Conferencia

I. Revisión e introducción al material adicional de Mateo

En las dos lecciones anteriores examinamos el relato de Marcos sobre el gran ministerio en Galilea de Jesús, pero obviamos material de Mateo, Lucas y Juan de sucesos del mismo período de tiempo. En esta lección queremos volver y estudiar lo que dejamos de lado en Mateo al centrarnos principalmente en el objetivo exclusivo de este autor de presentar a Jesús como maestro.

No comentaremos todo lo que incluye exclusivamente del gran ministerio en Galilea, pero destacaremos los bloques de enseñanza únicos, los sermones si lo preferimos, que interrumpen este relato del primer evangelio. Cuando introducimos el evangelio de Marcos descubrimos que lo componen cinco bloques:

El Sermón del Monte en los capítulos 5 a 7; la comisión de Jesús a los Doce para partir en sus primeros viajes misioneros dentro de Israel en el capítulo 10; un sermón con parábolas en el 13; un sermón sobre la humildad y el perdón en el 18; y, el famoso discurso de Jesús en el Monte de los Olivos en los capítulos 24 y 25. Ya comentamos brevemente las parábolas junto con Marcos 4 y el discurso en los Olivos ocurre al final de la vida de Jesús y encaja mejor en la lección que sigue. Nos quedan tres sermones que queremos abordar en esta lección: el Sermón del Monte, el sermón misionero y el sermón sobre la humildad y el perdón. Debido a su extensión y su fama e importancia en la historia del cristianismo, dedicaremos mucha más atención al primero; el Sermón del Monte, y después comentaremos más brevemente los otros dos.

II. Interpretaciones del Sermón del Monte

Han habido múltiples interpretaciones del Sermón del Monte durante la historia de la iglesia debido a la naturaleza rigurosa de los mandatos, resumidos o tipificados quizás de modo más tajante en Mateo 5:48 cuando Jesús sintetiza que sus seguidores deben ser «perfectos» como el Padre que está en los cielos es perfecto. Es posible traducir la palabra griega como «maduros» y entonces comprendemos que Jesús no pide una perfección sin pecado (la Escritura deja en claro que es imposible para los discípulos en esta vida). Pero aun así, la naturaleza radical de este sermón sigue siendo la misma: poner la otra mejilla; caminar una milla más; redefinir el adulterio en términos de lujuria y el asesinato en términos de odio; la famosa regla de oro y muchas otras porciones.

A. Información histórica

Si tuviéramos que resumir los enfoques principales del Sermón a través de la historia podríamos mencionar brevemente seis. (1) Un enfoque ve el Sermón principalmente como una continuación de la ley del Antiguo Testamento, diseñado no como algo para inspirar confianza en la capacidad de los discípulos de Jesús de cumplirlo sino como para ponerlos de rodilla. Pedir un Salvador es realmente un concepto neo testamentario que Pablo enunciará en algún otro lugar, pero resulta significativo que Mateo 5:1-3 ubique el Sermón del Monte en el contexto de la instrucción en primer lugar para todos aquellos que ya están comprometidos con Él en algún nivel de discipulado. (2) Un segundo enfoque cree que los seguidores de Cristo, con la ayuda del Espíritu Santo pueden, con el esfuerzo humano, construir el reino de Dios en este mundo y transformarlo en un lugar considerablemente mejor, más moral y hasta un lugar cristiano. Pero 2000 años de esfuerzos variados para lograrlo, y los marcados fracasos que se sucedieron, la convierten en una opción menos posible. (3) Algunos consideran la ética de Jesús como una ética provisoria; es decir, con un grado de urgencia importante por un período de tiempo que Él creía que sería breve; digamos la generación de los discípulos, que terminaría con su venida. Desafortunadamente, esta visión tiene que interpretar que Jesús estaba equivocado sobre cuánto tardaría en regresar y cuánto duraría un período de historia humana. (4) Otros adoptan enfoques muy existencialistas de la instrucción de Jesús. Niegan que sus preceptos éticos deban ser tomados como valores morales absolutos sino más bien como ejemplos de cómo deberían actuar sus seguidores en determinadas circunstancias, aunque podrían comportarse de otra manera muy diferente al buscar la guía inmediata del Espíritu para una vida cristiana auténtica en otros contextos. (5) Un último grupo trata de explicar el serio apremio y el rigor del sermón de Jesús posponiendo estos mandatos. Una opinión popular pero probablemente incorrecta ve que el Señor les ofrece el reino a los judíos con las condiciones del Sermón del Monte pero cuando lo rechazan posponen estos preceptos éticos completamente hasta un milenio futuro o una época escatológica perfecta.

