Conferencia

I. Introducción

En esta lección comenzamos a acercarnos al punto culminante y el final de la vida de Jesús sobre la tierra. La última etapa geográfica de su ministerio adulto es lo que normalmente llamamos el ministerio en Judea. No sabemos realmente cuánto tiempo estuvo en camino después de partir de Galilea por última vez en pos de su visita fatídica a Jerusalén. Nos referimos a esta etapa de su ministerio como el período de rechazo, durante el cual viajó bajo la sombra de la cruz. Pero en Marcos 10 (y pasajes paralelos en Mateo 19 y Lucas 18), en determinado momento, quizás varias semanas antes de la Pascua que desembocaría en su muerte, Jesús se encuentra en Judea, el territorio más austral de Israel, enseñando junto al camino a las multitudes que se reúnen, y respondiendo las preguntas de quienes lo indagan.

II. Los últimos días del ministerio de Jesús

A. La cuestión del divorcio

El primer episodio que relatan los Evangelios Sinópticos durante esta fase en Marcos 10 (y pasajes paralelos) se trata de una pregunta capciosa, de algunos líderes judíos, para acorralarlo sobre el tema del divorcio. Era un asunto en pleno debate entre dos escuelas fariseas, la escuela de Shamai y la escuela de Hilel. Ambas interpretaban la legislación deuteronómica de Deuteronomio 24 de diferente manera; Hilel muy liberal en cuanto a qué situaciones ameritaban el divorcio, y Shammai muy estricta. Jesús parece estar del lado de Shamai ya que responde que el divorcio sólo se permite en caso de adulterio o infidelidad matrimonial; pero en cierto sentido hasta es más estricto porque señala que únicamente se permite y no que es un mandato, como hubiera enseñado esa rama de los fariseos. Pero la idea central de este pasaje de introducción de Marcos 10 está en las palabras de Jesús que apuntan a las intenciones originales de Dios para las parejas desde la creación en adelante. Alude a la enseñanza de Génesis 2, de que un hombre dejará a su padre y a su madre, se unirá a su esposa y serán una sola carne. Entonces, la supuesta fidelidad común de la ordenanza matrimonial es para toda la vida. Dios puede tolerar la separación solo bajo circunstancias excepcionales.

Esta enseñanza concuerda con lo que Jesús dijo en la tercera antítesis del Sermón del Monte de Mateo 5 y se complementa con 1 Corintios 7, cuando Pablo admite una segunda situación excepcional: concretamente cuando un cónyuge no creyente desea separarse. La pregunta que se hacen muchas personas hoy es si hay otras situaciones en las que Dios podría aceptar el divorcio, quizás como un mal menor. Y podría ser importante resaltar lo que las dos excepciones del Nuevo Testamento tienen en común. Ambas violan una mitad del pacto matrimonial que presenta Génesis. En el caso de la fidelidad sexual, se transgrede el hecho de ser una carne; y en el otro caso de dejar al otro y partir, se transgrede la proximidad física y la lealtad al cónyuge por encima de otros individuos.

Quizás, preguntar si existen otras circunstancias excepcionales no previstas en las culturas del judaísmo o de Corintios, sea preguntar si existen otras situaciones en las que el matrimonio, ya de facto, se termine. Debemos ser muy cuidadosos para no comenzar a enumerar esas circunstancias y sugerir a las personas que siempre es aceptable. Sería mucho más bíblico y más sensato simplemente analizar cada caso en particular. Pero no debemos perder de vista la idea principal de esta enseñanza de Jesús, que es instar a una cultura que se había vuelto muy liberal aceptando el divorcio a volver a tener una ética mucho más elevada y mucho más estricta, más parecida a lo que vimos en su instrucción del Sermón del Monte.

B. Negarse a sí mismo

El siguiente encuentro en el ministerio de Jesús en Judea, cuando iba camino a Jerusalén en Judea, consiste en una breve historia de auto negación, en la que bendice a los niños que le traen y usa esa ocasión para enseñar que debemos entrar en el reino como los niños pequeños. Aquí debemos tener cuidado con cuál es la parte de la infancia a la que creemos que Jesús alude: definitivamente no está diciendo que los creyentes deban ser infantiles sino más bien parecerse a los niños al reconocer su dependencia de alguien aparte de ellos mismos; en este caso, Cristo de Dios.

