Conferencia

I. Introducción

Ya completamos el estudio de las cartas del Nuevo Testamento que se le atribuyen a Pablo y en esta lección vamos a abocarnos a la epístola a los Hebreos. Como ya dijimos en la introducción al estudio del Nuevo Testamento, ni en Hebreos ni en las otras epístolas nos encontramos con la misma forma literaria de las cartas de Pablo. No parece que se cumpla demasiado con el modelo del bosquejo de cinco partes de la carta greco romana, y en algunos casos no se cumple en absoluto. En estas epístolas no paulinas del Nuevo Testamento pareciera que se combinaron otros recursos literarios y retóricos con el simple envío de una carta convencional.

A. La forma

Si analizamos la epístola a los Hebreos, al comienzo no vemos ningún indicio que sugiera que se trata de una carta. No hay saludos. Tampoco se menciona quién es el autor; en realidad, esta información no aparece en ningún otro lugar de la epístola. No vemos agradecimientos ni oraciones. Pero cuando llegamos al final del libro, vemos los saludos típicos con los que habría terminado una carta greco romana. Entonces pareciera que tenemos un género bastante híbrido. El indicio de la intención del escritor de este libro, que tradicionalmente se ha llamado epístola, aparece en uno de los últimos versículos, donde el autor define lo que acaba de escribir como «la palabra de exhortación». Esta frase solo aparece en otro lugar del Nuevo Testamento, en Hechos 13:15, cuando se hace alusión al sermón que Pablo dio en Antioquía de Pisidia. Eso también se considera una palabra de exhortación. Entonces, bien podríamos interpretar que el autor de los Hebreos está dando un sermón, o un tipo de homilía, por escrito. Y obviamente, como fue enviada por correo, podemos considerar que también se trata de una carta o epístola.

B. Los destinatarios

Como sucede con todos los títulos que encontramos en los libros del Nuevo Testamento, no estaban en los autógrafos o manuscritos originales; pero las primeras copias existentes que conocemos y las tradiciones más antiguas sobre esta carta afirman que fue dirigida a un grupo de personas que simplemente eran conocidos como los hebreos. Es casi seguro que se refiere a judíos cristianos y no a judíos no cristianos, pero sin dudas el libro está repleto de referencias al Antiguo Testamento (profecías y otros pasajes que se cree que de una u otra manera tuvieron cumplimiento en Cristo) y las alusiones a otros temas, personajes e instituciones importantes dentro del judaísmo aparecen en toda la carta.

También nos encontramos con una diversidad de alusiones, vocabulario, temas, y estilos, como por ejemplo la comparación de cosas de este mundo con arquetipos celestiales o el uso de personajes judíos poco conocidos, como el sumo sacerdote Melquisedec, quien originalmente ni siquiera era judío, pero es bastante importante en Génesis donde se nos cuenta que Abraham le paga el diezmo como sacerdote de Salem, ciudad que se convertiría en Jerusalén. Debido a estas referencias un tanto confusas, muchos escritores piensan que quizás los judíos que se convirtieron al cristianismo, a quienes el mismo escritor se dirige, provenían de diversas sectas. El judío griego Filón, que trató de combinar la filosofía helénica con el pensamiento judío, tiene varios paralelismos con las cosmovisiones que presenta el libro de Hebreos. Y los esenios, que conocemos bastante bien gracias a la literatura de Qumran ( los rollos del mar Muerto), aportaron mucho sobre Melquisedec, quien no figura demasiado en los escritos judíos. Entonces podría ser que al menos algunos de los judíos pertenecieran a estos contextos más helénicos o más sectarios dentro del judaísmo.

C. El autor

El autor de la carta, como ya mencionamos, es anónimo. Ningún versículo dice quién escribió la epístola. En los primeros siglos de la historia de la iglesia, los católicos romanos a menudo asociaban al autor con Pablo, especialmente porque si era de autoría apostólica, fácilmente se podía justificar la canonicidad del libro. Por otro lado, no existen otras cartas que la tradición le haya atribuido a Pablo y que este no haya firmado personalmente, o no incluyera alguna referencia a su nombre en los primeros versículos.