B. La teología del reino

En lugar de estos puntos de vista, y sin dejar de lado ciertos componentes reales que cada uno pueda contener, la opinión que cuenta con mayor consenso de los eruditos en la actualidad es lo que a menudo se llama «la visión del reino». Al igual que la enseñanza más general de Jesús sobre el reino de Dios, por un lado se inaugura a partir de la presencia de Jesús y la subsiguiente vida de la iglesia, pero por otro lado existen otras maneras importantes por las que puede completarse, y solo alcanzará su plenitud en la vida de los discípulos en la era posterior al regreso del Señor. Entonces, probablemente sea mejor comprender el sermón de Jesús y sus preceptos éticos de manera más general como la expresión ideal de la voluntad divina para su pueblo, un ideal que puede, hasta cierta medida, lograrse parcialmente en esta vida mientras que sus hijos den lugar al Espíritu, pero que solo puede completarse, de manera formal y concreta, en la vida futura.

También es importante recordarnos que como el discurso se dirige a los discípulos, esos discípulos viven en comunidades. Muchas de las prácticas que menciona el Sermón se pueden obedecer y cumplir mejor si los hijos de Dios viven juntos (como la vida de la iglesia que toma las relaciones interpersonales con mucha seriedad) y no si un cristiano radical e individualista trata de hacerlo solo. Además, aunque sea polémico debemos decir que esto descarta considerar a la ética de Jesús como cierto tipo de modelo para que los gobiernos o los estados se organicen, aunque en las democracias sea importante y adecuado para los individuos cristianos promover la legislación y las políticas éticas para conservar las propias convicciones personales.

III. Enseñanzas del Sermón del Monte

A. Breve bosquejo

Después de esta información general podemos esquematizar un bosquejo breve del Sermón del Monte, resaltando que Mateo prefiere agrupar las enseñanzas de a tres o múltiplos de tres. La introducción comienza con las famosas Bienaventuranzas. El relato de Mateo contiene nueve. El de Lucas es más corto y equilibra las Bienaventuranzas con los lamentos contra los que con sus actitudes o comportamiento se oponen a los bendecidos. Si resumimos ambas versiones de aquellos que Dios declara bienaventurados, es decir, felices o dichosos, podríamos decir que son, según la legua vulgar contemporánea, todo lo que no sea machista: todo lo que invierta el criterio mundano de lo que se considera poderoso y exitoso; los pobres o pobres en espíritu, los que lloran, los mansos, los que buscan la justicia de Dios, etc. Termina con los que son perseguidos por ser discípulos de Jesús.

B. La sal y la luz

Después de las nueve bienaventuranzas están las breves metáforas de la sal y la luz. Compensan la demanda muy contraria a la cultura de las Bienaventuranzas con el recordatorio de que este tipo de vida, no obstante, tiene que realizarse con una visión completa del mundo para que los cristianos puedan actuar como un conservante, como la sal en la época del primer siglo y como luz, como baliza, como guía o como señalización del camino hacia adelante, de acuerdo con los parámetros de Dios para los otros. Desde Mateo 5:17 hasta el final del capítulo, Jesús habla sobre, al menos en el relato de este evangelista, la relación entre este tema y la ley. Como ya hemos visto, no sorprendería que, aun después de estos breves comentarios de introducción, los oyentes judíos de Jesús ya estuvieran preguntándose: «¿Jesús está tratando de desprestigiar nuestras leyes, o al menos nuestras tradiciones orales ancestrales?»

C. Párrafo tesis

Entonces podemos tomar a Mateo 5:17-20 como el comienzo del cuerpo del Sermón o calificarlo de párrafo tesis, donde Jesús por un lado argumenta con firmeza que no vino a abolir la ley. Pero, por otro lado continúa, no con la oposición natural de esa aseveración, que Jesús no vino a conservar la ley, sino con la afirmación de que vino a cumplirla. Como vimos en las lecciones anteriores, las palabras en hebreo y griego antiguo para «cumplir» también pueden significar «completar», llevar algo a su propósito original, a un punto de completud. El recordatorio de 5:21-48 proporciona seis antítesis, seis ejemplos en los que Jesús comienza diciendo: «Habéis oído que se dijo...». . . .” Y lo que surge con más fuerza de estas contraposiciones no es la continuidad entre la enseñanza de Jesús y la Ley o las interpretaciones de la Ley sino más bien la discontinuidad.

