Conferencia

I. Introducción a 2 Pedro y Judas

Después de 1 Pedro sigue 2 Pedro, carta que queremos analizar junto con la breve epístola de Judas, aunque en el canon estén separadas por las tres cartas de Juan.

A. Relación literaria

Como sucede con los Evangelios Sinópticos, los eruditos creen que hay algún tipo de relación literaria entre 2 Pedro y Judas, especialmente porque el segundo y parte del tercer capítulo de 2 Pedro es muy similar en el vocabulario, los detalles y los conceptos al cuerpo de la breve epístola de un capítulo de Judas. En realidad, normalmente se cree que Judas se escribió antes porque está mejor organizado desde el punto de vista literario. Segunda Pedro 2 parece basarse en Judas pero interrumpe la secuencia de ilustraciones y está un poquito más deshilvanado. Además, lo lógico sería suponer que Judas es anterior a la otra epístola porque es mucho más corta y prácticamente no habría habido necesidad de escribirla si 2 Pedro ya hubiera existido.

B. La fecha

Si creemos que Pedro escribió 2 Pedro, aunque vamos a ver que hay muchas dudas en torno a este tema, entonces la carta tiene que haber sido escrita antes de que Nerón martirizara al apóstol, al menos según lo que describe la tradición de la iglesia, o sea antes de 68 d.C. Entonces, eso significa que Judas es anterior, pero no tenemos muchos indicios de cuánto tiempo antes se escribió. Como exhala la atmósfera del judaísmo apocalíptico, gira casi completamente en torno a ilustraciones y ejemplos del Antiguo Testamento y de la literatura judía intertestamentaria, bien podría pertenecer a una fecha muy temprana de la primera generación de la historia cristiana. Pero más allá de esto no podemos ser más precisos. No podemos saber mucho sobre dónde se escribió ni quiénes fueron los destinatarios. Los falsos maestros que se mencionan están descriptos de manera muy general. El único otro dato que tenemos está en el versículo 1, donde se afirma que la breve carta fue escrita por Judas, hermano de Jacobo. Probablemente sea el otro medio hermano de nuestro Señor, aparte de Santiago o Jacobo, el medio hermano que escribió la epístola que lleva su nombre.

II. Análisis de Judas

En realidad, toda la carta de Judas parece ser un ataque muy específico para combatir estos falsos maestros indeterminados, no tanto por el contenido de su enseñanza sino por la naturaleza de los individuos involucrados. Después de la introducción que ocupa los primeros cuatro versículos de la carta y donde el autor cuenta que en un principio quería escribirles sobre temas más positivos o edificantes, el cuerpo de la carta, del versículo 5 al 19, continúa con esta invectiva contra los falsos maestros de los que se tienen que guardar los destinatarios.

A. Los falsos maestros

Los versículos 5-7 ilustran la inmoralidad de estos personajes con varias analogías del Antiguo Testamento. Los versículos 8-10 vuelven a presentar similitudes del Antiguo Testamento para ejemplificar la naturaleza blasfema de la enseñanza falsa. Los versículos 11-12a describen el liderazgo falso de estos herejes, 12b y 13 su desorden, 14 a 16 la certeza del juicio que les espera y 17 a 19 la necesidad de su existencia. Una cuestión exegética muy interesante que generó asombro es que Judas se refiera al libro de Enoc y al Testamento (la Ascensión) de Moisés, literatura intertestamentaria. Al apelar a estos libros no afirma que sean inspirados o que deberían considerarse canónicos, como tampoco sucedió cuando Pablo, en Atenas, citó a los poetas griegos. En cambio, elige ciertos versículos o pasajes de esta literatura, que considera reales y por ello constituyen analogías muy valiosas, para ilustrar las verdades que desea exponer. Los versículos 20 a 25 finalizan esta breve epístola instando a los lectores a permanecer firmes.

