor se presentaba, nombraba a los destinatarios y redactaba un breve «hola». En el mundo judío, el saludo más común era «shalom» (paz); en el mundo greco romano lo era «charis» (gracia). Es interesante ver que Pablo usa ambas formas en varias de sus epístolas, ya que les desea gracia y paz, pero luego es evidente que cristianiza su saludo mencionando, casi sin excepciones, con el nombre de Jesús. También es común que en estos saludos iniciales se refiera a sí mismo como un apóstol, lo que refleja la autoridad y la inspiración que consideraba que había recibido de Dios.

(2) Después del saludo inicial, la carta greco romana normalmente tenía un breve agradecimiento, a menudo expresado en forma de oración de gratitud o alabanza a Dios o a los dioses. Pablo lo hace casi siempre, y resultan significativos los lugares en donde ese agradecimiento se omite. Y, repetimos, resaltaremos cada caso a medida que lo encontremos.

(3) Luego tenemos el cuerpo, la parte más extensa, donde se registra la información principal que se comunicará.

(4) Si hay pedidos específicos, como en el caso de un superior, un líder como Pablo que les habla a los siervos que están por debajo de él; o sea, si hay órdenes o mandamientos que se espera que se cumplan, normalmente se encuentran agrupados al final de la carta, después de la parte que comunica la información principal.

(5) En quinto y último lugar están los saludos finales, y en las epístolas paulinas vamos a ver diversos tipos de despedidas.

II. Epístola a las iglesias de Galacia

Después de esta breve introducción podemos pasar a lo que pareciera, especialmente para los comentaristas más conservadores, la epístola más antigua, concretamente la carta a los Gálatas. Tradicionalmente, Galacia era el nombre de la provincia del centro y el norte de lo que hoy es Turquía, y del grupo étnico de personas que vivían allí. Sin embargo, los Hechos no registran que Pablo alguna vez se haya adentrado tan al norte, aunque debemos admitir que no hay nada que nos haga suponer que Lucas relate exhaustivamente los viajes misioneros del apóstol.

Pero sí leemos (y acabamos de estudiar el ministerio de Pablo en el área que se ubica precisamente al sur de lo que históricamente se llamó Galacia; las ciudades de Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra y Derbe) que cuando Roma se apoderó de esa parte de Medio Oriente antiguo y reorganizó sus territorios en provincias más grandes por motivos gubernamentales, las ciudades del sur que acabamos de mencionar se incorporaron a una provincia mayor, también llamada Galacia, que, además de los gálatas del norte, abarcaba los pueblos del centro y ligeramente del sur de Turquía. Entonces es probable que sean éstos los gálatas que Pablo tiene en mente cuando dirige su carta. En Gálatas 3:1 encontramos una confirmación casual de esta conclusión, cuando Pablo se lamenta porque los gálatas a los que les escribe se dejan cautivar con tanta facilidad. Nos sentimos tentados a relacionar esa afirmación con la historia que estudiamos en Hechos 14 que muestra lo confundidos y engañados que estaban los habitantes de Listra, quienes primero pensaron que Pablo y Bernabé eran dioses, y luego se volvieron contra ellos casi como si fueran demonios.

A. Contexto

Las circunstancias que provocaron la redacción de esta epístola parecen ser las mismas que desembocaron en el concilio apostólico que narra Hechos 15, el debate sobre si los gentiles que venían a Cristo, que hacían profesión de fe y se unían a la iglesia, necesitaban circuncidarse o, en un sentido más general, guardar las leyes de Moisés para ser salvos. Aparentemente, un grupo de judíos, incluso judíos que profesaban la fe en Cristo, comenzó a promover esta teoría y Pablo en la carta a los Gálatas los llama «judaizantes». En realidad, es probable que las circunstancias inmediatas y la redacción de la carta tuvieran lugar justo cuando Pablo se preparaba para ir a ese concilio apostólico de Jerusalén que cuenta Hechos 15. Debemos admitir que es difícil tratar de relacionar la evidencia de los Hechos con la evidencia de esta carta, ya que Pablo narra los hechos que rodearon su conversión y el ministerio posterior en los capítulos 1 y 2 de Gálatas. Se refiere a un período de diecisiete años entre su conversión y un viaje a Jerusalén en el que, junto con los líderes judíos presentes, debate y analiza a fondo la teología que está proclamando. Esta reunión o congreso, descripta en Gálatas 2:1-10, tiene, al menos superficialmente, algunas similitudes con el concilio apostólico de Hechos 15.