Aunque al mismo tiempo el Señor insista en que no va a abolir la ley, deja en claro que no va a permitir que continúe vigente sin cambios en cuanto a su aplicación para sus seguidores. Al enseñar sobre el asesinato, la concupiscencia, el divorcio, los juramentos, etc., internaliza la Ley, la radicaliza y a veces hasta la supera, como cuando evita lo que se permitía según la ley de divorcio del Antiguo Testamento (Dt. 24). Pero independientemente de lo que haga, Jesús realmente se muestra como intérprete soberano de la Ley, algo que su audiencia advierte ya que al final del discurso, en 7:28-29, Mateo resalta que las multitudes se admiraban de su doctrina porque hablaba como alguien que tiene autoridad y no como los líderes judíos. Esto no significa que esos líderes no tuvieran autoridad, como vemos en los voluminosos manuscritos rabínicos. Era una autoridad derivada, dependiente de su capacidad para citar la Escritura o algún rabino anterior respetado. Pero cuando Jesús habla, casi como si fuera Dios, simplemente dice: «pero yo os digo…». . . .” No afirma explícitamente que es Dios, pero implica que Jesús comprende quién es, tiene una opinión de sí mismo muy alta y muy elevada.

D. La antítesis

La tríada final de antítesis desde Mateo 5:33 en adelante particularmente demanda que la interpretemos de acuerdo a su contexto histórico. Poner la otra mejilla, andar otra milla, dar al que pide, son conceptos que necesitan ser interpretados en el contexto de la población pequeña de Palestina de principios del primer siglo. Por ejemplo, poner la otra mejilla era una manera de decir que no intercambiaran insultos; una cachetada no era una agresión física violenta para la cultura judía de esa época sino la manera común en que un superior insultaba a un inferior. Caminar otra milla debe comprenderse en el contexto de las leyes del ejército romano, según las que los soldados tenían el derecho de exigir por la fuerza a los judíos u otros pueblos subyugados que les ayudaran a caminar con su equipaje por un máximo de una milla. Darle a los que piden se contextualiza dentro de no tomar más vestimentas de lo necesario en un tribunal de justicia, etcétera.

Tenemos que tener cuidado de no descontextualizar estos pasajes e interpretarlos de alguna manera que contradiga lo que la Escritura dice en alguna otra parte; por ejemplo como si no hubiera que resistir al enemigo, cuando en otras ocasiones claramente Jesús lo resiste (a veces se escapa, otras lo combate directamente, hasta exorcizándolo, y otras veces afirma que en su ministerio está derrotando a Satanás). El cierre de Mateo 5 nos enfrenta, como ya mencionamos con algunas de las declaraciones más severas y radicales del Sermón, incluyendo una de las formas en que, según concuerdan los eruditos, Jesús se diferenciaba de la mayoría de las formas religiosas de la época, concretamente cuando insta a amar a los enemigos; claramente es uno de los desafíos más difíciles para los cristianos de cualquier época.

E. Piedad hipócrita

Después del capítulo 5 y en la primera sección principal del cuerpo del Sermón hay otros tres ejemplos estrechamente relacionados por su paralelismo, en 6:1-18, y tratan con la verdadera piedad en oposición a la piedad hipócrita. Estos tres ejemplos que da Jesús eran muy conocidos en los círculos judíos: dar limosnas, orar y ayunar. En cada caso el Señor exige que sus seguidores no exhiban su devoción en público solo para recibir el elogio de los demás, sino que sean lo más discretos que puedan para que en cambio los recompense Dios.