B. Aplicación

Probablemente este libro sea el que más se deja de lado de todo el Nuevo Testamento, lo cual es comprensible. Pero a pesar de que resulte extraño y sea breve, contiene una aplicación muy importante para cualquier época o experiencia de la historia cristiana. Puede parafrasearse con la afirmación «la tolerancia tiene límites». Mientras que Pablo realmente insta a hacer todo lo posible para atraer a los no creyentes a la vida y la fe cristianas; Judas, como Pedro, cuando trata sobre los falsos maestros dentro de la iglesia, advierte categóricamente contra ellos. En nuestra era moderna y pluralista, donde por un lado es muy adecuado, especialmente en los gobiernos democráticos, tener libertades legales y practicar la tolerancia, y hasta amar y respetar a quienes tienen puntos de vista religiosos muy diferentes de los nuestros, Judas nos recuerda que hay ciertas doctrinas y particularmente ciertas prácticas que se vuelven totalmente peligrosas para la salvación de los cristianos o su bienestar, y es en este punto donde la tolerancia tiene sus límites. Algunas veces debemos reaccionar con presteza y firmeza contra el error.

III. 2 Pedro

Segunda Pedro 2, como ya dijimos, desarrolla muchos de estos conceptos.

A. Autor y fecha

En 2 Pedro también vemos un estilo griego muy diferente al de 1 Pedro, lo que hace que muchos cuestionen su autenticidad. También contiene teología, muy similar a las epístolas pastorales, que nos hace pensar que fue escrito más o menos una generación después de los primeros cristianos: hay quienes se quejan de que el mundo ha seguido girando mucho tiempo y no hay señales de la intervención o presencia divina, y el autor debe tratar con la preocupación por el retraso de la parusía. Por eso muchos comentaristas, antiguos y contemporáneos, sugieren que este libro podría ser un seudónimo de fines del primer siglo o incluso de principios del segundo siglo y por lo tanto no sería de la autoría de Pedro. Por otro lado, si Silas fue el amanuense de Pedro, el escriba de 1 Pedro, eso podría explicar el griego bastante mejor y más pulido de la primera epístola atribuida al apóstol. Entonces podemos considerar que 2 Pedro sería lo que pudo producir quien fuera un pescador galileo sin instrucción, que de grande aprendió griego como segundo idioma y no dominaba las sutilezas retóricas de este idioma. Las cuestiones sobre el retraso de la segunda venida de Cristo y otros temas que suponen una generación posterior de pensamiento cristiano, como vimos anteriormente, son en realidad temas que también aparecieron al principio, por ejemplo, en 1 y 2 Tesalonisenses. No tenemos que presuponer que el cristianismo evolucionó de manera lineal o uniforme y que ciertos temas y determinados debates solo se suscitaron en generaciones posteriores.

Hay otro factor que nos podría ayudar a explicar las preocupaciones y los cuestionamientos sobre 2 Pedro, los cuáles curiosamente aparecieron en la iglesia primitiva, y se trata del versículo 1:15. Aquí Pedro dice que escribe para que, después de su partida, los destinatarios puedan recordar las cosas que dijo. Si la partida se refiere a su muerte, como sucede en otros contextos del Nuevo Testamento, Pedro podría haber sabido que le aguardaba el martirio. Quizás estaba escribiendo una carta con el mismo sentido que tuvo 2 Timoteo para Pablo, una especie de testamento de última voluntad y las últimas instrucciones para las comunidades a las que se dirige 1 Pedro, para que estén preparadas para seguir sin él. También podría ser que uno de sus seguidores la hubiera redactado con su estilo después de la muerte del apóstol. Esto explicaría algunas de las inquietudes que parecen sugerir una fecha o una generación posterior. De cualquier modo vamos a continuar con el estudio como si Pedro fuera el autor de casi todo el contenido y entonces, la mayor parte de sus ideas, al menos, deberían haber sido redactadas en 68 d.C. o antes.

