Conferencia

I. El Evangelio de Lucas

En esta lección, dejamos a Marcos y Mateo para introducir los evangelios de Lucas y Juan. Nuevamente comenzamos con la teología distintiva.

A. Teología

En el caso del evangelio de Lucas, muchos lectores perciben que la humanidad de Jesús, en particular su compasión específica por los marginados, brilla con la misma claridad que cualquier otro tema. Existen muchas categorías de marginados a los que el Señor les presta atención especial en este evangelio. Entre ellos tenemos a los samaritanos y los gentiles, forasteros en Israel. Solo en este evangelio podemos leer la famosa parábola del buen samaritano. Exclusivamente Lucas cuenta la historia de los diez leprosos sanados por Jesús y del único que vuelve a agradecer, que era samaritano. «Recolectores de impuestos y pecadores» es una frase interesante que enfatiza este escritor y refleja otra categoría de marginados: esta vez no son los «insignificantes y marginados» sino los que podríamos considerar «importantes y marginados» a quienes Jesús prodiga atención especial en el evangelio. Solo en Lucas leemos del pequeño Zaqueo, un recolector de impuestos convertido que se subió a un sicomoro para ver al Señor.

Las mujeres también son otro grupo de marginados sociales que reciben atención especial de Jesús. La narración del nacimiento de Lucas se centra principalmente en las perspectivas de Elisabet, madre de Juan el Bautista y María, madre de Jesús. Lucas es famoso por dar ejemplos de pares de hombres o mujeres de manera paralela en todo su evangelio. Tanto Ana como Elisabet, en los mismos relatos del nacimiento, cantan himnos de adoración y proclaman la llegada del Mesías y los sucesos que rodearon la llegada del Señor. Solamente Lucas une la parábola de la oveja perdida con la parábola de la moneda perdida; en la primera el personaje principal es el pastor y en la otra una mujer o ama de casa. Quizás la historia más famosa sobre mujeres de Lucas sea la de María y Marta, donde el Señor muestra una perspectiva contraria a la cultura; no elogia a Marta por su hospitalidad convencional y su desempeño doméstico sino a María por sentarse a sus pies y querer aprender como un discípulo de su maestro, práctica en que la mayoría de los rabinos excluían a las mujeres.

Así otra categoría de marginados sociales y necesitados que atrajeron la atención del maestro es la de los pobres en general. Únicamente este evangelista en las Bienaventuranzas del Sermón del Monte centra su atención en los pobres en sí y no en los pobres en espíritu como Mateo. Este autor es el único que escribe el manifiesto en el que Jesús de Nazaret afirma que cumple la profecía de Isaías 61:1 que dice que el espíritu del Señor está sobre Él para, entre otras cosas, dar buenas nuevas a los pobres. Solo Lucas contiene las famosas parábolas del rico necio y del rico y lázaro, que son condenados porque con egoísmo se ocuparon de sus riquezas y, además de ignorar a los pobres, nunca se arrepintieron; sus corazones nunca hicieron lo correcto delante de Dios. Un título que encaja muy naturalmente con este énfasis en la humanidad y la compasión de Jesús y que es bastante característico del evangelio de Lucas es el de «Salvador».

Igualmente, los términos que en griego significan «salvación» y «salvar» aparecen con mucha mayor frecuencia en este evangelio que en cualquier otro lugar. Muchos comentaristas tienen fundamentos para decir que la salvación es, en realidad, el tema que mejor resume en una sola palabra la teología del evangelio de Lucas. Lucas 19:10 podría ser un resumen en un solo versículo de este tema, cuando el Señor dice que vino a buscar y salvar lo que se había perdido. En Lucas, Jesús también enseña con el doble de parábolas que en cualquier otro lugar. Es más, ya mencionamos varias como ilustraciones de temas citados anteriormente.

B. Lucas: El primer historiador cristiano

Lucas también recibió el nombre de primer historiador cristiano. No es que Mateo y Marcos, si es que en efecto lo precedieron, no contaran la historia, sino que Lucas podría haber sido el primer evangelista en reflexionar conscientemente desde la perspectiva del historiador greco-romano. Únicamente Lucas, en los primeros capítulos de su evangelio, aborda los sucesos relacionados con el nacimiento del Mesías y el comienzo de su ministerio adulto en el contexto de los eventos más importantes del Imperio Romano: quién era emperador, quién era gobernador de Siria, quiénes eran los sumos sacerdotes judíos en ejercicio, etc.

