Conferencia

I. Introducción

A medida que avanzamos cronológicamente en nuestro estudio de las epístolas paulinas, llegamos a una colección de cuatro cartas que históricamente recibieron el nombre de epístolas de la prisión, porque todas mencionan que Pablo las escribió mientras estuvo preso. No se nos dice específicamente qué prisión, pero desde principios de la historia eclesiástica se ha supuesto que reflejan el período de arresto domiciliario en Roma, a principios de la década de los 60 del primer siglo. Las cuatro cartas de las que hablamos son Filemón, Colosenses, Efesios y Filipenses. Los eruditos también han separado Filipenses de las otras tres, porque suponen que proviene de un período un poco posterior de este encarcelamiento, ya que contiene comentarios más tristes en los que Pablo acepta la posibilidad real tener que enfrentar la muerte cuando sepa el veredicto de la apelación a Cesar.

Las razones para incluir Filemón, Colosenses y Efesios en el mismo período de tiempo, quizás un poco anterior durante el encarcelamiento del apóstol a principios de los años 60, se relaciona con el hecho de que aparezcan los mismos nombres en los diferentes saludos dispersos en estas epístolas. Filemón aparentemente es un cristiano de la iglesia de Colosas, y tanto Colosenses como Efesios son entregados por el mismo cartero o mensajero, un hombre llamado Tíquico. Otros nombres comunes en estos manuscritos son Epafras, pastor de la iglesia de Colosas, Marcos, Aristarco, Demas y Lucas. Probablemente no podamos dar detalles más específicos sobre las circunstancias, ni determinar la secuencia de estas tres epístolas, si en verdad todas fueron redactadas y enviadas más o menos en la misma época, pero vamos a analizarlas en ese orden en particular.

II. El libro de Filemón

La carta a Filemón es la más corta de todas las epístolas de Pablo, y a primera vista parece un documento muy privado.

A. El contexto

Filemón, un cristiano de Colosas o los alrededores, perdió uno de sus esclavos, Onésimo, que se escapó. Onésimo conoció a Pablo, probablemente mientras estaba en Roma en arresto domiciliario pero todavía con la libertad de recibir visitas, y en esas circunstancias se convirtió al cristianismo. Ahora Pablo envía a Onésimo de vuelta con Filemón pero le pide a este último que lo reciba en el espíritu renovado de las relaciones fraternales cristianas que este ex amo y ex esclavo ahora comparten.

Pablo no le pide expresamente a Filemón que le dé la libertad a Onésimo, pero alude al hecho de que aquel que en otro tiempo le era inútil ahora les es útil (un juego de palabras con el significado del nombre Onésimo; «útil»), y añade que quisiera retenerlo para su servicio, lo que quizás sea un indicio de que espera que Filemón declare libre a su esclavo. Esta breve epístola también es un modelo del tacto apostólico, ya que Pablo en varias ocasiones comenta que no desea coaccionar a Filemón, sino que quiere que responda voluntariamente y entonces apela a su propia autoridad, no tanto como apóstol sino como anciano, el anciano a quien Filemón debe su propia alma y su vida. Quizás fuera evangelizado indirectamente a través del ministerio de Epafras en Colosas mientras Pablo predicaba en la comunidad cercana de Éfeso.