B. Análisis del bosquejo

El pasaje de 1:1-15 expone algunos comentarios iniciales e ilustra el tema teológico central que aborda 2 Pedro, o sea, las enseñanzas falsas y los falsos maestros que tiene que combatir, que están relacionados con el tema del retraso de la segunda venida de Cristo. Aquí Pedro se muestra como testigo de la transfiguración de Jesús para defender la certeza de su regreso. Vio con sus propios ojos un anticipo de la forma en que algún día Jesús se revelará a toda la humanidad y la forma en que culminará la historia humana. Entonces, no importa lo larga o corta que parezca la demora para la venida de Cristo, se puede asegurar que la parusía es un hecho. Este planteo de encuentra especialmente en los versículos 16-21 del capítulo 1.

Luego el capítulo 2 se encarga de la negación de la parusía que los falsos maestros parecen estar predicando y, de la misma manera que lo hace Judas, no refuta la teología de ellos sino que ataca su persona y carácter, y advierte sobre los duros juicios que acarrean esas falsas enseñanzas. El tema de la aparente demora del regreso de Cristo luego se aborda más directamente en 3:1-10, donde Pedro cita el Salmo 90:4, que dice que mil años para Dios son como un día. El Señor no retarda su venida como algunos la tienen por tardanza sino que no quiere que ninguno se pierda. Todo el tiempo que Dios se demora en enviar a Cristo y concluir la historia humana que conocemos se debe a una razón principal: una vez que llegue el fin, no habrá más oportunidad para que nadie acuda a Jesús y se salve. Mientras Jesús demore hay tiempo para que más personas se arrepientan. El fragmento de 3:11-18 concluye con algunas consecuencias prácticas para la vida cristiana.

C. El problema del mal

Aunque es breve, 2 Pedro posiblemente sea el libro más importante del Nuevo Testamento en relación a las cuestiones que los filósofos llaman «teodicea», es decir, el problema del mal. ¿Por qué un Dios todo poderoso y amoroso permite el mal y el sufrimiento en esta vida, especialmente entre sus hijos? Hay muchas respuestas escriturales importantes pero la que resalta Pedro, especialmente en 3:8-10 podría ser la más importante de todas. El mal y el sufrimiento están relacionados con la vida caída de las personas libres de este mundo y nunca podrán erradicarse hasta el regreso de Cristo, la destrucción completa de la humanidad caída con las características actuales y la transformación completa de los hijos de Dios. En otras palabras, el sufrimiento y el mal existentes son un aspecto necesario de la vida en este sistema caído. Cuando se haya eliminado, ya no habrá oportunidad para que nadie se arrepienta. Entonces, todo el tiempo que Dios nos conceda, el mandato evangelístico (la orden de compartir nuestra fe, de vivir de manera que mostremos el reino de Dios en todo lo que hacemos) obviamente es la necesidad más urgente cuando luchamos con la vida en estos tiempos malos.

IV. 1 Juan

Ahora nos abocaremos a las tres Epístolas Generales, al menos así se las ha llamado siempre, que se le atribuyen al discípulo amado: 1, 2 y 3 Juan. Aunque, como ya mencionamos, aparentemente 1 Juan sería la única carta general dirigida a varias congregaciones cristianas. Desde el principio de la historia de la iglesia se le atribuyen estas epístolas, al igual que el libro de Apocalipsis que estudiaremos en las dos próximas lecciones, al anciano apóstol Juan, que a esta altura ya había vivido y ministrado durante muchos años en las comunidades cristianas de Éfeso y lugares aledaños del oeste de Asia Menor.

A. Fecha y autor

Para la época en que llegamos a las epístolas de Juan al menos estamos a fines de la década de 80 o incluso principios de la década de 90 del primer siglo. Como ya mencionamos brevemente al analizar el evangelio de Juan, existen testimonios de Papías, cristiano del segundo siglo conservados luego en los escritos de Eusebio, historiador cristiano del tercer siglo, de que debe haber habido otro Juan, un discípulo del apóstol con el mismo nombre, a quien se llama «Juan el Anciano». Esto explicaría las referencias de los primeros versículos de 2 y 3 Juan que nombran al autor simplemente como alguien llamado «el anciano», o, según otra traducción de la misma palabra, «el presbítero».