B. Fecha y propósito

Si establecemos la correlación entre ambos pasajes, entonces obviamente la epístola a los Gálatas tiene que haber sido escrita poco tiempo después del concilio apostólico. Pero si es ese el caso, la conducta de Pedro que narra Gálatas 2:11 y los versículos posteriores es difícil de comprender. Pedro parece volverse de las decisiones unánimes tomadas en ese congreso cuando va a Antioquía, y se retrae y aparta de los cristianos gentiles no circuncidados por presión de los judaizantes. Obviamente sabemos que la trayectoria de Pedro está marcada por los altibajos, pero quizá sea mejor buscar otra conexión entre Hechos y Gálatas.

En realidad Hechos relata varios viajes de Pablo a Jerusalén, al igual que Gálatas, y parece más apropiado hacer otro tipo de relación entre estos datos. Hechos 9 describe la conversión inicial de Pablo, que el mismo apóstol cuenta en Gálatas 1. Pablo dice que tardó tres años en subir a Jerusalén a encontrarse con los apóstoles de ese lugar. Eso, de hecho, se relaciona más naturalmente con la visita debido a la escasez que cuentan los últimos versículos de Hechos 11, cuando el profeta Agabo predijo que habría una gran hambre especialmente en Judea y los cristianos de Antioquía decidieron enviar fondos para socorrer a la iglesia de Jerusalén. A primera vista, el relato que vemos en Hechos 11:27-30 no parece tener tanto en común con Gálatas 2:1-10 pero, en realidad, también hay algunas pruebas secundarias. Pablo dice que subió a Jerusalén por una revelación, que sería lo natural si se estuviera refiriendo a la profecía de Agabo, y en Gálatas 2:10 aclara que estuvo de acuerdo en acordarse de los pobres, lo cual procuró hacer con diligencia. Eso se corresponde naturalmente con Hechos 11.

Entonces, quizás debamos interpretar que el encuentro que Pablo narra en Gálatas 2:1-10 sea otra reunión más informal con los líderes y apóstoles de Jerusalén, antes del concilio apostólico más formal que describe Hechos 15. Para resumir estos datos bastante complejos, debemos entonces relacionar Hechos 9 y la historia de la conversión de Pablo con Gálatas 1:15-24; Hechos 11:27-30 con Gálatas 2:1-10; y Hechos 15:1, cuando algunos creyentes vienen a Antioquía y dicen que los cristianos gentiles también deben circuncidarse para ser salvos, con el enfrentamiento entre Pedro y Pablo de Gálatas 2:11 en adelante. En consecuencia, esto significa que la carta es redactada después del primer viaje misionero, apenas Pablo vuelve y mientras se prepara para subir a Jerusalén al concilio apostólico. Quizás la escribiera en el apuro, lo que explicaría el tono áspero que encontramos en toda la carta, cuando Pablo descubre que los mismos judaizantes que instigaron el conflicto entre él y Pedro en Antioquía, o al menos individuos de la misma calaña, ahora causan problemas en las iglesias que evangelizó al sur de Galacia; Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra y Derbe.

Entonces Pablo les redacta lo que podríamos considerar una apología (apología con el sentido de una defensa de la fe) o más particularmente en esta instancia, una justificación de la fe, como Pablo la enseñó contra estos intrusos judaizantes, que profesan ser cristianos y a la vez son judíos, pero que Pablo cree que transgreden los límites de la sana doctrina y se convierten en falsos maestros porque enseñan que las obras de la ley son un prerrequisito necesario para la salvación.