B. El tema de la esclavitud

La gran pregunta del individuo moderno que lee Filemón es: ¿Por qué Pablo no confronta el tema de la esclavitud más directamente? Podemos dar al menos cinco breves respuestas. En primer lugar, debemos recordar que en el mundo antiguo, la esclavitud no era tan inhumana o maligna como la vemos en nuestros contextos actuales, sobre todo la esclavitud del siglo diecinueve en América del Sur. Obviamente algunos esclavos vivían en condiciones brutales pero otros eran más bien sirvientes o mayordomos en las residencias de los nobles. Segundo, la esclavitud no estaba básicamente relacionada con el racismo en el Imperio Romano antiguo, como a menudo ha sucedido en otros lugares, sino con la sumisión de los territorios conquistados. Tercero, en una cultura en la que el cristianismo no era ningún tipo de fuerza poderosa, es muy poco probable que tuvieran éxito los intentos masivos de emancipación, y en realidad, habrían sido contraproducentes para esta institución que estaba en sus orígenes. En cuarto lugar, el interés principal de Pablo que se refleja en sus escritos versa más sobre la liberación interior y espiritual que conlleva el evangelio. Pero finalmente, el apóstol efectivamente enseña en 1 Corintios 7:17-24 que si un esclavo tiene la oportunidad de lograr su libertad, debe procurarlo.

Un comentarista explica que aunque Pablo no confronta directa y específicamente la institución de la esclavitud, lo que hace esta carta es llevarnos a un punto en el que esta práctica decae y desaparece. Indudablemente fue conservada por esta razón. La tradición dice que Onésimo se convirtió en obispo de Éfeso al final del primer siglo. Si dicha tradición es correcta, entonces aquí tenemos un líder cristiano influyente que reconoció que la proclama de su emancipación personal, por decirlo de alguna manera, podría ser muy útil y de mucha influencia en la iglesia de Jesucristo en un sentido más general.

III. El libro de Colosenses

La segunda epístola de la prisión que queremos analizar es la carta a los Colosenses. Este breve manuscrito es el segundo que escribió Pablo a toda una congregación cristiana que no fundó personalmente. Pero como ya mencionamos, podría haber sido consecuencia de su ministerio en la localidad cercana de Éfeso.

A. El contexto

Aquí Pablo parece tener que atacar una versión particularmente singular de una enseñanza falsa, que por falta de un nombre específico simplemente se ha llamado la herejía colosense. Contiene elementos de las controversias judaizantes que vimos en cartas anteriores, pero también parece contener principios de tendencias más gnósticas. El capítulo 2, por ejemplo, se refiere a debates sobre varias leyes rituales, entre ellas las leyes ceremoniales sobre la comida limpia e inmunda y las diferentes fiestas semanales, estacionales o anuales. Evidentemente quienes exigen esos rituales insinúan una filosofía judaizante. Pero en el mismo contexto, a sólo dos versículos (2:18), se menciona el culto a los ángeles, algo que ningún judío ortodoxo jamás haría, pero que sí era común en varias formas de religión griega. También describe la falsa humildad que es consecuencia de una dependencia orgullosa del ascetismo o de las visiones espirituales; nuevamente, componentes mucho más similares a lo que conocemos de otras formas de pensamiento griego que a la doctrina judía.

Las consecuencias indirectas de esta enseñanza falsa afectaron tres doctrinas cristianas particulares que pablo tiene que abordar en esta carta: la cristología, o sea la interpretación de la persona de Cristo Jesús; la soteriología o doctrina de la salvación; y la antropología o doctrina de la humanidad (la naturaleza humana). Para las tendencias más judaizantes de esta herejía, era difícil que los futuros cristianos creyeran que Jesús era completamente Dios, lo que aparentemente coincidía con el monoteísmo judío. Entonces esta carta contiene algunas de las afirmaciones más fuertes sobre la deidad de Cristo que encontramos en toda la Escritura. Para los judaizantes, desde el punto de vista de la soteriología (doctrina de la salvación) implica, como ya vimos, que varias obras o rituales judíos deben completar la expiación de Cristo, lo que produce una interpretación inadecuada de la respuesta humana a lo que Dios hizo a través de Cristo. Para las tendencias más gnósticas de esta herejía colosense particular, la dificultad era exactamente lo opuesto; como creían en la completa humanidad de Cristo, los cristianos no podían ser completamente salvos ya que el aspecto espiritual y el aspecto material, o sea el espíritu y el cuerpo, estaban incorrectamente separados. Por eso la carta también contiene afirmaciones contundentes sobre las consecuencias prácticas morales o éticas del Evangelio, que deben ser evidentes si alguien asegura que es creyente de Cristo.