F. El Padrenuestro (Mt. 6:9-13)

El más famoso de los tres ejemplos evidentemente es la enseñanza de Jesús sobre la oración, porque en este contexto incluye lo que conocemos como el Padrenuestro. Resulta interesante, especialmente en la frase que pide que nos libre del mal y que perdone nuestros pecados, que no sea una plegaria que el mismo Señor haya hecho y desde cierta perspectiva, que pudiera hacer, ya que los cristianos creían que no tenía pecado. Muchos han sugerido que sería mejor que se llamara «la oración de los discípulos» o la «oración modelo», pero desafortunadamente, 2000 años de historia de la iglesia nos han estancado con el nombre «la oración del Señor» y no parece que esto vaya a cambiar.

Curiosamente, la oración se divide en dos partes: la primera se centra en Dios, quién es y cuál es su voluntad: «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo». Luego después de que se nos presenta a Dios, su voluntad y su centro de interés, podemos avanzar a la segunda parte de la plegaria: «Danos hoy el pan nuestro de cada día. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal». La oración original terminaba ahí. En una lección anterior mencionamos que los primeros escribas cristianos añadieron la conclusión muy piadosa y quizás desde este punto de vista, más apropiada, con el estilo del leguaje que se usa en las Crónicas: «Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre jamás. Amén».

G. Las riquezas y las preocupaciones

Después de esta sección, el Sermón continúa con tres ejemplos de la enseñanza del Señor sobre las riquezas y las preocupaciones (6:19-34), donde contrapone a dos señores que compiten por la lealtad humana: Dios y Mammón, es decir, los recursos o las posesiones materiales en sentido general. En nuestra próspera sociedad moderna, resulta significativo como muchas personas, hasta algunos que profesan ser cristianos, realmente están sirviendo al dinero o a los recursos materiales y no a Jesús.

H. Las decisiones

El capítulo 7:1-6 sigue dando tres enseñanzas sobre el juicio verdadero y el juicio falso; como tratar a otros. Mateo 7:1, «No juzguéis para que no seáis juzgados», a menudo se aplica mal y se saca de contexto. Incluso para cuando llegamos a Mateo 7:5-6, Jesús exige, de alguna manera, juzgar correctamente. Más bien, el término traducido como «juzgar» en un contexto adecuado también puede ser «no ser sentencioso», «no censurar o condenar demasiado al juzgar». El Antiguo Testamento sabe bien el mandamiento de dejar la reivindicación o la venganza a Dios; Él será el que finalmente juzgará con justicia a todos. Es casi seguro que nosotros lo haremos mal y seremos injustos en algún punto si tratamos de hacerlo por mano propia antes de tiempo.

Mateo 7:7-11 sigue con el tema de las oraciones y sus respuestas, los famosos versículos que hablan de buscar y golpear, que a primera vista suenan como una carta blanca, hasta que recordamos que el capítulo 7 se debe leer después del 6 y del famoso Padrenuestro, en donde una de las advertencias que debemos tener en cuenta en nuestras oraciones es: «Hágase tu voluntad (es decir, la voluntad de Dios)». Mateo 7:12 es la conclusión del discurso con la famosa regla de oro; hacer a otros lo que queremos que nos hagan. Y a pesar de estar muy familiarizados y a veces hasta hacer parodias de este principio, sigue siendo un resumen integral y satisfactorio que guía con eficacia nuestras decisiones éticas sobre cuestiones que la Escritura no aborda explícitamente.

Entonces, la conclusión del Sermón, o sea Mateo 7:13-27, presenta tres ilustraciones diferentes para las dos opciones o la elección entre dos caminos que enfrentan todos los que escuchan la respuesta de Jesús. ¿Simplemente oirán y se irán u obedecerán convirtiéndose en sus seguidores y comenzando a llevar a la práctica sus principios con la ayuda del Señor?

IV. Enseñanzas adicionales

A. El discurso misionero

Del Sermón del Monte ahora analizamos más brevemente el sermón sobre misiones, que comienza en Mateo 9:35 y termina en 11:1, y que en su mayor parte abarca todo el capítulo 10 cuando Jesús envía a los Doce (Marcos aclara en el pasaje paralelo más corto, de dos en dos) para reproducir el ministerio del Señor predicando y enseñando, y también con sanidades y exorcismos. Este sermón se divide en dos secciones bien diferenciadas: 10:1-16 que incluye una variedad de instrucciones que evidentemente solo se pueden aplicar en el contexto de este ministerio específico de los Doce (la instrucción de viajar sin carga, depender de la hospitalidad de otros, etcétera y especialmente de no ir a los samaritanos ni a los gentiles). Jesús explícitamente anula esto en la Gran Comisión al final del evangelio de Mateo y en su instrucción la última noche de su vida en Lucas 22:35-38, cuando les dice que no salgan tan vulnerables sino que se preparen para tener conflictos.

