Conferencia

I. Introducción

En estas dos lecciones que nos quedan estudiaremos el último libro del Nuevo Testamento, el Apocalipsis, uno de los escritos más enigmáticos y polémicos de toda la Escritura, y que también ha generado muchísimas interpretaciones diferentes durante la historia de la iglesia.

A. El autor

Es el único de los cinco libros que la iglesia siempre le ha atribuido a Juan, que realmente incluye el nombre del apóstol en el primer capítulo. Pero el autor no se muestra como apóstol ni como anciano, como vimos en 2 y 3 Juan, sino como un profeta o vidente. Y en la actualidad muchos se han preguntado, como sucede con otros libros neotestamentarios, si este Juan en realidad es el apóstol con ese nombre u otra persona. Según la tradición más conservadora, aceptaremos la adjudicación de autoría habitual.

B. Los destinatarios, las circunstancias y la fecha

Los destinatarios, mencionados también en los primeros capítulos, son siete iglesias del Asia Menor, la provincia más occidental de lo que en la actualidad es Turquía. Evidentemente se trata de una carta circular o encíclica con el propósito de ser leída o llevada, probablemente luego de que se la copiara, a siete iglesias diferentes, que estaban unidas por un camino más o menos circular de esa parte del mundo antiguo.

Juan estaba desterrado en la isla griega de Patmos en el mar Egeo, lugar que funcionaba como colonia penal en el mundo antiguo. Probablemente fuera exiliado como resultado de la persecución de fines del primer siglo durante el reinado del emperador Domiciano, que aunque fuera esporádica afectó a los creyentes y especialmente a los líderes cristianos de diferentes partes del imperio. Esto significaría que deberíamos fechar la carta aproximadamente a mediados de la década de 90, durante la persecución fugaz pero a veces intensa que desató el mencionado emperador.

C. El género

Pero quizás la primera pregunta importante sobre el libro de Apocalipsis esté relacionada con el género. A su vez esta pregunta implica otras cuestiones concernientes a la interpretación que han dividido a los comentaristas antiguos y contemporáneos. Como mencionamos en la primera lección, el nombre del libro proviene del vocablo griego apokalupsis. El género apocalíptico era una forma literaria muy conocida en el mundo judío, griego y romano en la antigüedad, que incluye un relato sobre la historia humana, pasada o presente, pero que casi siempre culmina con una predicción futura de la intervención cósmica y sobrenatural de Dios para ponerle fin a los eventos de este mundo tal como lo conocemos, y así reivindicar a su pueblo de sus enemigos y alentar y consolar a los oprimidos.

También era una forma literaria de alto contenido simbólico, en la que a menudo animales y objetos inanimados representaban a los seres humanos; una especie de código cifrado de los eventos que se describían. Eso significa que interpretar este tipo de literatura de manera muy literal, aunque sea importante en otros tipos de escritos más sencillos entre los que se incluyen los libros de la Escritura, podría confundirnos si estamos analizando un escrito del género apocalíptico. El Apocalipsis describe dragones, bestias extrañas, mujeres buenas y malvadas. Ninguno de estos personajes debe interpretarse al pie de la letra, sino que todos simbolizan sucesos claves, pasados, presentes o futuros, de la interacción divina en la historia humana. Desafortunadamente, el Apocalipsis, especialmente en el entorno laico, muchas veces se ha interpretado, demasiado directa y literalmente, como un código cifrado sobre sucesos futuros: si lográramos comprender los sucesos actuales y el desarrollo de los patrones mundiales contemporáneos, podríamos descubrir el cumplimiento de numerosos detalles específicos de este libro.

Sin embargo, para interpretar mejor la literatura apocalíptica, debemos pensar que cada pasaje en particular no brinda este tipo de conocimiento detallado por anticipado, sino que describe temas amplios y enfatiza en sentido general las características de los tiempos finales.

Pero el libro no es simplemente apocalíptico, también incluye el género de la profecía. Por más simbólicos que sean algunos de los sucesos descriptos, hay eventos reales, públicos, universales e importantes que el futuro nos depara y que son descriptos en esta forma simbólica.