B. El bosquejo

Si estudiamos la estructura de la carta podemos ver que el autor desarrolla esas inquietudes en forma secuencial. Una vez más, bastante similar al libro de Romanos, hay una sección teológica, la mayor parte de los primeros dos capítulos; y una sección ética, que en gran medida son los dos capítulos que siguen.

C. Exposición teológica (Col. 1:15-2:23)

Después de la introducción, la exposición teológica avanza formalmente en 1:15-2:23. La parte más llamativa y famosa de este segmento es la primera, donde a partir de 1:15 tenemos un himno o poema famoso sobre la doctrina, un credo o una confesión muy descriptiva de quién es Cristo. En estos versículos, combinados con la afirmación que luego tenemos en 2:9, como acabamos de mencionar, tenemos algunas de las aseveraciones más contundentes sobre la deidad de Cristo y su señorío, no solo sobre individuos cristianos sino sobre todo el cosmos. Entonces, a medida que se desarrolla esta sección, se desprende que Cristo es quien constituyó la expiación completa, quien garantiza la reconciliación con Dios, supeditado a la perseverancia de los Colosenses (1:21-23), reconciliación debe demostrarse a nivel humano, especialmente entre judíos y gentiles, que eran los grupos étnicos más enemigos en el primer siglo (1:24-2:7).

En tercer lugar, y atacando la herejía colosense más directamente, se excluye la reconciliación con cualquier otra filosofía o religión (2:8-23). Y en esta sección encontramos las referencias específicas mencionadas antes a las doctrinas judaizantes y gnósticas. En la historia de la iglesia seguimos encontrando enseñanzas paralelas, como por ejemplo, quienes ordenan de manera legalista el sábado como día particular de reposo con una extensa lista de lo que se puede y lo que no se puede hacer en ese día. Colosenses 2:16-17 es una de las afirmaciones más claras del Nuevo Testamento contra cualquier forma de sabatismo, que explica que las leyes judías sobre el día de reposo solo eran parte de una sombra, de la sustancia de quién era Cristo. Esas leyes se cumplieron en Jesús y entonces no debemos obedecerlas literalmente como hacían los judíos de otrora.

D. Consecuencias éticas (Col. 3:1-4:18)

Los capítulos 3 y 4 luego hablan de las consecuencias éticas del evangelio, y particularmente de las implicancias antropológicas. Concretamente, ¿cómo deben interpretar los seres humanos su naturaleza y su respuesta a la completa deidad y la completa expiación que Cristo proveyó? En los primeros párrafos de Colosenses 3 hay una yuxtaposición sorprendente entre, por un lado, el llamado a los cristianos de Colosas a centrarse en Dios, en el terreno celestial, a centrarse en las cosas celestiales (este lenguaje a primera vista sugeriría cierta forma de misticismo o meditación contemplativa). Pero después de estos cuatro primeros versículos, de 3:5 en adelante inmediatamente se explica cómo lograr este enfoque en las cosas celestiales. Se concreta mediante el comportamiento común de una vida moral cristiana y decente. A diferencia de las tendencias gnósticas de la herejía colosense, el cuerpo y el espíritu no se pueden separar. Uno no puede asegurar que tiene cierta unión espiritual con Cristo o con Dios, o cierta madurez espiritual, si no se evidencia una vida moral que surja como la consecuencia ética natural de esta supuesta relación. La última parte del capítulo 4 entonces, cierra con los saludos convencionales que ya estamos acostumbrados a ver en las cartas de este autor.