C. La mayordomía cristiana

El tercer encuentro que narran Marcos 10 y los pasajes paralelos es con el joven rico; un relato mucho más detallado en que Jesús asombra a sus discípulos ordenándole a este joven interlocutor adinerado que venda sus posesiones, lo reparta entre los pobres, venga y lo siga. Debemos reconocer que no es un mandamiento que Jesús dé a todos los futuros discípulos. En realidad, Lucas parece aclarar especialmente este punto ya que inmediatamente yuxtapone las historias de la conversión de Zaqueo (en Lucas 19 después del pasaje paralelo del joven rico de Lucas 18) y la parábola de las minas, que también se encuentra en Lucas 19 desde el versículo 11.

Juntas, estas historias ilustran tres modelos diferentes de mayordomía cristiana. En un caso, el mandamiento es vender todo; el segundo caso es el de Zaqueo, que voluntariamente da la mitad y promete devolver cuadruplicado lo que haya robado; luego está la parábola de las minas, en la que se encarga a los siervos que inviertan el dinero de su señor. No regalan nada sino que en realidad ganan más. Pero a menos que de pronto nos pongamos contentos con un capitalismo desenfrenado, se nos recuerda que al final, todo el dinero vuelve al señor. Sea cual fuere el modelo que sigamos, sea lo que fuere que Dios nos pida que hagamos en nuestra situación en particular, lo importante es que el cien por ciento le pertenece. Y más allá del porcentaje que específicamente ofrendemos para las necesidades de los pobres (y Lucas efectivamente recuerda en algún otro lugar, como ya vimos en lecciones anteriores, que debemos ser generosos, especialmente los que llevamos una vida acomodada), para los muy necesitados (principalmente hermanos cristianos de todo el mundo), sea cual fuere ese porcentaje debemos considerar que todo lo que tenemos es un préstamo de Dios y tenemos que ser buenos administradores.

D. Tercera predicción de la pasión

En Marcos 10: 32-34, Jesús empieza a enseñar sobre el sufrimiento y la muerte que lo esperaban; que corresponde a la tercera y última predicción sobre la pasión de Marcos 8, 9 y 10. En este contexto, reprende a sus seguidores que están discutiendo sobre quién va a ser más importante en el reino futuro, señalando que quien quiera ser el mayor, deberá ser siervo de todos. Y en este contexto aparece el famoso versículo 45 de Marcos 10 al que ya hemos aludido, que señala una de las perspectivas claves de Marcos sobre Jesús: Jesús es el siervo sufriente, el que no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos.

III. Al borde de la semana final

A. Camino a Jerusalén

En este punto llegamos al borde de la última semana de la vida de Jesús. La sanidad del ciego Bartimeo del final de Marcos 10 ocurre cuando Jesús está cerca de Jericó, saliendo de la ciudad y en las inmediaciones del rio Jordán, a solo un día de camino en subida a Jerusalén, la ciudad capital. El evangelio de Juan, en el capítulo 12, narra una historia que inmediatamente antecede la entrada del Señor a la ciudad y entonces, cronológicamente, debe ser el evento que sucede después de esta sanidad. Juan dice que tuvo lugar seis días antes de la Pascua, lo que significaría que estamos hablando del sábado antes de la muerte de Jesús en el día que llamamos Viernes Santo.

B. Jesús en Betania

Se trata de la historia de Jesús en Betania (lo que hoy consideraríamos como un barrio de Jerusalén), una pequeña población en las laderas lejanas del monte de los Olivos, en el hogar de Marta, María y Lázaro, a quién hacía poco había levantado de los muertos. Aquí María derrama sobre Jesús una botella de perfume caro, que costaba el sueldo de casi un año de trabajo, ungiéndolo como si lo preparara para la muerte y el entierro que lo aguardaban. Juan destaca de manera muy trágica el contraste entre la respuesta de Judas y la respuesta de María. Algunos especulan que quizás fueron ellos dos los primeros que comprendieron y creyeron realmente que Jesús estaba por enfrentar este plan de ignominia de dejarse arrestar y crucificar. Pero ambos reaccionan de manera diametralmente opuestas: María con fe y Judas con cinismo y escepticismo, quizás enojado porque Jesús no iba a ser un gobernante militar que derrocara a los romanos; la gota que rebalsó el vaso de Judas, por decirlo de algún modo; otro motivo para llevar a cabo su plan de traicionarlo.