Y algunos pasajes, como por ejemplo 2:3, dejan bastante en claro que el autor pertenece a una segunda generación de cristianos, alguien que obtiene la información de segunda mano y no directamente por haber pasado algún tiempo con Jesús o haberse encontrado con el Cristo resucitado, algo que en otros escritos Pablo con firmeza afirma que le sucedió a él mismo. Entonces, en la iglesia primitiva, especialmente en el ala ortodoxa griega, se sugirieron varios otros autores para esta carta. Entre ellos podemos mencionar a Lucas, Bernabé y Clemente de Roma.

En los últimos siglos, Martín Lutero planteó la famosa teoría de que quizás fuera Apolo quien la escribió. También era un judío griego convertido al cristianismo, conocido por su sabiduría y filosofía, y la combinación de conceptos que hay en la epístola muy bien podría explicarse si interpretamos que Apolos fue el autor. En los últimos años, algunos han sugerido que podrían serlo otros compañeros de Pablo como Silas, Felipe y hasta Priscila, si creyeramos que la carta es anónima porque pertenece a una mujer que deseaba omitir esa información para que la epístola no perdiera credibilidad o autoridad en un mundo patriarcal.

Pero si queremos ser completamente honestos, quizás debamos aceptar lo que dijo Orígenes, comentarista cristiano judío griego, más o menos en el año 200, que admitió que solo Dios sabe quién es el autor real. Sin embargo, todas las teorías sugeridas, antiguas y modernas, efectivamente consideran que el escritor, aunque no sea el propio apóstol, es algún compañero cercano a Pablo, lo cual cumpliría con el criterio de canonicidad, ya que sería alguien procedente de la generación apostólica vinculado a uno de los apóstoles.

D. Los destinatarios y la fecha

La información que obtenemos al final de la carta sugiere que el autor les escribe a cristianos judíos de la ciudad de Roma. En 13:24 dice: «Los de Italia os saludan». Esto sería lógico si el autor estuviera en algún otro lugar con algunos cristianos de la iglesia romana y esas personas les enviaran saludos a sus amigos y compatriotas cristianos de Roma. Otros dos indicios de los últimos capítulos de la carta refuerzan este contexto. En 12:4 el autor dice que los destinatarios no resistieron hasta la sangre combatiendo por la causa de Cristo. Esto sugeriría que el escritor reconoce que la persecución aumenta y ellos podrían convertirse en mártires de la fe. El hecho encajaría en el contexto de Roma al comienzo de la persecución de Nerón aproximadamente en 64 d.C., o quizás antes de esa fecha.

Entonces, también cobraría sentido la referencia de 10:32-34 a una época anterior cuando los cristianos judíos (de Roma según esta interpretación) tuvieron que sufrir la confiscación de sus propiedades y fueron capaces de responder con cierto gozo. La expulsión de Claudio, que mencionamos en nuestra introducción a la carta a los Romanos, en el año 49 d.C., contextualizaría muy bien esta referencia. Los judíos que tuvieron que irse de Roma no pudieron conservar los títulos de sus propiedades ya que debieron ser entregadas al estado durante el reinado de Claudio. Entonces sugerimos que la mejor interpretación de la carta a los Hebreos es que un seguidor anónimo de Pablo le escribe al ala judía cristiana, quizás una casa culto específica, como parte de una congregación más amplia de cristianos romanos, en o cerca del año 64 d.C.

E. El propósito

El propósito principal de este escrito es preparar a los destinatarios para enfrentar la creciente persecución contra los creyentes cristianos del lugar, y alentarlos a resistir pronto la tentación que debe haber sido muy común en el primer siglo, es decir, que los cristianos que provenían de un contexto judío volvieran al judaísmo puro. Como vemos, este fue el período de la historia cristiana antigua cuando, por primera vez, los emperadores romanos comenzaron a darse cuenta de que el cristianismo se estaba convirtiendo en algo más que simplemente una secta judía. Los judíos seguían teniendo la libertad de adorar a Dios según sus propias leyes y no estaban obligados a honrar al emperador con ningún tipo de sacrificio que afectara la creencia judía en el único Dios.

Apenas Nerón y otros emperadores posteriores se dieron cuenta de que el cristianismo se estaba volviendo una religión básicamente gentil y entonces era mucho más que una simple secta judía, los cristianos dejaron de estar exentos de cumplir con estas leyes y de gozar los privilegios que tenían los judíos. Entonces, todo el bosquejo o la estructura de Hebreos es una comparación de Cristo, y la revelación que trajo, con todas las instituciones y figuras prominentes de la historia judía; para afirmar la supremacía de Cristo sobre todo aquello (excepto Dios el Padre), que los judíos podrían sentirse tentados a exaltar y así retroceder de alguna manera al judaísmo de sus orígenes y dejar de profesar claramente el cristianismo.

