Conferencia

I. Introducción al judaísmo y evidencia arqueológica

En esta unidad terminaremos el estudio del contexto religioso del Nuevo Testamento con un panorama del judaísmo del primer siglo. Luego veremos la importancia de la investigación arqueológica para el estudio del Nuevo Testamento.

II. El judaísmo

Podríamos decir que el cristianismo proviene del judaísmo, y por eso, cualquier persona que estudie seriamente el Nuevo Testamento, como nosotros, debe comprender el judaísmo del primer siglo. La fe de los creyentes judíos se remonta, al igual que la de los cristianos, hasta Abraham. Creen que Yahveh llamó a Abraham y a sus descendientes para ser de bendición para todas las naciones del mundo (Gn. 12:3). Este llamado incluye: (1) la promesa de tierras (Gn. 12:1); (2) la fundación de una nación (Gn. 12:2); y (3) un propósito universal (Gn. 12:3). Se considera que esta revelación de Dios a Abraham es un pacto eterno (Gn. 15:18), es decir, un acuerdo entre Dios, por un lado, y Abraham y sus descendientes «tu descendencia después de ti» (Gn. 17:7), por otro, y que los judíos creen que todavía está vigente.

A. La Escritura

La religión de los judíos se basa en la revelación de Dios que encontramos en la Biblia Hebrea y la ley oral, que es una explicación de la Tora escrita dada a Moisés en el monte Sinaí. La Biblia Hebrea está formada por la Torá (la ley), los Neviim (los profetas) y los Ketuvin (los escritos). El canon incluye 22 o 24 libros (algunos agrupan Lamentaciones con Jeremías y Rut con Jueces), que corresponden a los 39 libros del Antiguo Testamento cristiano.

La Torá fue revelada a Moisés en el monte Sinaí después de que los israelitas huyeron de Egipto. El significado básico de la palabra hebrea tora no es «ley», significado que normalmente se le da al término en la actualidad, sino más bien «instrucción». Para los judíos, la Torá de Dios es la revelación de su voluntad sobre cómo debe vivir su pueblo (Sal. 119:1-8). Es un Dios santo, por lo tanto sus hijos deben ser santos (Lv. 19:1). La Torá es el fundamento del judaísmo, pero también se considera que los profetas (Neviim) hablan palabra de Dios, y las secciones de los profetas (haftarot) se leen junto con las lecturas de la Torá durante los servicios de los sábados. Básicamente, los escritos proféticos pueden considerarse aplicaciones de la Torá (halakot). La adoración en el santuario fue la base del sistema de sacrificios de los judíos mientras tuvieron templo.

B. Los lugares de adoración

Al comienzo de la era cristiana, la obediencia judía a la Torá giraba en torno a dos lugares de adoración: la sinagoga y el templo. Aunque no se mencionen en el Antiguo Testamento, las sinagogas eran el centro de la vida judía en época del Nuevo Testamento (Mr.1:21; 6:2; Lc. 4:16, 31; 6:6). Había sinagogas en todo el mundo romano, no solamente en Palestina. En el libro de Hechos, Jacobo comenta: «… Moisés desde generaciones antiguas tiene en cada ciudad quienes lo prediquen, pues todos los días de reposo es leído en las sinagogas» (Hch. 15:21). No se sabe si la primera sinagoga se organizó durante el cautiverio babilónico, en el período post-exilio, o durante la época intertestamentaria, aunque la primera opción parece ser la más lógica, ya que los exiliados deben haber tenido la necesidad de comunión, instrucción y adoración en conjunto. De acuerdo con la tradición, había 480 sinagogas en Jerusalén cuando cayó la ciudad en 70 d.C.

La función de la sinagoga está expresada con mucha claridad en una inscripción encontrada en el monte Ophel, cerca de Jerusalén. Fue construida a principios del primer siglo d.C. «para la lectura de la ley y la enseñanza de los mandamientos». Además, en el lugar había una posada con buen suministro de agua para que usaran los extranjeros, posiblemente los que peregrinaban al templo. Solo hacían falta diez hombres judíos de más de trece años para formar un minian o quórum (cantidad mínima de miembros necesarios para una sinagoga). El líder era conocido como «archisinagogo» o funcionario a cargo. Algunas inscripciones relativamente tardías de Esmirna y Mindos en Caria demuestran que las mujeres a veces tenían este cargo, pero esto se sigue debatiendo. La presencia de sinagogas fuera de Palestina y la existencia de propaganda judía despertó la simpatía de algunos griegos y romanos que se hicieron prosélitos o, como se los llamaba a veces, «temerosos de Dios». Así prosperaron las sinagogas, las escuelas y sus funcionarios en el mundo greco romano, y fueron ejemplos que luego imitarían los cristianos.