C. Defensa de la gracia (Gal. 1:1-2:14)

Entonces, Gálatas consiste en la defensa vehemente que Pablo hace de esta perspectiva del Evangelio y la redacta como respuesta. La podemos dividir en tres categorías principales. Primero, en 1:1-2:14, Pablo defiende su autoridad apostólica. Aunque escribe a personas que en su mayoría son el resultado de su propio ministerio evangelístico en ese lugar, debido a las amenazas de esos falsos maestros debe volver a defender la legitimidad del Evangelio que predicó. A su vez esta sección puede subdividirse en ocho estrategias que usa el apóstol para lograrlo. (1) En los primeros cinco versículos escribe un extenso y detallado saludo teológico, poco común para las normas antiguas, donde resalta su autoridad apostólica. (2) Deja de lado el agradecimiento o la oración convencional que caracteriza a casi todas las otras epístolas. Para él la situación es tan grave que desea usar el estilo literario indicado, para que sus lectores reconozcan que está muy disgustado. (3) Comienza el cuerpo de la carta declarando desde el versículo 6 en adelante que no existe otro Evangelio fuera del que les presentó. Esto no significa que no pueda haber habido diversidad en la interpretación cristiana del Evangelio durante la historia, pero sí quiere decir que en este punto específico que lo preocupa tanto, o sea, cualquier intento de imponer legalmente ciertos requisitos de buenas obras para poder obtener la salvación, el evangelio predicado es falso y se debe combatir con firmeza.

Los cinco puntos restantes del capítulo 1 y 2 sobre la estrategia de Pablo describen de manera autobiográfica la forma en que Dios ha obrado en la vida del apóstol (que cuando profesaba la fe judía se llamaba Saulo de Tarso pero se puso el nombre griego Pablo cuando comenzó a predicar principalmente en círculos gentiles), comenzando desde su conversión hasta sus encuentros en Jerusalén, el apostolado y el cristianismo durante los últimos años. (4) Al principio cuenta lo aventajado que estaba, lo exitoso que era y hasta lo justa que consideraba su vida cuando era judío. Esta afirmación de Gálatas 1:11-14 en particular, desmiente varias teorías de que Pablo de alguna manera está sicológicamente preparado para la conversión, frustrado con su incapacidad para cumplir la ley siendo judío, o como Martín Lutero muchos años después. Otros pueden haberse sentido así en algún otro momento o lugar, pero no es este el testimonio de Pablo. Podemos consultar Filipenses 3:6 para tener una referencia cruzada y volveremos a resaltar que Pablo se sentía justo cuando era judío, muy celoso de sus tradiciones ancestrales, tal como lo dice en Gálatas. Ninguna otra cosa que no fuera la aparición espectacular y sobrenatural del Señor resucitado camino a Damasco podría haberle cambiado la vida. (5) Después de su conversión, Pablo resalta que no consultó inmediatamente con los apóstoles de Jerusalén. En toda esta sección hace hincapié en que recibió la fe cristiana completamente de Dios, al menos en cuanto a los fundamentos más esenciales y no a través de ningún otro individuo. (6) Describe que tres años después (si ubicamos la conversión en el 32, entonces probablemente sea el año 35), consultó con los apóstoles, pero su contacto fue mínimo (1:18-24). (7) Luego, cuando llegamos a 2:1-10, Pablo cuenta que, cuando efectivamente pasó más tiempo con ellos catorce años después, aprobaron su cristianismo y no lo condicionaron de ninguna manera, salvo alentándolo a que continuara preocupándose por los pobres. (8) Todo esto significa que, cuando Pedro vino a Antioquía, merecía ser condenado, como Pablo bien explica. No era coherente con los principios que habían acordado. Quizá no lo haya reconocido inmediatamente, o tal vez Pedro recién en el concilio apostólico convocado en Jerusalén, unos días o unas semanas después del fragor del momento, pudo comprender que, como verdaderamente lo expresa en Hechos 15, los judíos, como sabemos, son salvos por gracia al igual que los gentiles. En el momento comprometía sus normas, pero Pablo narra la historia de su grave enfrentamiento con Pedro, para dejar en claro que en todo momento Pablo actuó de acuerdo a la voluntad de Dios y no según ninguna autoridad humana y fue fiel al Evangelio revelado por el Señor.