En Hechos, su segundo libro, Lucas se ocupa especialmente de esa precisión cronológica y sincrónica. Además de decirse que Lucas es el primer historiador cristiano, a menudo se ha dicho que por su forma de escribir, fue el primero en imaginar que la historia de la iglesia seguiría por un período de tiempo considerablemente extenso. Con seguridad es el único evangelista conocido que redacta un segundo volumen, una continuación de su evangelio (en este caso los Hechos de los Apóstoles) y que escribe con la idea permanente de que la iglesia va a estar por un tiempo a pesar de que los dichos de Jesús hicieron que algunos de sus primeros seguidores pensaran que regresaría mientras vivían, en el transcurso de una generación. Lucas podría haber percibido con más claridad que otros que las palabras del Señor no eran tan precisas y que pasaría un período indeterminado de tiempo hasta que volviera Cristo.

C. Temas característicos de Lucas

Una mirada simple a la concordancia puede señalar varios temas distintivos de Lucas, entre ellos la preocupación por el ministerio del Espíritu Santo, Jesús que enseña y los discípulos que aprenden sobre la oración y el tema del gozo. Nuevamente, después de una investigación sobre el énfasis teológico de un evangelio, es natural preguntar qué circunstancias podrían haber dado origen a tal documento. Existen quienes han enfatizado tanto el tema del aparente retraso del regreso de Cristo que están convencidos de que este libro no podría ser un documento del primer siglo. La versión de Lucas de las predicciones de Jesús sobre la destrucción del tempo tiene detalles mucho más explícitos que Mateo o Marcos. En lugar del enigmático sacrilegio desolador, leemos en Lucas 21:20 y versículos siguientes que Jerusalén sería rodeada por ejércitos y en verdad sería hollada hasta que se cumplieran los tiempos de los gentiles; aparentemente una clara alusión y, según algunos, posterior al hecho, aclaración de la forma en que se cumplió la profecía de Jesús sobre la destrucción del templo y de Jerusalén. Por otro lado, si reconocemos que la profecía predictiva sobrenatural genuina era un elemento de la enseñanza de Jesús, no es imposible que estas palabras hayan sido dichas más explícitamente al igual que las otras afirmaciones más enigmáticas.

D. Lucas y Hechos

El abrupto final del libro de Hechos podría en realidad ser el único punto más elocuente sobre el contexto en que Lucas escribió. Si leemos Hechos inmediatamente después de Lucas, descubrimos que casi un tercio del segundo volumen del escritor, el libro de Hechos, se ocupa del viaje de Pablo a Jerusalén: su arresto y encarcelamiento, varias audiencias y juicios allí, y la última apelación al emperador romano; el viaje desafortunado terminó en un naufragio pero luego otro barco llevó a Pablo y sus compañeros de prisión a Roma donde el apóstol esperaba los resultados de la apelación. El capítulo 28 de este libro termina con el relato de Lucas sobre el arresto domiciliario de Pablo durante dos años, la prédica del evangelio con libertad y sin impedimentos; es decir, sin otro impedimento que el de no poder dejar la casa y estar siempre encadenado holgadamente a un soldado romano. Sin embargo, llegamos al libro de Hechos y a su final preguntándonos qué sucedió a lo último con la apelación al emperador. Nunca se nos dice.

Existen posibles razones por las que Lucas podría haber querido terminar esta historia donde lo hizo sin explicar nada más. Roma era la capital, la ciudad más importante, el corazón del imperio y muchos sucesos del libro de Hechos tratan sobre el evangelio y su progreso fuera de Jerusalén, hasta que finalmente llegan hasta Roma. Quizás era allí donde quería terminar Lucas, pero esto todavía no responde la pregunta completamente: si él sabía más, ¿por qué no nos contó que pasó con la vida de Pablo? Históricamente, muchos comentaristas han pensado que el elemento más significativo del final del libro es que sugiere la probabilidad de que Lucas escribiera casi inmediatamente después de los últimos eventos que narra y por esta razón no tenía más que decir.

E. Fecha y autor de Lucas

Si sincronizamos la información que tenemos de otros historiadores no cristianos con la información del libro de Hechos, es muy difícil ubicar el final de la narrativa de este libro después de 62 d.C. De ser así, el evangelio de Lucas, como primer volumen de esta serie de dos, debería haber sido escrito un poco antes, quizás en 61 d.C. Si todas estas presuposiciones tienen sentido, no podemos fechar el evangelio de Lucas después del año 70 d.C., posteriormente a la caída de Jerusalén, y la información más amplia y detallada sobre la destrucción de esa ciudad debe explicarse de otra manera. Otras circunstancias también son un tanto especulativas.