Por otro lado, no resulta del todo claro a partir del testimonio de Papías si se está refiriendo a dos personas diferentes que se llaman Juan. Podría estar hablando de dos funciones diferentes del mismo discípulo, por un lado la de apóstol y por otro la de anciano o líder de la iglesia local de Éfeso. De cualquier modo, 1 Juan no tiene ninguna atribución de autoría ni título al comienzo, pero el estilo y los temas están tan relacionados con los de 2 y 3 Juan que casi todos los eruditos, sea cual fuere su posición en cuanto al autor, piensan que las tres epístolas fueron escritas por la misma persona. El estilo es muy similar al del autor del evangelio y, con muy pocas diferencias, también al del escritor del Apocalipsis.

B. El contexto

Si suponemos que la secuencia de libros atribuidos a Juan se escribió en el orden que tiene en el canon, podemos descubrir algunos sucesos interesantes en la comunidad de Éfeso a fines del primer siglo. Mencionamos brevemente que el evangelio de Juan parece haberse escrito para combatir el docetismo, o dicho de otro modo, para contextualizar el Evangelio en un ámbito en el que el pensamiento gnóstico, que había tenido conflictos con la humanidad de Jesús, creía que el Señor solo parecía humano (el nombre docetismo deriva de la palabra griega «dokeo» significa «parecer»).

Podría haber similitudes con 1 y 2 Tesalonicenses que se equilibran entre sí, ya que la segunda carta corrige interpretaciones erróneas o exageradas de los temas de la primera, y entonces tendríamos una progresión similar en las cartas que se le atribuyen a Juan. El evangelio de Juan, interpretado en una comunidad influida por el pensamiento gnóstico, podría haber expuesto algunos temas con tanta vehemencia que luego Juan debió hacer algunas correcciones en las epístolas posteriores. Entre ellos podemos mencionar cuatro: (1) el énfasis en la deidad de Cristo; (2) una dicotomía exagerada entre la ley y la gracia; (3) un énfasis en la vida eterna que comienza aquí y ahora, lo que los eruditos llaman una escatología realizada o inminente; y (4) un énfasis un poco más leve en la muerte expiatoria de Cristo. Todas estas características del evangelio de Juan parecen estar equilibradas si lo contraponemos a los temas que plantea 1 Juan. Hasta podríamos ser un poco más específicos. La tradición del cristianismo primitivo dice que para cuando Juan redactaba las epístolas que llevan su nombre, un maestro gnóstico específico llamado Cerinto estaba perturbando especialmente la comunidad cristiana de Éfeso. Este maestro predicaba tres doctrinas especialmente particulares del gnosticismo del primer siglo: un perfeccionismo que creía que los cristianos podían lograr un estado sin pecado en esta vida; un antinomianismo, es decir, una reacción contra la ley que dejaba espacio para unos pocos valores morales o éticos absolutos; y, como acabamos de mencionar, un docetismo o creencia de que Jesús solo parecía humano pero no lo era completamente.

C. Análisis y bosquejo

Hay tres temas que parecen caracterizar 1 Juan, que de otra manera sería tan difícil de bosquejar como la carta de Santiago. Y esos tres temas son que los verdaderos discípulos de Jesús guardarán sus mandamientos (mandamientos interpretados a la luz de la enseñanza del Señor), amarán a su prójimo, y creerán en la completa humanidad de Cristo como en su deidad. Estos son los temas en los que Juan hace hincapié si es que está combatiendo un gnosticismo incipiente.