La sinagoga era el centro de instrucción, pero el templo era el lugar de sacrificio. El primer templo, construido por Salomón (949 a.C.), fue destruido por los babilonios en 586 a.C. En el período post exilio se construyó otro templo bajo el liderazgo de Zorobabel junto con Hageo y Zacarías (516-515 a.C.). El Talmud nos dice que en el segundo templo faltaban cinco elementos vitales que estaban en el primero: (1) el arca del pacto, (2) la nube de gloria Shekinah, (3) el fuego divino, (4) el Espíritu Santo, y (5) el Urim y Tumim.

Herodes el Grande comenzó un programa de mucha envergadura dedicado a la ampliación y el embellecimiento del templo en el décimo octavo año de su reinado (20-19 d.C.). Podemos deducir las especificaciones técnicas a partir de los escritos de Josefo y del Talmud. Se amplió el área del templo aproximadamente a veintiséis acres. El edificio principal y los patios fueron organizados en terrazas; el templo se ubicaba en la más alta y a doce escalones del patio interior. El patio exterior, conocido como patio de los gentiles, era frecuentado por gentiles, personas impuras y mercaderes. Estaba rodeado por un alto muro con varias entradas por el lado occidental y pórticos todo alrededor. Luego estaba el patio de las mujeres, separado del patio de los israelitas por un muro. Dentro del patio de los israelitas estaba el patio de los sacerdotes con el santuario del templo. Dentro del patio de los sacerdotes se encontraba el altar del sacrificio y la fuente. El templo renovado realmente tenía una apariencia majestuosa.

C. El liderazgo bajo el régimen romano

Las relaciones entre judíos y romanos eran bastante complejas, como lo demuestra una extensa colección de decretos citados en las Antigüedades Judías de Josefo y según se deduce de los archivos de la Biblioteca Capitolina. Estos archivos provienen de ciudades, cónsules, procónsules y gobernantes como Marco Antonio, Julio César, Augusto y Claudio. Y demuestran que los derechos de los judíos se basaban en tratados con Roma y que el ejercicio de esos derechos no se limitaba exclusivamente al área de Palestina. Las comunidades judías tenían jurisdicción sobre sus propios miembros y podían administrar sus propios fondos, entre ellos las distribuciones especiales que se hacían ocasionalmente. Sus miembros estaban exentos del servicio militar, de las obligaciones del culto estatal y no debían comparecer ante el tribunal en un día de reposo.

1. El sumo sacerdote. En la ciudad de Judea, el sacerdote tenía jurisdicción sobre todos los asuntos religiosos, aunque parece que él y la suprema corte, el Sanedrín, no podían imponer la pena de muerte legalmente bajo un prefecto o procurador romano. Estaba a cargo del templo y los minuciosos ritos que incluían los sacrificios diarios. En las celebraciones importantes, como la Fiesta de los Tabernáculos, de la Dedicación, la Pascua y Pentecostés, presidía asistido por gran cantidad de sacerdotes y levitas. Era la única persona autorizada a entrar al lugar santísimo, mientras que los gentiles tenían prohibida la entrada, bajo pena de muerte, al pato interior del templo.

2. Los sacerdotes. Todas las fuentes bíblicas reconocen que el sacerdocio originalmente era de la tribu de Leví. Sin embargo discrepan en cuanto a cómo se elegían los sacerdotes dentro de la misma tribu. Una posibilidad era que el sacerdocio fuera exclusivo de una familia de los levitas, la familia de Aarón (Ex. 28:1; 30:26-30; 49:9-15). El resto de los miembros de la tribu entonces estaban subordinados al sacerdocio aarónico ya que no podía ser sacerdote nadie que no fuera de este linaje. Aunque los demás miembros de la tribu de Leví vivieran en el lugar de sacrificio, no podían participar de ninguna forma directa de ritual religioso en el culto. Pero los levitas como grupo tenían cierta santidad, por debajo del grupo sacerdotal, pero por encima de los otros israelitas. Dentro de la familia de sacerdotes aarónicos, se separaba al primogénito y se le daba el rango de sumo sacerdote.