De cualquier modo, en este pasaje Judas protesta diciendo que el dinero que María gastó en esencia podría haber sido dado a los pobres. Esto nos vuelve a recordar que Jesús no era un asceta común. Hay ocasiones que ameritan gastos generosos o derroches en la adoración a Cristo. Pero a menudo los creyentes adinerados en la actualidad malinterpretan la respuesta de Jesús: «a los pobres siempre los tendréis con vosotros». En realidad es un extracto de una cita de Deuteronomio que continúa diciendo que se los puede ayudar en cualquier momento que uno lo desee, como expresa el pasaje paralelo de Marcos. Entonces, Deuteronomio explica: «… Por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra». La excepcional manifestación de generosidad y de amor de María se produce en una situación especial; la norma de la vida cristiana es tener compasión por los pobres. Marcos y Mateo ubican esta historia en un contexto diferente en los capítulos 14 y 26 respectivamente como si ocurriera la noche del arresto de Jesús, aunque el lector detallista notará que no hay conectores cronológicos específicos que nos hagan ubicar este evento allí. Es probable que esos autores lo hayan adelantado por cuestiones temáticas, así como agrupan material por tema en muchos otros lugares de sus evangelios, precisamente por la importancia del ungimiento de María en la preparación del cuerpo de Jesús para su sepultura.

IV. Domingo de Ramos

Entonces podemos continuar con la secuencia de los Evangelios Sinópticos que comienza en Marcos 11 (y pasajes paralelos) mientras pasamos, casi día por día, a los eventos que al final desencadenaron la muerte de Jesús. El domingo, que en la actualidad llamamos Domingo de Ramos, Jesús sube por el camino de Jericó a Jerusalén y lo aclaman arrojándole ramas de palmas y gritándole «¡Hosanna!», que significa: «¡Sálvanos ahora!», lo que sugiere que tiene gran número de seguidores.

Pero aunque lleva a cabo un acto mesiánico, sobre un manto encima de un asno o un pollino hijo de asna, en cumplimiento de Zacarías 9:9, el significado del animal se pierde en la multitud. No es la entrada triunfal a Jerusalén de un general romano sobre un caballo blanco; es un individuo muy impotente que viene en una simple bestia de carga. El Mesías vendría a Jerusalén con humildad, pero este hecho prácticamente no lo percibe la muchedumbre. No sorprende entonces su desilusión y su cambio radical de actitud solo cinco días después cuando, probablemente algunos de los mismos individuos de las calles de Jerusalén, piden a gritos: «¡Crucifícale!, ¡Crucifícale!».

V. Lunes

A. Malas noticias para una higuera estéril

El lunes, después de volver a hospedarse en Betania con María y Marta, Jesús entra de nuevo en Jerusalén. En el camino maldice a una higuera que está cerca del sendero y no tiene frutos. Es el único milagro de destrucción de los evangelios, después de la historia de los demonios que fueron lanzados a los cerdos en Marcos 5; y repetimos que no es destrucción de vida humana sino solamente, en este caso, de una planta. Pero encontramos más simbolismo en este hecho, pareciera, que simplemente la presunción de Jesús por un árbol que debería tener frutos y no pudo satisfacer su hambre.

En el Antiguo Testamento las higueras a menudo simbolizaban a Israel o las bendiciones de Israel en la era mesiánica, cuando todos los israelitas podrían sentarse a disfrutar la abundancia de la tierra bajo su propia higuera. Cuando Jesús la maldice y los discípulos se maravillan, les responde: «En verdad os digo que cualquiera que diga a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, y no dude en su corazón, sino crea que lo que dice va a suceder, le será concedido» Probablemente esté hablando del monte de Sión, sobre el que se asentaba el templo, la montaña que los discípulos habrían tenido adelante si estaban atravesando las cuestas del monte de los Olivos que bajan hasta el valle de Cedrón, justo al este de la ciudad de Jerusalén.

Más que una carta blanca para hacer cualquier cosa, aunque sea sobrenatural, simplemente si tenemos la fe suficiente, es probable que esta sea una enseñanza específica que concuerde con el simbolismo de la destrucción de la higuera y la breve parábola de Lucas 13:6-9, donde la higuera representa al pueblo de Israel que pronto será destruido si no se arrepiente. Ambas se combinan para amenazar con la próxima destrucción de Jerusalén, el templo y todo el sistema sacrificial para el cual este se erigió. En resumen, esta enseñanza de Jesús es una acción profética simbólica de la nueva era por venir que está inaugurando. Este mismo simbolismo aparece, por lo se confirmaría nuestra interpretación de este pasaje, con otra cosa que Jesús hace este lunes de la semana de la pasión, concretamente lo que generalmente conocemos como «la limpieza del templo».