Hay otro elemento estructural interesante en esta última mitad de Colosenses, en el que Pablo debate la relación entre esclavos y amos, entres esposas y esposos, y entre hijos y padres. Esta sección, 3:18-4:1, inmersa en las exhortaciones éticas de las epístolas, sigue una forma o un género literario bien conocido en el mundo antiguo, que a menudo los eruditos han llamado el código doméstico de la ética. Tanto en la cultura antigua judía, como griega y romana, a menudo las exhortaciones éticas incluían instrucciones de cómo debían conducirse las personas que tenían una relación de autoridad y subordinación.

Las tres categorías que Pablo enuncia aquí no son nuevas, pero lo radical es el enfoque recíproco de las responsabilidades de las personas que tienen un puesto de autoridad en cada relación en particular. Pablo desarrollará estos temas con más detalles cuando veamos la carta a los Efesios. Pero al resumir la contribución distintiva de la epístola a los Colosenses y la respuesta de Pablo a la herejía de Colosas, es interesante que analicemos hasta qué punto nuestras culturas en particular, aunque profesen ser cristianas, tienen una cristología inadecuada. ¿Realmente creemos que Cristo es la expresión completa de la plenitud divina; tanto su deidad como su completa humanidad? ¿Reconocemos que la expiación es completa y ninguna obra humana puede de ningún modo complementarla o completarla? ¿Y reconocemos que es imposible divorciar la fe que profesamos en la unión con Cristo de la conducta moral común y la vida cotidiana? Si lo expresamos de esta manera, hay muchos paralelismos alarmantes entre la herejía colosense y el cristianismo contemporáneo que esta carta pone en evidencia.

IV. El libro de Efesios

La tercera epístola de la prisión es entonces, la carta a los Efesios. Hay varios datos interesantes sobre Efesios que han hecho que los eruditos duden si en realidad el autor fue Pablo, lo mismo que a veces sucede con Colosenses.

A. El contexto y el autor

Por un lado, parece ser una carta muy general y sistemática, bastante parecida a Romanos, casi sin saludos personales y con pocas evidencias de que Pablo haya tenido contacto directo con los destinatarios. Y sin embargo, Éfeso fue la comunidad en la que Pablo pasó más tiempo si la comparamos con las demás paradas de sus viajes misioneros. Efesios y Colosenses también son más similares entre sí que cualquier otro par de cartas de la colección apostólica, lo que generó la duda de si algún cristiano desconocido posteriormente copió Efesios de la antecesora más auténtica, la epístola a los Colosenses. En tercer lugar, los tres manuscritos más antiguos y más confiables que tenemos de la carta a los Efesios no tienen la frase «en Éfeso» en el primer versículo. Dicho de otra manera, no afirma que está dirigida a ninguna congregación cristiana en particular.

Por eso muchos estudiosos creen que Efesios no pertenece a Pablo. Muchos eruditos conservadores sugieren que quizás el apóstol le dio mucha más libertad a otro amanuense o escriba para completar los detalles de la carta, probablemente comparándola con su epístola a los Colosenses y que quizás deberíamos imaginar que Efesios no fue dirigida solamente a la iglesia de Éfeso sino que se trataba de una circular, o una encíclica, probablemente para muchas de las iglesias cercanas a aquella ciudad, bastante similar al libro de Apocalipsis que luego dirá explícitamente que fue dirigido a las siete iglesias de Asia, entre ellas, curiosamente, Éfeso. Esto también podría explicar la referencia que tiene el final de la epístola a los Colosenses a otra carta aparentemente desconocida a los laodicenses, a la que van a tener acceso y que van a leer. Si en realidad Efesios fue dirigida a varias iglesias de Éfeso y los alrededores, una de las cuales era Laodicea (y resulta interesante que nos volvamos a encontrar con una de las mismas iglesias a las que fue dirigido el libro de Apocalipsis), eso podría dar cuentas de esta referencia enigmática.