Evidentemente Lucas parece haber sido gentil. El único lugar en el que su nombre aparece explícitamente en la Escritura es al final de la epístola a los Colosenses. En 4:10-14, Pablo aparentemente distingue entre sus colaboradores judíos y lo que no lo eran e incluye a Lucas entre los últimos. El autor también aparece implícitamente en el libro de Hechos cuando, en cinco ocasiones diferentes, el narrador detiene el relato en tercera persona pero escribe en primera persona del plural: «Hicimos esto e hicimos aquello». Y donde primero vemos a Lucas y donde lo encontramos en general es entre los viajes de Pablo por territorio gentil. Los documentos en sí mismos contienen poca información de la historia de la iglesia para complementar estas deducciones. Ireneo no brinda un estudio detallado de las actividades de Lucas, pero el único lapso de tiempo en el que las coloca es algún momento después de la redacción de Mateo y Marcos. Lo mejor que podemos decir es que es en algún momento durante la década de 60 y, si tuviéramos otra explicación para el final del libro de Hechos, quizás inclusive después de 70 d.C.

F. Audiencia y propósito de Lucas

También se especula con que la preocupación del autor por el tema de los ricos y la pobreza encaja con una trayectoria que podemos trazar desde Hechos hasta las epístolas, principalmente en la que, en buena parte, el grupo empobrecido de los primeros seguidores de Jesús, con el tiempo y a medida que se desarrolló la iglesia, dio lugar a una clientela más urbana y al menos a una minoría importante de cristianos que son lo que podríamos llamar de clase media y hasta en algunos casos pudientes. Bien podría ser que, entonces, la audiencia de Lucas ya no era solamente una audiencia más gentil sino una audiencia más mezclada económicamente y que Lucas estuviera muy preocupado para que los cristianos más adinerados no se olvidaran de su responsabilidad con los hermanos más pobres.

Aunque debamos admitir que mucho de esto sea deducción, el escritor sí nos da un dato más contundente y diferente de todo lo visto en Mateo y Marcos hasta ahora; concretamente, es el único de los tres autores de los Evangelios Sinópticos que explícitamente señala el propósito de su evangelio. Ese propósito abarca el prefacio, los primeros cuatro versículos de Lucas 1: «Por cuanto muchos han tratado de compilar una historia de las cosas que entre nosotros son muy ciertas» y añade: «tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra, también a mí me ha parecido conveniente, después de haberlo investigado todo con diligencia desde el principio, escribírtelas ordenadamente, excelentísimo Teófilo, para que sepas la verdad precisa acerca de las cosas que te han sido enseñadas».

Esta introducción se asemeja mucho a otros prefacios o prólogos de varios historiadores greco-romanos y debía inspirar confianza en los propósitos históricos que tuvo Lucas para redactar el documento. Actuaba como un historiador confiable; entrevistó testigos oculares; estaba consciente de que existían relatos escritos previos, y consultó todas estas fuentes, entre ellas las tradiciones que pasaban de boca en boca. Ahora estaba compilando, de manera secuencial y ordenada, por tema, un evangelio escrito para convencer a los lectores de la veracidad de los hechos que les habían enseñado. En el mundo antiguo, era costumbre que proyectos caros como la redacción de un evangelio fuera financiada por patrocinadores, a quienes se dedicaban los libros. Teófilo, entonces, fuera o no fuera cristiano, casi con seguridad era el patrocinador, el que había pagado la investigación histórica de Lucas y lo había ayudado a redactar el libro. Quizás era lo que podríamos llamar un curioso que deseaba saber más sobre la fe cristiana o quizás era un recién convertido. En cualquier caso, Lucas deseaba inspirar en él la confianza de la fidelidad de los sucesos que iba a registrar. Nuevamente, los eruditos modernos han debatido muchas de estas conclusiones, al igual que se cuestionaron las afirmaciones sobre la autoría de Marcos o Mateo. Algunos se preguntan si Lucas, el «médico amado» (para usar el nombre que Pablo le da en Colosenses) realmente fue el autor de esta obra, pero nuevamente la poca importancia del personaje en cuestión favorecería la opinión tradicional.