La función del sacerdote, ante todo, estaba relacionada con los sacrificios en el altar del templo. Incluía rociar la sangre y quemar partes de los holocaustos (Lv. 1). También se encargaba de evaluar y tratar con la impureza. En el antiguo mundo del Cercano Oriente, a menudo se consideraba que las enfermedades eran la encarnación externa y tangible de un espíritu impuro. Las actividades sacerdotales también incluían oráculos recibidos para diversos propósitos, desde consejos militares hasta enjuiciamientos e instrucciones sobre asuntos relacionados con las costumbres y las conductas tribales.

3. Los levitas. Otra opinión sobre los sacerdotes y los levitas era que toda la tribu de Leví (no solo la familia de Aarón) estaba dedicada al servicio en el sacerdocio, o más específicamente, aquellos levitas que residían en la ciudad elegida (generalmente se asociaba con Jerusalén). A los levitas que no se sujetaban voluntariamente al templo se les negaba todo tipo de santidad, y quedaban a la altura de cualquier israelita común. Los levitas que vivían en los pueblos provinciales no tenían que participar en el sistema sacrificial.

Sean cual fueren las responsabilidades laborales originales, una vez que se construyó el templo en Jerusalén, los levitas (no los que pertenecían a la familia aarónica) en general solo se encargaban de supervisar la casa de Dios (1 Cr. 23:4). Eran los coristas, los músicos, los porteros, los jueces, los artífices del templo, los inspectores de las cámaras y los atrios, los supervisores de los tesoros del templo y los funcionarios a cargo de los servicios reales (1 Cr. 9:22, 26-27; 23:2-4, 28). También asistían a los sacerdotes, preparaban las ofrendas de cereales y se ocupaban de los atrios y las cámaras del santuario. Su sostén provenía del diezmo del pueblo (Lv. 27:32) pero debían dar el diez por ciento de ese diezmo a los sacerdotes (Nm. 18:26-28).

4. El sanedrín. El sanedrín, la suprema asamblea del judaísmo después del exilio, surgió a partir de la unión de jefes de familia que no fueran sacerdotes, representantes de la nobleza laica y la aristocracia sacerdotal. Esta autoridad judicial suprema en Jerusalén estaba compuesta por los levitas, los sacerdotes y los jefes de familia. Entonces consistía en un senado formado por representantes de la aristocracia sacerdotal y laica que, en los períodos persa y griego, estuvieron al frente del pueblo judío. Solo después, probablemente en tiempos de la reina Alejandra (76-67 a.C.), que hizo lugar a las persuasiones de los fariseos, se admitió a los escribas de dicha secta en esta asamblea que hasta entonces había sido completamente aristocrática. Según Joachin Jeremías, «no puede, por tanto, caber duda sobre la composición del grupo de los ancianos en el Sanedrín: son los jefes de las familias laicas más influyentes que representan a la “nobleza laica” del pueblo en este consejo supremo» (Jerusalén en Tiempos de Jesús©, 1980, Ediciones Cristiandad, p. 223). De hecho, los autores bíblicos los llaman: «gobernadores», «sacerdotes jefes y gobernadores», «sacerdotes jefes, ancianos y escribas» y «el concilio».

En épocas del Nuevo Testamento, el sumo sacerdote lideraba un grupo de 70 miembros compuesto por sumos sacerdotes, miembros de familias del linaje de los sumos sacerdotes, jefes de familia y jefes tribales, escribas, fariseos y saduceos. Las sesiones del concilio no se llevaban a cabo de noche, los sábados, ni durante ninguna fiesta religiosa. Generalmente se reunían de día en el área del templo, aunque algunas fuentes indican que se congregaban únicamente los lunes y los jueves.

En casos religiosos, tenían el poder de imponer y ejecutar la sentencia de la pena de muerte sobre los gentiles que traspasaran los atrios del templo sin autorización y sobre los judíos que invitaran a los gentiles a estar en las áreas del templo que tenían vedadas. En los casos civiles, sus veredictos de pena capital tenían que ser remitidos al procurador romano para que este los ejecutara. Cristo compareció ante el Sanedrín acusado de blasfemia (Mt. 26:65). Además, sabemos que el concilio entendió en las causas contra Pedro y Juan (Hch. 4:5-6; 5:27), Esteban (Hch. 6:13), y Pablo (Hch. 23:1). El Sanedrín podía contratar un escuadrón policial con el poder de arrestar (Mt. 26:47).