B. El arrebato de ira en el templo

Nuevamente, el término no es del todo adecuado. Así como a la entrada triunfal sería mejor llamarla no triunfal, la limpieza del templo es más un despeje del templo. No significa que Jesús creyera que en esta época tardía realmente pudiera reformar las prácticas del templo; es más un gesto profético que simboliza que todo el sistema del templo tiene los días contados. Un erudito con inteligencia llamó a este hecho «el arrebato de ira en el templo» de Jesús y quizás, aunque suene gracioso, sea un nombre más apropiado que el despeje del templo. Pronto no habrá templo ni necesidad de algún otro templo, ya que los adoradores acudirán a Dios a través de Jesús, el sacrificio supremo por los pecados, en cualquier parte del mundo que vivan.

VI. Martes

A. Enseñanzas polémicas

Entonces Jesús, el martes, se encarga de una serie de enseñanzas de cuestiones con varios grupos de personas que deambulan por los recintos del templo. Ahora resulta útil haber analizado antes un poco sobre los diversos grupos de líderes judíos, porque todas las preguntas que hacen, y Jesús responde, ahora van a tener sentido. Los sacerdotes principales preguntan con qué autoridad Jesús desordenó todo en el arrebato de ira en el templo. Son los que están a cargo y por eso la cuestión de la autoridad resulta lógica. Jesús no les responde directamente pero les cuenta una historia breve, que en esencia señala que su autoridad proviene del mismo lugar que la autoridad de Juan el Bautista. Y como Juan era popular entre las multitudes, ellos no admitirán que no provenía de Dios pero tampoco lo admitirán directamente, por lo que el cuestionamiento queda en un punto muerto.

Los fariseos y herodianos, que normalmente no se juntaban a menos, quizás, que se unieran contra un enemigo en común, preguntan sobre los impuestos. Los herodianos, que apoyaban a Herodes y el statu quo habrían estado a favor del pago de impuestos mientras que los fariseos habrían estado en contra. ¿Cómo puede responder Jesús sin oponerse a uno de los dos grupos? Bueno, lo hace con su famosa frase que en un sentido reconoce la legitimidad de ambos ámbitos: «Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios», pero al hacerlo reconoce que Dios es una autoridad superior. El césar no es la autoridad suprema como él mismo lo habría afirmado.

Luego vienen los saduceos y preguntan sobre la enseñanza de Jesús respecto de la resurrección, burlándose porque creía en la vida después de la muerte. Pero el Señor descubre hasta como citar de la Torá, los cinco libros de Moisés, un pasaje que prueba la existencia de la resurrección. Un abogado (naturalmente) viene y pregunta sobre el mayor de los mandamientos. Jesús responde de una manera que habrían avalado varios líderes judíos: «y amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza». Luego de haber frustrado todas las interpelaciones o los presuntos trucos, Jesús pasa a la ofensiva y les pregunta sobre un pasaje de Salmos 110:1 en el que David dice: «El Señor (Jehová, Dios el Padre) dijo a mi Señor: “siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies”». En esencia, la pregunta consiste en lo siguiente: «¿Quién es este otro Señor mayor que David?». Si no es el Mesías, las multitudes no tienen respuesta.

De aquí en adelante Jesús se dedica a reprender definidamente, algo que Mateo 23 cuenta con todo detalle, la hipocresía de escribas y fariseos, y finaliza la enseñanza en el templo elogiando la ofrenda que parte del sacrificio y la generosidad, aunque el valor neto sea insignificante, de la viuda que puso en el tesoro del templo dos pequeñas monedas de cobre. Jesús deja el templo, quizás de alguna manera evocando la descripción de Ezequiel de la gloria de Dios que abandonó el templo por la maldad de la nación en épocas del exilio en el Antiguo Testamento.