II. La superioridad de la persona de Cristo (1:1-4:13)

La carta comienza en 1:1-4 con un extenso prólogo que enfatiza la completa deidad de Jesucristo con tanta claridad como cualquier otra parte del Nuevo Testamento. Es la copia exacta del Padre; podríamos decir que es la imagen reflejada.

A. Superior a los ángeles

Y luego el cuerpo de la carta comienza en 1:5 con una serie de comparaciones de Cristo con muchas figuras e instituciones importantes del judaísmo. La primera, que ocupa la atención del autor desde 1:5-2:18, es la supremacía de Cristo sobre los ángeles. Los ángeles se habían vuelto el centro de interés de la especulación judía, especialmente durante el período intertestamentario y entre los esenios de Qumran. El primer planteo del autor acerca de la superioridad de Cristo es que es más soberano, más excelso, que tiene más esplendor y majestuosidad que los ángeles.

Y lo hace en 1:5-14 usando una serie de citas del Antiguo Testamento. Debemos comprender que aquí, como en el resto de la epístola, el autor usa esas citas del Antiguo Testamento, no como predicciones directas con cumplimientos posteriores, sino como diversas formas de tipología, como ya expusimos en la introducción a las narrativas del nacimiento de Jesús. Los patrones de la acción redentora de Dios durante toda la historia se repiten de manera sorprendente en los sucesos en torno a la vida y el ministerio de Jesús, por lo que el autor judío puede afirmar que los pasajes del Antiguo Testamento se «cumplieron», otro significado legítimo en esta era del concepto de cumplimiento. Otra característica de la carta a los Hebreos es que después de cada afirmación teológica el autor inmediatamente introduce una exhortación, en lugar de guardar todos los mandamientos para exponerlos en una única sección al final de la epístola.

Entonces, en 2:1-4 nos encontramos con la primera sección exhortativa, que señala a los destinatarios de la carta que si la revelación que vino por medio de los ángeles (una referencia a la ley mosaica, según algunas tradiciones judías) fue tan importante, entonces la revelación que vino a través de Cristo, que es superior a los ángeles, debe obedecerse con mucho más ahínco. Después de esta breve exhortación, el autor continúa comparando a Cristo con los ángeles; pero esta vez, y para nuestra sorpresa, no habla de su superioridad por su soberanía, sino por su sufrimiento. Cristo, el que se volvió completamente humano (algo que nunca les sucedió a los ángeles), cumplió con los requisitos para morir por los pecados del mundo y así logró lo que Adán y sus descendientes nunca pudieron hacer; es decir, reflejar la imagen de Dios, como se describe en Salmos 8 (algo que destaca esta sección) en forma completa y perfecta ejerciendo el señorío sobre la humanidad, que fue parte de la misión encomendada a Adán y Eva originalmente en Génesis 1. Entonces, la superioridad de Cristo por completar la expiación significa que somos libres de pecado y libres del temor a la muerte, conceptos que resaltan los versículos 14-18.

B. Superior a Moisés

La segunda comparación importante que hace la carta a los Hebreos es entre Cristo y Moisés, patriarca que recibió la ley en el Sinaí y así evidentemente jugó un papel preponderante en la historia judía. Esta comparación se desarrolla en 3:1-4:13. Aquí la sección teológica o el material expositivo, es bastante breve: 3:1-6. Moisés fue fiel en la casa, pero Cristo fue fiel como constructor de esa casa y creador del universo. Entonces, es obvio que Cristo es superior al patriarca.

Pero la parte más importante de la comparación se encuentra en la exhortación que está a partir de 3:17 y hasta 4:13. Aquí el argumento más importante que plantea el autor es que no debemos rebelarnos como aquellos que supuestamente estaban siguiendo a Moisés, una gran cantidad de israelitas que terminaron vagando cuarenta años en el desierto de Sinaí con su líder. En cambio, debemos hacer lo que esa mayoría no pudo durante los días de Moisés, es decir, entrar en el reposo de Dios.