G. Estructura de Lucas

Cuando observamos el evangelio de Lucas en términos de la estructura, es interesante como alterna las secciones en las que sigue a Marcos con las que no lo sigue; además, la progresión geográfica que en Lucas está más unificada que en otros relatos. Avanzando desde el comienzo, donde el autor ubica el contexto del nacimiento de Jesús dentro de los sucesos de la historia romana, la primera parte del ministerio adulto de Jesús se ubica casi exclusivamente en Galilea. Luego, solo Lucas cuenta que Jesús «afirmó su rostro para ir a Jerusalén», salió en primer lugar para Samaria y finalmente se acercó a Jerusalén por Judea. Y solo el evangelio de Lucas presenta el clímax del ministerio de Jesús exclusivamente en Jerusalén; no muestra apariciones posteriores a la resurrección en ningún otro lugar, como narran Mateo o Juan. Parece que Lucas está creando una secuencia geográfica que es exactamente invertida a la que usará en la narrativa del libro de Hechos. «Y me seréis testigos en Jerusalén», dice Hechos 1:8, «en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra». Cuando recordamos que en el siglo primero Galilea también era conocida como «Galilea de los gentiles», podemos ver una progresión a través de este lugar y a Galilea como una posta en la expansión hacia todo el Imperio Romano.

II. El Evangelio de Juan

En estos breves estudios introductorios solo nos queda el evangelio de Juan. Como mencionamos en la lección anterior, este autor difiere bastante de los Sinópticos y podríamos proporcionar una extensa lista de diferencias, pero seremos breves y solo enumeraremos algunas.

A. La teología de Juan

En términos de la teología y las imágenes de Jesús, es interesante notar que Juan también redacta una afirmación sobre el propósito; mucho más corta que la de Lucas. En Juan 20:31 dice: «pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengáis vida en su nombre». Esos mismos dos títulos, «Hijo de Dios» y «Cristo», fueron los que usó Marcos para comenzar su documento, lo que nos recuerda que existe mucha superposición entre los evangelios incluso cuando nos centremos en las diferencias.

Pero si vamos a los énfasis de este documento sobre Jesús solo, únicamente Juan lo llama Verbo, Palabra, Palabra encarnada, Cordero de Dios. Solamente en Juan encontramos las afirmaciones más contundentes y explícitas que igualan a Jesús con Dios mismo, con la deidad. No solo «el Verbo era Dios» (Jn. 1:1) sino que Tomás confiesa: «¡Señor mío y Dios mío!» después de la resurrección (20:28). Jesús describe la singular unidad que tiene con el Padre en 10:30 y únicamente Juan tiene los famosos «yo soy» con los que Jesús declara: «yo soy el pan de vida….el agua viva…la resurrección y la vida…el camino, la verdad y la vida…la vid verdadera». Otros temas propios solo de este evangelio incluyen el énfasis en la vida eterna, que comienza en el tiempo presente y no simplemente en el futuro; el énfasis en los milagros como señales con el objetivo de hacer que la gente creyera en Jesús; las enseñanzas privadas a los discípulos en ocasiones más íntimas, especialmente el largo «discurso de despedida» de Juan 13 al 17 en el aposento alto la última noche de su vida. Los tópicos que emergen de ese discurso y que son exclusivos de Juan incluyen la unidad entre el Hijo, el Espíritu y el Padre (comienzos de la doctrina de la Trinidad) y la unidad que los discípulos debían tener con Dios y entre ellos. Este evangelio también tiene declaraciones contundentes sobre lo que a menudo se llama la seguridad eterna del creyente, en pasajes como 6:39 y 10:29, pero aun así equilibra eso con los mandamientos de permanecer y perseverar en Jesús.

El evangelio de Juan habla de la muerte de Cristo como una exaltación. En 12:32 Jesús dice: «Y yo, si soy levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo». Y es solo este evangelista que habla del ministerio del Espíritu Santo como el «Paracleto», alguien que es ayudante, intérprete o testigo, fiscal y revelador. Es interesante notar que Juan no dice nada sobre el bautismo de Jesús o la institución de la Cena del Señor, incluso cuando al mismo tiempo describe más los sucesos inmediatos a esos sacramentos u ordenanzas. Por eso algunos deducen que Juan, al final del primer siglo, combatía lo que ya se estaba convirtiendo en una visión demasiado exaltada del bautismo y de la Cena del Señor, quizás entre los círculos que creían que esos derechos en y por sí mismos otorgaban la salvación. Entre otros temas que aparecen o se enfatizan exclusivamente en el evangelio de Juan podemos mencionar la oposición entre la luz y las tinieblas, la vida y la muerte, el juicio y el amor. Algunas palabras que aparecen frecuentemente son: «el mundo», «testimonio», «verdad» y «permanecer».