B. Discurso de los Olivos

Jesús toma a sus discípulos, sube al monte de los Olivos, y les da lo que se conoce como el discurso escatológico o de los Olivos, un sermón que ocupa Marcos 13, Lucas 21, y con más detalles, Mateo 24 y 25. Acaban de estar en el templo y salir de allí, por lo que los discípulos comentan sobre la belleza y la grandeza de lo que en el mundo antiguo se consideraba una de las grandes maravillas arquitectónicas y estéticas de la época. La respuesta de Jesús indudablemente los deja atónitos cuando dice: «No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada». Y eso hace que los discípulos hagan una doble pregunta: ¿Cuándo será destruido el templo y cuándo vendrá el fin de los siglos?

Sin duda en las mentes de los discípulos estos eventos eran lo mismo. Probablemente no podían imaginarse que Dios tuviera planes para su pueblo de Israel sin un templo. Seguramente esta destrucción acarrearía el fin del siglo. Pero cuando Jesús responde, parece separar su respuesta en dos partes. Ahora nos encontramos, como pocas veces, con un pasaje que tanto legos como eruditos han interpretado de maneras muy diferentes, y no tenemos tiempo para enumerar todos los enfoques interpretativos de este mensaje. Simplemente daré una explicación que tiene un amplio consenso o refleja la opinión de una amplia muestra de eruditos bíblicos evangélicos, aunque quizás no siempre sea tan conocida en ciertas artes como algunas otras interpretaciones.

En Marcos 13:5-23 Jesús comienza respondiendo la primera pregunta: ¿Cuándo será destruido el templo? La primera parte de su respuesta se refiere a ciertas señales que deben cumplirse, pero en y por sí mismas no demuestran que el fin o la destrucción del templo sucederán de manera inmediata. Entre ellas están: la aparición de falsos mesías, guerras y rumores de guerras, terremotos y hambre, persecución, y el evangelio al alcance de todas las naciones. No hay dudas de que estos sucesos se cumplieron, quizás hasta varias veces desde la primera generación de cristianos. La prédica del evangelio a todas las naciones, a primera vista, parece estar en una categoría bastante diferente. Hoy decimos que la Gran Comisión todavía tiene que cumplirse. Sin embargo en Romanos 10:18 Pablo puede afirmar, al menos en un sentido provisorio, que la palabra del Señor salió por toda la tierra; quizás queriendo decir que había llegado a grupos representativos de todas las partes más importantes del Imperio Romano. Y tenemos que recordar que el término usado en varios lugares del Nuevo Testamento para todo el mundo también podría aplicarse, y así ha sucedido en muchos otros textos, simplemente al mundo conocido, es decir, el Imperio Romano.

En los versículos 14-23 Jesús sigue con los eventos que inmediatamente rodean la destrucción del templo, aunque a partir de otros textos del Nuevo Testamento, especialmente el libro de Apocalipsis, intuimos que estos sucesos podrían repetirse, pero en una escala aun mayor, en el final de la historia humana. Aquí es importante comparar los relatos de Mateo y Marcos con Lucas. Mateo y Marcos hablan muy enigmáticamente de «la abominación desoladora» mientras que Lucas dice que Jerusalén será rodeada por ejércitos, lo que precisamente sucedió en el año 70 d.C., con la destrucción del templo y la ciudad. Luego sigue un período en el que los gentiles hollarán la ciudad hasta que se complete ese tiempo.

Todos los escritores de los evangelios dicen que es una época de gran tribulación. Y aunque estamos acostumbrados a la Tribulación de Apocalipsis como el período inmediatamente anterior el fin de la historia humana, parecería que en este contexto Jesús habla de toda la era de la iglesia (todo el período al menos desde la destrucción de Jerusalén hasta la Segunda Venida) como un tiempo de grandes y diversas tribulaciones para su pueblo. Esto explica por qué Mateo luego puede decir a partir de Mateo 24:24 que inmediatamente después de estos eventos de la Tribulación ocurrirá el regreso del Mesías.

No podemos predecir el tiempo ni la fecha. Marcos 13:32 lo deja muy en claro. Ni siquiera Jesús, con las limitaciones de su encarnación humana, sabía el día ni la hora de su regreso. Pero el sermón continúa un capítulo entero en Mateo, resumido mucho más brevemente en Marcos, con una colección de parábolas que enseñan el punto principal de este sermón de Jesús: estar atentos, alertas, permanecer en los negocios del Señor sin importar si Cristo tarda mucho o poco en volver. Ese sermón luego tiene el punto culminante y finaliza con el debate sobre la parábola de la oveja y los cabritos, que nos recuerda que todas las naciones y todos los pueblos serán llamados a rendir cuentas algún día en un juicio ante Dios.

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