En los capítulos 3 y 4, Hebreos expone una serie de comparaciones bastante elaboradas y complicadas, todas relacionadas con día de reposo del pueblo de Dios. A partir del día en que Dios descansó al final de la semana de la creación, día que según la ley mosaica se convirtió en el paradigma de reposo para el pueblo de Dios, el autor procede a plantear que todavía no se cumplió totalmente el concepto de ese reposo. Por un lado, la entrada a Canaán fue la figura que lo tipifica. Pero los israelitas nunca pudieron disfrutar en forma permanente las bendiciones de la tierra en paz, prosperidad, libertad y seguridad de sus enemigos debido a su constante desobediencia. Entonces, Jesús, en la revelación Cristiana, trae un reposo mucho mayor aunque todavía no es tan completo ni perfecto como lo será en la vida venidera. Todavía falta para que entremos, y si retomamos la aplicación del salmista sobre este tema, el autor de Hebreos más de una vez alienta a sus lectores a que estén seguros de haber entrado completamente en el reposo de Dios. En otras palabras, deben permanecer fieles y perseverar hasta el final, aunque sean perseguidos.

III. La superioridad de la obra de Cristo (4:14-10:18)

A. Superior al sacerdocio

Desde 4:14 hasta 7:28 el autor plantea la más detallada comparación entre Cristo y una figura o institución judía especialmente importante: en este caso, el sacerdocio. La advertencia que introduce esta sección se encuentra en 4:14-16. Aquí la exhortación está antes del desarrollo de la exposición teológica y alienta a los lectores a estar seguros de que han aceptado y seguirán aceptando la gracia de Dios. El versículo 4:16 incluye la famosa invitación a acercarnos confiadamente al trono de gracia divina debido a la posibilidad de acceso que la muerte sacrificial de Cristo logró en favor de los creyentes.

En esta sección, uno de los argumentos centrales del autor es que mientras que el sacerdocio judío mantenía a las personas a cierta distancia de Dios, el sacerdocio pleno y completo de Cristo, o sea el sacrificio completo por nuestros pecados, nos permite acercarnos a través de Él sin ningún intermediario humano, y orar y escuchar directamente a Dios, aparentemente de una manera más íntima y directa de lo que la mayoría de los judíos estaba acostumbrado.

En 5:1-10 el autor compara al Señor con Aarón, hermano de Moisés, a través de quien se perpetuaba el linaje sacerdotal, enfatizando básicamente las formas en las que Cristo, aun sin ser descendiente biológico de Aarón, completó las diferentes funciones del sacerdocio judío. Desde 5:11 hasta 6:20 volvemos a tener una sección clave de exhortación, en donde se encuentra 6:4-8, una de las advertencias más famosas y posiblemente más vehementes del Nuevo Testamento contra la apostasía. Los que creen que es posible que un Cristiano verdadero pierda su salvación normalmente se apoyan en estos versículos, aunque se puede interpretar que lo que se dice de estas personas se refiere a individuos que hicieron algún tipo de profesión de fe superficial, que quizás sean miembros de la comunidad de quienes aseguran adorar a Dios y posiblemente hasta por su apariencia sea imposible diferenciarlos de quienes tienen una fe verdadera.

Sea cual fuere la posición que adoptemos respecto de este y otros pasajes de advertencia de la epístola a los Hebreos, no se debe perder de vista el punto de coincidencia en este debate interpretativo. Tanto los calvinistas, que defienden la seguridad eterna, como los arminianos, que creen que la salvación puede perderse, consideran que Hebreos se refiere a personas que hicieron algún tipo de profesión de fe superficial, niegan esa profesión cuando atraviesan circunstancias difíciles, especialmente durante alguna persecución a los cristianos, nunca hacen el intento de arrepentirse de haber negado a Cristo, y mueren en estado de separación eterna de Dios. Si alguna vez esas personas realmente fueron cristianos verdaderos o no, es un debate teológico importante, pero no debemos perder de vista que ambos bandos están de acuerdo sobre la interpretación que acabamos de exponer. Tales personas están perdidas, y por eso les corresponde tanto a los testigos de Cristo como a sus ministros en cualquier contexto, pero especialmente cuando los presuntos cristianos están atravesando dificultades, advertir categóricamente contra la apostasía.