La segunda mitad del discurso, que puede aplicarse más directamente a los cristianos de cualquier época o lugar, se encuentra en 10:17-42. Aquí Jesús profetizó que se encontrarían con oposición, persecución, problemas con los gobernantes judíos y gentiles, cosas que evidentemente no les sucedieron a los discípulos durante la vida terrenal del Señor, pero que han sucedido una y otra vez en los años y generaciones siguientes. Comprender estos tipos de distinciones no solo nos ayuda a evitar aplicar pasajes de la primera parte del sermón que solo tuvieron vigencia durante un breve período de tiempo a otras situaciones, sino que también nos ayuda a encontrar el sentido de una de las enseñanzas más extrañas de todos los Evangelios: Mateo 10:23, que dice que no acabarán de recorrer todas las ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del Hombre. Si interpretamos que se refería a después de la muerte y resurrección de Jesús, a la era de la iglesia, probablemente pensemos que sus palabras significan que la misión a los judíos quedará incompleta. Nunca habrá una respuesta completamente positiva por parte de los judíos, aunque siga siendo una prioridad para los cristianos testificarles durante toda la historia.

B. El sermón sobre la humildad y el perdón

El último sermón que comentaremos brevemente comprende todo Mateo 18 y trata sobre la humildad y el perdón. Se puede dividir perfectamente en dos partes que se corresponden con los dos temas que acabamos de mencionar. Mateo 18:1-14 trata sobre la humildad; primero la necesidad de los discípulos de ser humildes (deben tener las actitudes de los niños y comprender que dependen completamente de Dios y Cristo), y también en cierto sentido, el enfoque en la humildad que Dios mismo demuestra al punto de ir a buscar y salvar a los perdidos (acá nos encontramos con la famosa parábola de la oveja perdida en los versículos 10-14).

Los versículos 15-35 cambian a al tema relacionado del perdón y también se subdividen en dos secciones que deben interpretarse juntas. Los versículos 15-20 hablan sobre lo que sucede con respecto al perdón cuando no hay evidencia de arrepentimiento. Esta advertencia no resulta inmediatamente obvia si solo tomamos el texto de Mateo, pero se explica en el resumido relato paralelo de Lucas 17:3. Y parece que es una conclusión interpretativa necesaria incluso al leer el texto de Mateo 18 solo, porque los versículos que siguen, 21-35, muy claramente enseñan que cuando hay arrepentimiento el perdón debe ser generoso, hasta ilimitado. Los procedimientos de 15-20, aunque no se aclare explícitamente, deben llevarse a cabo solo si no hay arrepentimiento.

Son estos estos versículos, 15-18 en particular, los que brindan una base famosa en la enseñanza de Jesús sobre la práctica de la disciplina eclesiástica. Si un hermano o hermana tiene algo contra alguien, debemos tratar de resolverlo primero en privado. Casi nunca se hace así, ya que a menudo esa persona es la última en enterarse de nuestra ofensa, después de que todos nuestros amigos escucharon el chisme; pero las palabras de Jesús son otras. Si no surte efecto y la situación no se resuelve, debemos traer a una o dos personas más y juntos tratar de llegar a un acuerdo manteniendo la situación relativamente en privado. Solo si esto fracasa se debe involucrar a toda la iglesia en el proceso, y si este último paso tampoco tiene éxito entonces entra en juego lo que la iglesia llegó a llamar excomunión.

Es interesante que la frase que usa Jesús aquí simplemente signifique tratar a esa persona como publicano, pecador o gentil si preferimos. Estas son las personas por las que Jesús hizo lo imposible a fin de ganarlas para su reino y de mostrarles su amor. En esencia, lo que el Señor dice es que hasta el paso más severo y serio de este proceso de disciplina de la iglesia trata a una persona como no cristiano. Eso significa que no se le permite participar en ciertas asambleas que solo son para los cristianos, pero no implica que debamos cortar todo contacto con ella. Mientras esté viva, mientras exista la posibilidad de arrepentimiento, Jesús va a procurar volver a ganarla.

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