Sin embargo, se menciona varias veces los lugares celestiales, Satanás como el príncipe y la potencia de los aires, la batalla que enfrentan los cristianos y, más evidentemente en el último capítulo de Efesios, de 6:10 en adelante, todo el tema de la guerra espiritual, lo cual encaja muy adecuadamente con lo que leemos en Hechos 19 sobre el tiempo que pasó Pablo en Éfeso y la magia o el ocultismo que tuvo que combatir en ese lugar. Entonces creemos que cierta combinación de estas explicaciones podría permitirnos continuar afirmando que Pablo fue el autor original de esta epístola. Como ya mencionamos, su bosquejo es muy parecido al de Colosenses, igual que algunos de los contenidos específicos, por lo que, a continuación, vamos a comentar brevemente los contenidos. Los primeros tres capítulos son básicamente teológicos y los últimos tres, básicamente éticos.

B. El bosquejo

Dentro del agradecimiento de los primeros versículos del capítulo 1 tenemos una extensa oración que desarrolla la naturaleza trinitaria de la fe cristiana, una alabanza a Dios por lo que hizo, seguido por la descripción de las funciones de cada una de las personas de la Trinidad. El capítulo 2 incluye los famosos versículos 6, 8 y 9 que resaltan que la salvación es completamente por gracia por medio de la fe, aunque el versículo 10, correctamente ubicado en el mismo contexto, nos recuerda que nosotros, los que fuimos salvos por gracia por medio de la fe, también somos creados en Cristo Jesús para buenas obras. Las buenas obras son una consecuencia natural de la salvación por fe. El capítulo 3 nos introduce a un tema paulino clave: concretamente, el misterio de la revelación cristiana, misterio que en el versículo 6 se define específicamente como la unidad en la iglesia entre judíos y gentiles. Los versículos 9 y 10 explican que esa unidad tiene una función evangelística frente a todas las fuerzas hostiles de este mundo, quizás hasta la de impactar en las fuerzas diabólicas que se esconden tras las autoridades terrenales no cristianas.

Luego los capítulos 4, 5 y 6 desarrollan las implicancias éticas de este evangelio. Muy parecido a lo que encontramos en Romanos y 1 Corintios, tenemos una sección sobre el uso de los dones espirituales, especialmente para promover la unidad de la iglesia. En el capítulo 5, a partir del versículo 18, tenemos el mandamiento de ser llenos del Espíritu, que, entre otras cosas, se amplía con la explicación de cómo debe ser la relación correcta entre los mismos tres grupos que vimos aludidos en Colosenses. Sin embargo, aquí Pablo amplía las instrucciones, especialmente en relación a los esposos. Las mujeres deben sujetarse a sus maridos, lo que sugiere una relación duradera de autoridad y sumisión. Pero por más que esta relación a menudo se haya corrompido, llegando a ser maligna o lamentable en la raza caída, el autor deja en claro que tiene una visión diametralmente opuesta a cómo debe ser la autoridad cristiana. A los esposos les manda que amen a sus esposas como Cristo amó a la iglesia y dio su vida por ella. Si existe una función de autoridad en determinada relación de la vida cristiana, siempre se trata de una autoridad sacrificial, una autoridad responsable, una autoridad de liderazgo servicial y no el abuso del poder de manera inflexible y autoritaria. El capítulo 6, como ya mencionamos, incluye el famoso pasaje de los versículos 10 a 20 sobre todo el tema de la guerra espiritual en los lugares invisibles.

C. La aplicación espiritual

Si tratamos de aplicar la carta a los Efesios en la actualidad, debemos pensar en qué maneras deben unirse los judíos y los gentiles; o sea, los grupos, las razas o las tribus enemigas que siguen flagelando el mundo moderno. Nuevamente tenemos que reconocer, como en la oración sacerdotal de Jesús de Juan 17, las implicancias evangelísticas enormes de la unidad de la iglesia. ¿Por qué, al menos en la mayoría de los lugares de occidente, las 11 de la mañana del domingo sigue siendo la hora de más segregación? Los cristianos deberían en cambio demostrarle al mundo caído que son la comunidad más integrada de todas.