El fragmento de 7:1-28 continúa con la comparación entre Jesús y el sacerdocio, esta vez centrándose en Leví, uno de los doce hijos de Jacob debido a quien recibió el nombre el linaje sacerdotal, y ahora se resaltan las diferencias entre Jesús y los sacerdotes levíticos tradicionales. Esto hace que el autor piense en otro sacerdote del Antiguo Testamento, concretamente Melquisedec, sacerdote de Salem durante los tiempos de Abraham en la narrativa de Génesis. Aquí tenemos a alguien, fuera de la fe explícita en el Dios de Israel, que aparentemente de alguna manera conocía al Dios verdadero y poderoso sobre todo el universo; y Abraham reconoció la superioridad de ese sacerdote ya que le entregó el diezmo. Se nos dice que Jesús es «sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec», lo que significa que es superior a los sacerdotes levíticos que luego descenderían de Abraham, y por lo tanto los descendientes espirituales de Abraham por la fe, o sea los cristianos, pueden reconocer que Jesús es el sumo sacerdote superior incluso a los sacerdotes judíos.

B. Superior al antiguo pacto

Luego en 8:1-10:39 tenemos la supremacía de Jesús sobre el antiguo pacto. El capítulo 8 incluye la cita más extensa de cualquier pasaje del Antiguo Testamento encontrada en el Nuevo Testamento y también la afirmación más contundente sobre la caducidad eventual de ese antiguo pacto, aunque el autor no lo exprese en esos términos. El capítulo 9 compara los pactos mediante un juego de palabras, tanto en hebreo como en griego, con los términos pacto y testamento. Un testamento, o lo que en la actualidad sería una declaración de última voluntad, solo puede ejecutarse después de la muerte de quien lo ha firmado. Entonces, la muerte de Cristo inaugura el Nuevo Testamento o el nuevo pacto. El capítulo 10 desarrolla la tipología o comparación entre las sombras terrenales de la realidad o sustancia celestial y desemboca en la advertencia final, 10:19-39, que ha generado los mismos debates que planteamos cuando explicamos 6:4-8.

IV. La superioridad de una vida de fe (11:19-13:25)

A partir del capítulo 11 el autor de Hebreos comienza la última parte de la epístola: un último grupo de comparaciones, esta vez como si estuviera enumerando una lista, por decirlo de algún modo, de héroes de la fe en épocas del Antiguo Testamento. La idea principal de este capítulo es que no importa a quién consideremos un personaje importante del judaísmo antes de la muerte de Cristo, ninguno de ellos recibió lo que Dios prometió y tuvieron que vivir por fe. ¿Por qué? El capítulo finaliza señalando que Dios había determinado que ellos no estarían completos ni serían perfeccionados sin los creyentes de la era del nuevo pacto. Entonces, la última exhortación, en el capítulo 12, nos alienta a poner los ojos en Jesús y no en ninguno de los predecesores judíos, porque es el autor y consumador de la fe, y a ver a los que nos precedieron en la muerte y el martirio. Ellos están a nuestro alrededor como si fueran una gran nube de testigos en un estadio, alentándonos a terminar la carrera por más difícil que sea. El capítulo 13 finaliza la epístola con varias exhortaciones y saludos.

V. Conclusión

Hebreos es un libro único del Nuevo Testamento no solo porque desarrolla detalladamente el tema de la total deidad y humanidad de Jesús, sino también porque analiza en forma exhaustiva el tema del sacerdocio de Cristo. Y sobre todo, constituye el llamado más vehemente y claro para que los cristianos que enfrentan situaciones difíciles o persecuciones no renuncien a la fe, porque no hay otro camino fuera de Jesucristo. Especialmente en la actualidad, para los cristianos que viven en países más prósperos y democráticos y nunca experimentaron una persecución intensa a causa de su fe, y ni hablar del martirio, como sucede con personas en otras partes del mundo o le ha sucedido a otros creyentes en el pasado, el libro de Hebreos podría ser unos de los escritos del Nuevo Testamento que más se deja de lado y al que deberíamos volver una y otra vez. Podría pasar que sin estas pruebas extremas nunca estemos completamente seguros de la solidez de la fe de otros o de la propia, y entonces debemos tener cuidado de caer en el peligro de creer muy a la ligera que sabemos quién es salvo a los ojos de Dios.

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