D. Explicación de la gracia (Gal. 2:15-4:31)

Desde 2:15 hasta el final del capítulo 4 Pablo expone la segunda estrategia importante y parte del bosquejo de su carta: volver a definir para los gálatas que el evangelio cristiano es solo por fe, independientemente de las obras de la ley. El capítulo 2, de los versículos 15 a 21, que puede interpretarse como lo que Pablo le siguió diciendo a Pedro en Antioquía, o como el final de la discusión y el comienzo de las reflexiones que Pablo hace sobre el incidente para su audiencia, describe en forma bien compactada, la idea principal de toda la carta: la justificación es por fe y no por las obras de la ley. El término «justificación» es muy importante en todos los escritos de Pablo y consiste en una metáfora tomada del mundo legal, más específicamente, de una corte judicial. Era la palabra que comúnmente se usaba en el mundo greco romano para designar a la persona a la que se declaraba «no culpable», o sea, un acusado que era absuelto.

En el caso de la aplicación espiritual, es claro que los seres humanos, incluso

los futuros cristianos, son culpables de pecar; pero usar la metáfora de la justificación es una forma de declararlos absueltos o no culpables ante los ojos de Dios por la muerte de Cristo, que pagó la pena que nosotros merecíamos y en consecuencia permitió que se llegara al veredicto de «justificado». En las secciones que quedan de los capítulos 3 y 4, Pablo usa diversas estrategias para defender la idea de que la correcta relación con Dios es consecuencia de la fe sola y no de las obras de la ley.

(1) Al comienzo del capítulo 3 vuelve a apelar a la experiencia personal de los mismos gálatas, recordándoles que no recibieron el evangelio por obras cuando primero se les predicó, sino por medio de la fe.

(2) Retrocede hasta el fundador de la nación judía, el George Washington de Israel por decirlo de algún modo, o sea Abraham, para señalar que allá por Génesis 15 fue declarado justo debido a su fe, y no a las buenas obras que efectivamente luego realizó en los años y los capítulos siguientes de ese libro. Si hasta el fundador de la nación fue salvo por fe y no por obras, entonces evidentemente también se debía interpretar que los judíos, para no mencionar a quienes no habían recibido una educación no judía, en la era cristiana recibían la salvación de la misma manera.

(3) Desde Gálatas 3:10, Pablo expone que la ley nunca pudo salvar a nadie. En el Antiguo Testamento, la ley a menudo tenía que confrontar a los israelitas con su pecado. Incluía los sacrificios de animales como recursos temporales que tipificaban el sacrificio completo que vendría, un tema que desarrollará la epístola de los Hebreos mucho más detalladamente. Pero la ley no era concluyente: nunca era un fin en sí misma y siempre estaba incompleta. Nunca podría proveer, por si sola, la salvación eterna para toda época y todas las personas.

(4) Pablo vuelve a usar una analogía de la historia al decir que la ley era, por decirlo de algún modo, un período intermedio. La ley llegó más de 400 años después del pacto original con Abraham, y no lo superó. Entonces, si antes del período de la ley, Abraham podía ser justificado por fe, después de que se completó la ley, con la venida de Cristo, también se delimita una era en la que claramente la religión no es por las obras de la ley sino sólo por fe.

En este punto Pablo parece anticipar una posible objeción, concretamente, «¿para qué sirve la ley?», y en 3:19-4:7 trata este tema. Por un lado, y quizás paradójicamente, la ley realmente hizo que aumentaran las transgresiones, o el incumplimiento consciente de la ley. Algo triste de la naturaleza humana es que las cosas que no están vedadas a veces se vuelven más atractivas una vez que se sanciona la ley para prohibirlas. Pero el argumento principal que desarrolla Pablo en cierta manera es lo contrario. La ley fue dada con un propósito cautelar. Vino como un paidagogos (término griego usado en el original), aunque en el mundo antiguo un pedagogo era un esclavo que llevaba a los niños a la escuela y los iba a buscar. Hoy podríamos decir que la ley era un autobús escolar; no tenía una función instructiva ante todo, sino una función cautelar o protectora. La ley nos protegía de ser tan malos como podríamos haber sido sin ella, hasta que llegara el momento en que viniera Cristo. Pero Pablo continúa para dejar en claro que ese momento ya llegó.