V. El libro de Filipenses

Finalmente, llegamos a la breve epístola a los Filipenses, la última y cuarta del grupo de cartas de la prisión, redactada en un tono más triste, especialmente en 1:21-25 y 2:17, donde Pablo deja en claro que ha luchado con la posibilidad de que realmente se encuentre al borde de la muerte, aunque Dios lo consoló con la convicción de que para beneficio de sus congregaciones, entre ellas la de los filipenses, vivirá un poco más. En el mundo antiguo, Filipenses era conocida como una «carta familiar».

A. El bosquejo

No se divide en una parte teológica y otra ética como nos resulta tan común de los libros anteriores, pero después de los saludos de introducción y la intercesión por los destinatarios, el cuerpo comienza en 1:12-26 asegurando que Pablo se encuentra bien a pesar de sus prisiones. Luego en 1:27-2:18, le pide a su congregación que lo conforte. Desea ser consolado sabiendo que los Filipenses se comportan como deben. En este contexto aparece el famoso pasaje de Filipenses 2:6 en adelante, el famoso himno que describe la gran humillación y renuncia que Jesús experimentó en la encarnación, despojándose de todo ejercicio independiente de sus prerrogativas divinas y humillándose para ser obediente hasta la muerte y muerte en una cruz. Solo después fue glorificado y exaltado nuevamente a su estado original a la diestra del Padre, y algún día todas las personas de la tierra, del cielo, y de debajo de la tierra serán obligadas a reconocer el señorío de Cristo, lo hayan hecho voluntariamente o no hasta ahora.

El fragmento de 2:19-30, siguiendo el esquema de una carta familiar, brinda información sobre las idas y venidas de los intermediarios entre Pablo y la iglesia de Filipos, que en este contexto en particular se trata de Timoteo y Epafrodito. El único lugar donde Pablo no cumple con las características de este tipo de carta que brinda información personal y relativamente informal es en 3:1-4:1, donde introduce advertencias específicas, una vez más, contra los judaizantes, los falsos maestros de Filipos. Aquí encontramos, como en Gálatas 1, algunas de las advertencias más contundentes contra los que se glorían en la carne. Y el hecho de que esta sección interrumpa el hilo natural que de otra manera tendría la epístola también le añade importancia.

La sección de 4:2-20 entonces incluye los agradecimientos finales y varias instrucciones especiales que giran en torno a la ocasión más inmediata de la entrega de esta carta, es decir, una nota de agradecimiento por el dinero recibido. La congregación de Filipos aparentemente ha sido la que más colaboró con el sostén del apóstol durante toda su trayectoria y por eso Pablo no siempre tuvo que trabajar para vivir. Aunque en determinadas ocasiones, como nos recuerda 1 Corintios 9, voluntariamente renunció al derecho de aceptar dinero para el ministerio para no ofender a nadie; y tampoco hay evidencias que demuestren que alguna vez aceptó dinero para su ministerio de las personas a las que estaba sirviendo en ese momento. El fragmento de 4:21-22 concluye con un intercambio de saludos con terceros y en 4:23 cierra con una expresión de deseo de buena salud.

B. Aplicación espiritual

Para aplicar esta carta tenemos que encontrar prácticamente una aplicación de cada una de las secciones principales del cuerpo. Nosotros también debemos alentar a otros a que tengan un buen ministerio, aun en condiciones adversas. Debemos desafiar a otros a experimentar la unidad que proviene de considerar que el prójimo es más importante que uno. Tenemos que elogiar públicamente a los creyentes fieles y advertir sobre las herejías directamente, al menos cuando la salvación de un individuo está en juego. Finalmente, tenemos que agradecer el apoyo que recibimos, y, como Pablo lo expresa de 4:10 en adelante, aprender a contentarnos en toda circunstancia, sea poco o mucho el dinero que recibamos.

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