B. Exclusividad de Juan

¿Por qué es tan diferente Juan? ¿Qué circunstancias produjeron este evangelio tan distinto? Durante muchos años se creyó que como la tradición de la iglesia primitiva dijo que Juan era el último, su manuscrito también fue el postrero en una extensa línea de desarrollo del pensamiento cristiano, bien alejado de la enseñanza genuina de Jesús el judío. Con el hallazgo de los rollos de Qumran, hemos descubierto que algunos de los términos que en el pasado se pensaba que eran griegos o gnósticos (el marcado contraste entre la luz y la oscuridad, entre los hijos de la luz y los hijos de la oscuridad), en realidad también han surgido en contextos muy judíos.

Lo que efectivamente nos enteramos de la tradición de la iglesia primitiva es que Juan escribió este evangelio en y cerca de Éfeso ya siendo muy anciano, quizá tenía ochenta o inclusive noventa años, presumiblemente bajo el reino de Domiciano, el emperador durante una época cuando el gnosticismo cobraba importancia. Y si Juan compartía parte del lenguaje de los círculos gnósticos o de la filosofía griega, bien podría ser porque estaba usando palabras que la gente entendía pero tratando de volver a explicarlas o contextualizarlas. Los gnósticos creían que Jesús era Dios pero tenían problemas con la humanidad de Jesús porque, si recordamos de nuestra lección sobre el gnosticismo, creían que mundo material era intrínsecamente malo.

Entonces Juan comienza así su evangelio: «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios». Para cuando llegamos a 1:14, resalta que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Sin embargo, a fines del primer siglo pasaban otras cosas en Éfeso y una de ellas era la gran hostilidad con las sinagogas judías locales. Podemos leer sobre eso en Apocalipsis 2:9. Entonces existe toda una rama de la enseñanza de Jesús, exclusiva de su evangelio, que incluye conflictos con los judíos. Solo Juan muestra a Jesús que sube a Jerusalén más de una vez en su vida y señala que es el cumplimiento verdadero de todas las fiestas judías más importantes. Esto tiene sentido si, prácticamente igual que el evangelio de Mateo, otra faceta de la comunidad a la que le escribía era la que tenía que combatir la hostilidad bastante marcada con los judíos no cristianos que la rodeaba. ¿Por qué es tan diferente el evangelio de Juan? También se pueden dar muchas otras respuestas. Una es que probablemente sea el que escribió la mayor parte independientemente de Mateo, Marcos y Lucas. Quizás Juan no habría parecido tan diferente si en realidad tuviéramos cuatro testigos independientes.

C. Autor de Juan

¿Quién es Juan? La historia de la iglesia se inclina totalmente por el apóstol con el mismo nombre aunque una declaración del escritor de principios del cristianismo, Papías, plantea la posibilidad de que existiera otro hombre llamado Juan, un anciano cristiano que no era el apóstol. Si este segundo Juan fuera un discípulo del primer Juan, es mucho más posible que fechemos toda la literatura de Juan hacia fines del primer siglo sin tener que pensar que el apóstol era un hombre extremadamente anciano cuando escribió. Pero el peso de la historia de la iglesia y la evidencia de la tradición están a favor de la autoría apostólica. Muchos eruditos modernos llegan más allá y creen que pueden diferenciar etapas en la edición o redacción de este evangelio, más que en los Sinópticos, pero la tendencia es inclinarse cada vez más en favor de reconocer la unidad estilística de todo este evangelio en particular.

D. Estructura de Juan

La estructura de Juan, bastante similar a la de Marcos, se divide claramente en dos partes: la primera parte se centra en los siete milagros o señales, unidos estrechamente por siete extensas narrativas, discursos o sermones. Y, nuevamente, muchas son exclusivas de este autor. Quizás conscientemente no repitió lo que los primeros cristianos habían enseñado bien en las generaciones anteriores. La segunda mitad del evangelio se enfoca en la pasión; los sucesos de la última semana de Cristo y, como Marcos, los narra con todo detalle. La mayor superposición con los Evangelios Sinópticos está en esta parte. Sin embargo, existen muchas diferencias. Al final se nos recuerda que los milagros y el sufrimiento, la gloria y la vergüenza, el triunfo y la cruz, juntos resumen bien el ministerio de Jesús, sin importar en cuál evangelio lo leamos.

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