Las partes que quedan del capítulo 3 y el comienzo del capítulo 4 hablan sobre los privilegios que tenemos en Cristo en esta época sin ley; entre otros, que mediante la identificación con Cristo en el bautismo (Gál. 3:28) no hay judío ni griego, esclavo ni libre, varón ni mujer. Después de este paréntesis, Pablo vuelve a argumentar sobre la legitimidad de su interpretación de la justificación por fe, finalizando el capítulo 4 con una famosa alegoría en la que compara y contrasta la interpretación de los judaizantes de quién era esclavo y quién era libre, con su propia interpretación en Cristo. De acuerdo con la descendencia literalmente física, los judíos literales eran los que, debido a su ascendencia hasta el hijo elegido (Isaac fue el hijo favorito de Abraham), se consideraban el pueblo elegido de Dios. A los gentiles se los veía como forasteros, descendientes de Ismael, hijo de una esclava Agar, sierva de su padre Abraham. Sin embargo, Pablo invierte completamente esta alegoría o analogía diciendo que los cristianos, al igual que los judíos y los gentiles, son espiritualmente libres porque son descendientes espirituales de Abraham por la fe. Y los que todavía están atados a las obras de la ley, aunque sean judíos y literalmente miembros de la raza elegida de Dios, están en esclavitud espiritual. Más allá de haber podido convencer a los judaizantes, Pablo invierte completamente el pensamiento judío convencional de la época, y así supone que convencerá a su audiencia, los gálatas.

C. Aplicación de la gracia (Gal. 5:1-6:18)

Entonces, la última sección, los dos últimos capítulos de Gálatas, tratan un tema diferente. Es posible ser demasiado legalista, pero también es posible usar mal la libertad y dar lugar al libertinaje de una vida inmoral. Para que el énfasis del apóstol durante los primeros cuatro capítulos no sugiera que la vida cristiana deba carecer de cualquier tipo de norma moral, los capítulos 5 y 6 desestiman esta teoría en particular. No hay un estado intermedio, explica Pablo; es una cosa o la otra. Luego de dejar esto bien claro, explica que la vida cristiana es muy ética y moral. En este contexto, en la última parte del capítulo 5, tenemos las famosas descripciones del amor como el resumen de toda la ley; el conocido fruto del Espíritu (amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza); y la afirmación de Gálatas 6:2 de que cuando nos relacionamos con los demás correctamente mediante el Espíritu de Dios, cumplimos la ley de Cristo. Luego Pablo termina la carta resumiendo estos temas importantes y dando sus saludos finales.

F. Significado teológico de Gálatas

Es difícil superar el famoso resumen de Martín Lutero sobre el mensaje teológico y el mensaje principal de la epístola a los Gálatas: es el manifiesto, o hasta podríamos decir, la «carta magna» de la libertad cristiana. Los cristianos son libres de cualquier forma de legalismo. Pero cuando intentamos aplicar este tema, debemos darnos cuenta de que al menos hay dos tipos diferentes de legalismo: por un lado lo que algunos consideran un «legalismo severo» (pone por delante la ley o las buenas obras como prerrequisito para la salvación), que en general no es un mal tan común en la iglesia de Jesucristo; y por otro lado un «legalismo flexible», que transforma sutilmente lo que intenta ser una relación radiante con Dios a través de su Espíritu Santo, en una extensa lista de permisos y prohibiciones que sobrepasan cualquier mandato bíblico. Nadie diría que esta lista es un requisito previo de la salvación, pero si tenemos una actitud que hace que la relación libre y viva deje de ser una vida gozosa y se transforme en el cumplimiento de leyes, basadas en la conducta u orientadas hacia el comportamiento, podemos ser tan culpables de legalismo como los judaizantes que el mismo Pablo tuvo que denunciar.

00:00 /

Materiales de la lección

Transcripción