El Apocalipsis también comparte algunas características con las epístolas, no solo en los capítulos 2 y 3 que transcriben siete breves cartas a las siete iglesias destinatarias, sino también en el sentido de que todo el rollo debe haber sido enviado en forma de carta para que circulara entre esas iglesias. Eso también nos recuerda que este libro no es alguna descripción mística del futuro sin conexión con ningún contexto histórico, sino es un escrito dirigido a siete comunidades cristianas muy específicas, probablemente redactado con un estilo que estas congregaciones comprenderían. Dios le mostró a Juan visiones que se podrían interpretar en el contexto de su educación judía, la literatura del Antiguo Testamento, los escritos y acontecimientos intertestamentarios y los sucesos contemporáneos del primer siglo que eran significativos para las comunidades greco romanas y los destinatarios cristianos provenientes de contextos judíos y greco romanos a los que se escribe el libro. En resumen, debemos tratar de identificar lo que podrían haber pensado los receptores originales cuando escuchaban la descripción de las imágenes maravillosas y a la vez extrañas de las visiones que Dios reveló a Juan. No tiene nada que ver con lo que esas imágenes y ese simbolismo evocarían en las mentes actuales; y debemos tener cuidado de no quedarnos, en virtud de los eventos contemporáneos, con una impresión anacrónica de las imágenes del Apocalipsis, sino tratar de deducir lo que estos símbolos hubieran significado en su contexto histórico original.

D. Cuatro interpretaciones

Otra manera de describir este mismo debate es centrarnos en los cuatro enfoques bastante amplios que históricamente se usaron para interpretar el Apocalipsis. Se llaman: preterista, futurista, historicista e idealista. (1) La interpretación preterista considera que todas las visiones del Apocalipsis son, desde nuestra perspectiva actual, pasadas; es decir, que simplemente describen hechos del primer siglo y que las persecuciones y las grandes tribulaciones no son más que los eventos relacionados con la persecución que sufrieron los cristianos durante el reinado de Domiciano. Quizás el único suceso futuro de este enfoque es el triunfo de Dios que describen los últimos tres capítulos del libro. (2) La interpretación futurista, por otro lado, considera que prácticamente todo lo que se relata a partir del cuarto capítulo es una profecía de eventos futuros que aún no se cumplieron. (3) La interpretación historicista trata de identificar la relación entre diversos períodos de la historia de la iglesia y los diferentes eventos descriptos en el libro del Apocalipsis. (4) Finalmente, la interpretación idealista no intenta relacionar un momento cronológico específico con alguno de los temas o las representaciones del libro sino que considera que consiste en una descripción atemporal de la batalla entre las fuerzas del bien y del mal.

Aunque todas estas interpretaciones puedan tener algunos aspectos reales, creemos que el punto de vista que mejor se adapta a lo que hemos expuesto abarca una combinación de los enfoques preterista y futurista. Muchas de las imágenes solo adquieren sentido cuando comprendemos el significado que habrían tenido en el primer siglo, y si consideramos que la persecución predice o se asemeja a lo que probablemente sucederá a una escala mucho mayor, magnífica e incluso mucho más terrible, durante el preludio de la venida de Cristo y el fin de esta fase de la historia humana.

E. Perspectivas teológicas

Los intérpretes también debaten cuál es el enfoque (pretribulacionista, mesotribulacionista o postribulacionista) que mejor describe la relación entre el rapto, la tribulación y la segunda venida del Señor en este libro. Aunque como ya dijimos en nuestros comentarios sobre 1 Tesalonicenses, el término «rapto» no aparece en ninguna parte, salvo en la epístola de Pablo, y el concepto de Tribulación está en Apocalipsis pero no en la otra epístola. Entonces debemos admitir que cualquier reconstrucción es especulativa y debemos permitir una diversidad de interpretaciones y estar de acuerdo en disentir amigablemente en relación a este tema. Pero nuestra perspectiva en particular estará de acuerdo con la posición postribulacionista y a medida que avanzaremos explicaremos los motivos.

Finalmente también se discute la interpretación del milenio, el período de mil años de paz y prosperidad humana durante el reinado del pueblo de Dios juntamente con Él sobre la tierra, descripto en Apocalipsis 20. Los postmileniaristas creen que es un lapso de tiempo que los cristianos, por el poder del Espíritu, pueden hacer que tenga lugar en la historia humana antes del regreso de Cristo. En otras palabras, el regreso de Cristo será posterior o sea después del milenio. Pero a pesar de los diversos períodos de optimismo social e incluso utópico a lo largo de la historia de la iglesia, las tristes realidades de las magnitudes del mal y la naturaleza caída de la humanidad generalmente convirtieron esta perspectiva en la menos popular y la menos convincente.