Entonces, una posibilidad para bosquejar 1 Juan es analizar la forma en que parece girar en torno a estos tres temas claves. Un comentarista que analizó 1 Juan escribió el libro titulado «Las pruebas de la vida». Y la mejor manera de comprender lo que Juan hace en esta primera carta, la más importante de las tres que escribió, es compararlo con Santiago y Pablo. Pablo, obviamente, se especializó en el tema de la justificación por fe en Jesús, quien fue completamente humano y completamente divino. Santiago, por otro lado, puso énfasis en las obras que surgen de la fe. Ya mencionamos que Pablo y Santiago no se contradicen porque el primero también habla de las obras que son la consecuencia del amor, o «la fe que obra por amor» según Gálatas 5:6.

Pareciera que Juan básicamente combina estos temas destacados de Pablo y Santiago a fin de presentar una cristología correcta (creer que Jesús es el Dios hombre), tener la fe que se manifiesta en el amor, (un amor fraternal especialmente dentro de la comunidad cristiana), y resaltar que el amor tiene un aspecto moral que implica obedecer los mandamientos éticos. Quizás Juan no escribió conscientemente como para armonizar la tensión aparente entre Santiago y Pedro, pero es evidente que afirma todas las enseñanzas de estos dos predecesores canónicos. Entonces podemos interpretar que el bosquejo de 1 Juan gira en torno a cada una de estas tres pruebas de la vida aunque no siempre sigue la misma secuencia.

D. Los temas

El pasaje de 1:5-2:6, después de un prólogo de introducción muy parecido al de Juan, introduce el tema de guardar los mandamientos, y resalta, en tres ocasiones diferentes, que es imposible que alguien legítimamente pueda afirmar que no tiene pecado (una aseveración muy pertinente contra el perfeccionismo de los gnósticos). El fragmento de 2:7-17 presenta el tema del amor fraternal y lo compara con los famosos deseos de la carne, de los ojos y la vanagloria de la vida que caracterizan las tentaciones humanas (2:16). En 2:18-27 tenemos el tercer tema clave que tiene que ver con creer en Jesús como Dios hombre y habla de los herejes gnósticos que comenzaron a dejar la comunidad (2:19) como ejemplo de una conducta que debe evitarse o se debe rechazar. Primera Juan 2:19 también es un versículo teológico importante para los que creen en la doctrina de la seguridad eterna. Juan dice que los que se fueron (aparentemente habían sido cristianos antes), «salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros…».

Este ciclo de tres temas claves se repite en 2:28-3:10 donde vuelve a referirse a los mandamientos. En este contexto, especialmente en los versículos 6 a 9 del capítulo 3, a primera vista parece que Juan contradijera el argumento que resaltó con vehemencia en la introducción del cuerpo de la carta. Aquí afirma que aquellos que están en Cristo no pecan. Pero para interpretar este alegato debemos tener en cuenta el uso del tiempo presente característico del idioma griego para referirse a conductas o comportamientos permanentes y constantes. Lo que Juan está diciendo es que los cristianos no llevan una vida de pecado. Cuando dice «todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado» debemos interpretar, a la luz de algunas traducciones modernas, que todo aquel que es nacido de Dios no «sigue» o «continúa» pecando. No es una contradicción de la afirmación del capítulo 1.

Luego el pasaje de 3:11-24 vuelve a abordar el tema del amor fraternal y lo presenta en el contexto de la seguridad. En la época de Juan, al igual que en muchas otras épocas y muchos otros lugares, había personas que se preguntaban si su fe en Jesús era correcta. Quizás tenían en mente varias dudas intelectuales. Quizás no fuera de ayuda retroceder en el tiempo y preguntarles qué hicieron cuando pusieron su fe en Cristo ya que es esa misma experiencia la que cuestionaban. A veces es mucho más productivo resaltar aquellos aspectos de sus vidas que han sido transformados. Si ahora demuestran amor y obediencia y antes no lo hacían, esto podría ser un buen indicador de una fe cristiana verdadera. El fragmento de 4:1-6 vuelve a la cristología correcta e incluye el famoso mandamiento de «probar los espíritus» reconociendo que no todos los que confiesan ser cristianos realmente lo son. Si niegan especialmente la completa humanidad o deidad de Jesús, no hay evidencia de una fe cristiana genuina.