Para los amileniaristas, el milenio es completamente simbólico. Tradicionalmente lo relacionaron con la era de la iglesia pero sigue siendo un enfoque demasiado optimista. Últimamente han empezado a considerar que el milenio simplemente describe el período de los cielos nuevos y la tierra nueva de los capítulos 21 y 22 de una manera ligeramente diferente. La posición que adoptaremos a partir de aquí coincide con el tercer enfoque interpretativo importante, concretamente el premileniarista, que cree que Cristo debe volver antes de que pueda tener lugar la era dorada de humanidad perfecta y glorificada, y que esa era es literalmente un período intermedio de la historia humana entre el mundo y los sucesos históricos tal como los hemos conocido, y los cielos nuevos y la tierra nueva de los capítulos 21 y 22 que cierran el libro de Apocalipsis.

II. Análisis

Entonces vamos a comenzar con el estudio de los contenidos del libro de Apocalipsis.

A. Introducción (1:1-20)

Todo el capítulo 1 es de introducción. Describe la situación en que se hallaba Juan: adorando a Cristo en el Espíritu, desterrado en la isla de Patmos, y recibiendo la primera visión de todas las que registra este libro. Después de la información de introducción, que tiene las características típicas del género epistolar con el que ya estamos familiarizados por las lecciones anteriores, Juan se encuentra con un Jesús muy poderoso, alguien descripto como un guerrero, un soberano majestuoso, glorificado, alguien en cuya presencia es casi imposible estar. Es el único lugar del canon donde Jesús aparece sistemáticamente como alguien poderoso y vencedor. Esto nos recuerda que Jesús no es solo el dulce bebé en el pesebre que recordamos en Navidad o el hombre crucificado un Viernes Santo, sino el Señor resucitado, exaltado y victorioso que algún día volverá para regir la tierra y vindicarse frente a sus enemigos.

B. Las cartas a las siete iglesias (2:1-3:22)

Evidentemente los capítulos 2 y 3 forman una sección diferente en la que Juan se dirige, de a una por vez, a las siete iglesias de Asia. Quizás la mejor manera de comprender estas cartas es considerar que engloban todo el espectro de los diferentes tipos de iglesias que existían en la época de Juan y, podría decirse, que han existido en todo tiempo y lugar durante la historia de la iglesia. (1) La iglesia de Éfeso es a la que describe la famosa frase «has dejado tu primer amor», 2:1-7. (2) La iglesia de Esmirna, 2:8-11, es una de las dos que Juan elogia sin ninguna crítica porque persevera a pesar de las dificultades. Curiosamente no se les promete que serán libres o liberados de esta persecución sino que se les alienta a permanecer firmes. (3) Pérgamo, descripta en 2:12-17 y prácticamente reprobada por completo, es una iglesia que mezcla la fe con la inmoralidad. (4) Tiatira confundió lo diabólico con lo divino, 2:18-29. (5) Sardis, condenada completamente y una de las dos Iglesias sin ningún elogio, se presenta como casi muerta, 3:1-6. (6) Filadelfia, la congregación más madura, 3:7-13, es elogiada por ser obediente y fiel y es la segunda iglesia que no tiene críticas. Sin embargo es curioso que aparentemente sin mediar mérito propio, se les promete que serán guardados de la gran tribulación que vendrá sobre el mundo entero.

Para los que creen en el rapto pretribulacionista, la iglesia de Filadelfia a menudo simboliza y representa a los creyentes fieles que estén vivos durante los eventos que precedan el regreso de Cristo, quienes entonces serán raptados del mundo para que no tengan que atravesar la Gran Tribulación que vendrá. Pero los postribulacionistas a menudo resaltan que la expresión «te guardaré» es la misma frase griega que está en Juan 17:15 donde Jesús intercede por sus seguidores para que sean guardados del mal y sus influencias, aun cuando sigan estando en la tierra después de su muerte y resurrección. Pero podría ser que ambos enfoques deduzcan demasiado del texto ya que no hay ningún otro dato de los capítulos 2 y 3 que con claridad aluda a ningún momento futuro más allá del contexto inmediato de la persecución de Domiciano. Quizás la Gran Tribulación de «todo el mundo» se refiera a la tribulación en el oikoumene, o sea el mundo conocido en esa cultura (todo el imperio), y a Filadelfia se le promete que será guardada de lo que Domiciano se trae entre manos en ese primer siglo; nada más y nada menos que eso.

(7) La última de las siete iglesias es la de Laodicea. Normalmente se la describe en términos sumamente negativos y es la segunda que no tiene ningún elogio. Podemos considerarla nauseosa e inútil. Existe una interpretación errónea que invade a los lectores en esta parte de Apocalipsis y vamos a tener el cuidado de corregirla. Se dice que esta iglesia no es fría ni caliente sino tibia, y está en peligro de ser vomitada de la boca de Jesús. En el mundo antiguo el suministro de agua de Laodicea era muy conocido por su temperatura. Al ser tibio, prácticamente no se podía beber porque no contaba con un manantial refrescante propio. Tanto el agua fría refrescante proveniente de la montaña cerca de Colosas como el agua mineral caliente y terapéutica de los manantiales cercanos a Hierápolis se transportaban con tuberías para suministrar agua potable para Laodicea. En otras palabras, en este contexto el agua fría y el agua caliente son metáforas positivas.

Cristo no está diciendo por medio de Juan que prefiere que las personas sean fogosas y ardientes por Él, o tan frías que sea evidente que están en su contra, antes que sean tibias. Evidentemente esto no tiene sentido desde el punto de vista teológico. Cristo preferiría que la gente esté muy cerca de convertirse a la fe cristiana verdadera. En cambio, por un lado la metáfora del agua fría nos remite a algo refrescante y vivificador mientras que el agua caliente nos da la idea de algo terapéutico; pero los de Laodicea no eran ni una cosa ni la otra. Entonces en el versículo 20 Jesús les implora usando otra imagen famosa; que Él está a la puerta de sus corazones, por decirlo de algún modo, y golpea, esperando que le abran y pueda entrar a cenar con ellos. Aunque este versículo a menudo se usa en situaciones evangelísticas, quizás aplicado correctamente, en el contexto original es un llamado a ser vivificados. Representaría lo que en la actualidad llamamos la re dedicación de aquellos que profesan ser cristianos pero de alguna forma están tibios.

C. La sala del trono celestial (4:1-5:14)

El capítulo 4 con claridad nos introduce a una parte muy diferente de este libro. Junto con el capítulo 5 nos transporta de la tierra al cielo y nos describe la mismísima sala del trono celestial, de Cristo, y las diferentes creaciones angelicales que lo rodean. Podemos decir que estos dos capítulos son una adoración celestial. La idea principal del capítulo 4 es resaltar que Dios es completamente digno de recibir toda la gloria y todo el honor. Recién en el capítulo 5 vemos que un problema interrumpe esta visión celestial, concretamente que no haya nadie digno de abrir el libro; un escrito que probablemente relatara los sucesos de los tiempos finales. Poder abrir ese libro entonces estaría relacionado con la capacidad de desencadenar un período que terminaría con la historia humana.

Sin embargo aparece alguien a quien se llama tanto león (el León de la tribu de Judá) como cordero, y que puede hacerlo. Obviamente ambas metáforas se refieren a Jesús, el Cristo, el que murió por los pecados de la humanidad, aquél que era la expresión misma de Dios capaz de proveer la expiación necesaria antes de la inauguración de la era final de la historia humana. Los mismos himnos que en el capítulo 4 se entonan para Dios Padre aquí se cantan para el Cordero; es digno de recibir todo el honor, el poder, la alabanza, la gloria, la fortaleza, etc. Estos capítulos implícitamente señalan que Jesús es el «Dios verdadero de Dios verdadero», como lo parafrasea el credo primitivo.

Pero también nos presentan una estrategia muy típica del Apocalipsis que será fundamental para ayudarnos a interpretar los eventos que se sucederán en este libro. Como ya vimos, a Jesús se lo describe como un león y a la vez como un cordero. Si prestamos más atención a la secuencia del escrito de Juan en 5:5-6 vemos que en realidad escucha que mencionan al León de la tribu de Judá pero cuando se da vuelta para verlo se encuentra con un cordero. Obviamente sabemos que Jesús no era literalmente un león ni un cordero, pero los nombres de estos animales aluden por un lado a su poder, majestad y dotes guerreras, y por el otro a su humildad y obra sacrificial. Es importante tener en mente que la literatura apocalíptica tiene mucha facilidad para describir el mismo hecho o suceso con imágenes lingüísticas bastante diferentes.