El último ciclo de pruebas sigue una secuencia diferente. En 4:7-21 tenemos el tema del amor, que incluye la famosa definición de que Dios es amor (4:8). En 5:1-15 volvemos a ver el tema de la cristología correcta y leemos una afirmación que también se relaciona con la seguridad cristiana; concretamente, que los que creen que Jesús es el Hijo de Dios pueden estar seguros de que tienen vida eterna. Y 5:16-21 concluye la carta volviendo al tema de guardar los mandamientos de Dios, pero en este contexto el autor introduce la desconcertante cuestión del pecado de muerte, que probablemente deba interpretarse en base a lo expuesto en los comentarios anteriores sobre la blasfemia contra el Espíritu Santo, o sea, no como algo que pueda hacer un cristiano verdadero sino más bien como algo similar a lo que advierten los pasajes de Hebreos 6 y 10, que si alguien comete apostasía es porque originalmente no era un cristiano verdadero.

V. 2 Juan

Las breves epístolas que conocemos como 2 y 3 Juan completan esta colección de Epístolas Generales que estuvimos estudiando. Segunda Juan simplemente se dirige a «la señora elegida», pero durante toda la historia de la iglesia se ha creído se trata del uso convencional del femenino para aludir a toda la congregación cristiana, probablemente una casa culto específica en algún lugar de Éfeso o cerca de esa ciudad. Aquí parece que los falsos maestros que dejaban la iglesia en 1 Juan están volviendo a la congregación, tratando de infiltrarse para sacar más gente. Es en este contexto que debemos interpretar las enseñanzas de los versículos 9 y 10; se trata de dar la bienvenida a los falsos maestros al hogar. La prohibición de Juan de recibir esas personas no significa cerrarle la puerta en la cara a cualquiera que tenga una creencia diferente o rehusarse demostrarles camaradería. ¿De qué otra manera podrían escuchar el mensaje cristiano o ver al amor de Dios en nosotros? En cambio, si interpretamos la palabra «hogar» de 2 Juan como una casa culto, no vamos a recibir a los falsos maestros en las congregaciones cristianas ni darles el púlpito para que prediquen.

VI. 3 Juan

La breve carta de 3 Juan está dirigida a un cristiano del siglo primero prácticamente desconocido llamado Gayo, a quien se elogia por su hospitalidad. En esta epístola aparecen otros dos nombres: un hombre llamado Diótrefes, que aparentemente está en contra de Juan en la que podría ser otra casa culto, y un hombre llamado Demetrio, que permaneció firme a pesar de esa oposición. No sabemos mucho más sobre estos personajes, especialmente porque Juan, tanto en la segunda como en la tercera epístola, dice que tiene más cosas para decirles pero que lo hará cuando los vea personalmente. Pero 3 Juan nos recuerda la importancia de la hospitalidad cristiana, especialmente en una época cuando el hospedaje público normalmente no era seguro y los cristianos tenían que hacerse cargo de sus hermanos, principalmente de los ministros itinerantes que viajaban de un lugar a otro.

Si 3 Juan realmente es la última de esta trilogía, podemos observar una secuencia un tanto deprimente o desalentadora porque los falsos maestros han regresado a la iglesia, han logrado infiltrarse y están en contra de los que desean permanecer firmes en los fundamentos. Pero por otro lado, podría ser tanto un estímulo como un recordatorio de que hasta una iglesia que tuvo mucha instrucción apostólica como la de Éfeso (primero Pablo, luego Pedro y ahora Juan) tiene libre albedrío y puede elegir cómo desea responder a ese ministerio. Y en la actualidad, en temas y contextos en los que hemos sido los más fieles posibles en el ministerio cristiano y aun así hemos visto que las cosas se deterioran, quizás debamos reconocer la soberanía de Dios y la responsabilidad libre de la elección humana y no dejarnos abrumar por el complejo de culpa.

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