D. El primero de las tres series de siete juicios (6:1-8:5)

En el capítulo 6 nos adentramos en los sucesos que desencadenarán la última era de la historia humana. De 6:1 a 8:5 tenemos los primeros de las tres series de siete juicios, descriptos respectivamente como sellos, trompetas y copas del juicio. La relación entre ellos es una cuestión que genera un intenso debate. Algunos creen que se trata de 21 juicios consecutivos. El problema de esta posición es que el sexto juicio de cada serie parece ser tan catastrófico que produciría el fin literal de la historia humana porque devastaría el universo que conocemos. Otros creen que los tres son repetitivos, es decir que describen el mismo período de la tribulación desde tres perspectivas diferentes. El problema de esta interpretación es que las tres series de juicios parecen ir aumentando paulatinamente la intensidad hasta desembocar en el clímax.

Quizás el mejor enfoque es aquel que combina las fortalezas ambos puntos de vista y entonces interpreta que los juicios de los siete sellos se suceden secuencialmente hasta el sexto que es, por decirlo de algún modo, un fogonazo previo que nos coloca al borde mismo del abismo del final de la historia humana, solo para que luego Juan y sus visiones retrocedan un poquito del filo del acantilado. Curiosamente, el séptimo de cada serie no presenta ningún juicio nuevo. Sino que en una ocasión se produce un silencio en el cielo y en la otra, desastres cósmicos. También podría ser que el séptimo sello presente y englobe los siete juicios siguientes, en este caso serían las trompetas y que la séptima trompeta a su vez presente y englobe las siete copas finales de la ira de Dios.

También debemos resaltar que el primer grupo de juicios, los siete sellos, no se refieren a sucesos que están en la lista de eventos de los tiempos finales sino a un preludio. Como sucedía con los sellos imperiales u oficiales que debían sacarse para poder abrir la carta y leer su contenido, estos eventos deben suceder primero. Esto se relacionaría, especialmente los primeros cuatro juicios de los sellos (que incluyen la militarización, la guerra, el hambre y la muerte), con la naturaleza de los eventos que los cristianos y otras personas han experimentado en el mundo durante el primer siglo y a lo largo de la historia de la iglesia. El quinto sello es bastante diferente; refleja el clamor de los mártires: ¿hasta cuándo tienen que esperar? Y se les responde: «todavía un poco de tiempo». Evidentemente este sello tampoco nos coloca en el fin. El sexto sello, que describe cataclismos cósmicos, claramente nos lleva al umbral del fin pero todavía nos quedan varios juicios por delante y en este punto pareciera que Juan y las visiones recibidas de Dios se retraen.

Antes de describir el séptimo sello Juan presenta una especie de interludio que abarca todo el capítulo 7. Se nos presentan dos imágenes: una de 144000 judíos, 12000 de cada tribu de Israel, y una segunda visión de una multitud de innumerables personas pertenecientes a todos los grupos étnicos, que están adorando a Dios. No hay manera de juntar dos grupos más disparatados y los que creen en el enfoque pretribulacionista naturalmente interpretan que esta multitud de los que salieron de la Gran Tribulación corresponde a la iglesia raptada antes de ese evento. Entonces, los 144000 literalmente son judíos que quedaron en la tierra durante la Tribulación, judíos cristianos o personas que creyeron en Cristo después del rapto de la iglesia.

Pero si recordamos que a Jesús se lo asoció tanto con un León como con un Cordero hay otra interpretación coherente con el enfoque postribulacionista que quizás debería favorecerse. Juan vuelve a escuchar el número de los que están sellados, protegidos y deben atravesar la Tribulación pero están exentos de la ira de Dios. Luego se vuelve para mirarlos y debería encontrarse con el grupo que se acaba de describir, pero lo que ve, al igual que cuando quiso ver el león y se encontró con la oveja, es un grupo de gente muy diferente. Un grupo describe el tamaño literalmente gigante y multiétnico de la iglesia de Jesucristo de todos los tiempos. El otro representa simbólicamente la iglesia como el nuevo o verdadero Israel, el cumplimiento de todas las esperanzas y profecías del Antiguo Testamento. La frase «éstos son los que han salido de la Gran Tribulación», en un sentido más natural, significaría los que sobrevivieron durante ese período y fueron sacados. Aunque esta interpretación probablemente sea la menos conocida merece ser tomada con seriedad.

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