D. El calendario religioso

Las celebraciones religiosas judías principalmente se basaban sobre las directivas que se encuentran en la Escritura Hebrea. Se santificaba el sábado, o el séptimo día de la semana, era el día de reposo en el que no se trabajaba y se recibía instrucción sobre la Torá (Ex. 20:6-11). En cuanto a la definición de trabajo, los escribas del primer siglo habían impuesto reglamentos tan estrictos para guardar el día de reposo, que hasta se había prohibido toda obra de compasión y caridad. Por eso criticaron las actividades de Jesús aduciendo que había violado el día de reposo (Mt. 12:1-14; 23:2-4). El calendario religioso contenía ocho celebraciones principales:

La Pascua: *14 de abril: Ex. 12:1-20; Lv. 23:5

Los Panes sin Levadura: *15 de abril: Lv. 23:6-8

Pentecostés:*6 de junio: Lv. 23:15-21

Las Trompetas: *1 de octubre: Lv. 23:23-25

El Día de Expiación: *10 de octubre: Lv. 23:26-32

Los Tabernáculos: *15 de octubre: Lv. 23:33-44

La Dedicación: *25 de diciembre: Jn. 10:22

Purim: *14 de marzo: Est. 9:26-28

*Las fechas varían todos los años

El año religioso judío comenzaba con la Pascua, mientras que el año civil comenzaba con la Fiesta de las Trompetas. Las primeras seis fiestas fueron ordenadas por Dios a través de Moisés. Purim surgió después del cautiverio babilónico en la era post exilio y la Fiesta de la Dedicación comenzó a celebrarse durante el período intertestamentario. Las fiestas eran celebraciones patrióticas y santas en las que las personas recordaban su herencia nacional y las obras de Dios a su favor. La Pascua, Pentecostés y la Fiesta de los Tabernáculos eran las tres fiestas anuales más importantes. Se consideraban fiestas de peregrinación o haggim porque los israelitas se reunían en Jerusalén para agradecer con alegría a su Dios (Dt. 16:16).

1. La fiesta de la Pascua. La Pascua era una fiesta importante celebrada en primavera para conmemorar la liberación del yugo egipcio. A menudo el término se refiere a toda la celebración (Ex. 12:48; 2 R. 23:21). También puede designar el sacrificio que se come para la fecha (Ex. 12:11; 2 Cr. 30:18), o únicamente el animal, es decir, el cordero pascual (Ex. 12:21; 2 Cr. 30:15). Lo que sabemos de la Pascua durante la época del Nuevo Testamento en su mayoría proviene de los manuscritos de Josefo, el tratado de Pesajim de la Mishna y el mismo Nuevo Testamento. Los peregrinos debían ir todos los años a Jerusalén para el sacrificio de la Pascua hasta que fue destruido el templo.

2. La fiesta de los Panes sin Levadura. La fiesta de los Panes sin Levadura comenzaba un día después de comer el cordero pascual. Esta práctica, diferente de la Pascua, duraba siete días. Durante este tiempo se deshacían de todo pan con levadura y sólo debían comer pan sin leudar (Ex. 12:15, 17-20; 13:6). El primer día y el séptimo se llevaban a cabo asambleas sagradas; no se hacía ningún trabajo salvo preparar los alimentos (Ex. 12:16).

3. La fiesta de las Semanas (Pentecostés). El término pentekoste en griego significa quincuagésimo y llegó a referirse al quincuagésimo día después de la Pascua. El Antiguo Testamento no usa ese término, sino que denomina esta fiesta como la fiesta de las Semanas (Ex. 34:22). Fue designada como tal porque terminaba el intervalo que comenzaba con la presentación de las primeras espigas de las cosechas, lo que marcaba el fin de la cosecha de granos. Se celebraba con mucha alegría, sin trabajar y con el ritual de presentación de «una ofrenda de cereal nuevo» en forma de dos panes de pan leudado y salado (Lv. 23:16-17; Nm. 28:26). La iglesia nació en un día como este (Hch. 2).

4. La fiesta de las Trompetas. En el Antiguo Testamento no encontramos ninguna referencia a las fiestas de las Trompetas; sin embargo, la designación frecuentemente se relaciona con la celebración del primer día (luna nueva) del séptimo mes (Tishri) según lo describe Levítico 23:23-25 y Números 29:1-

6. La «trompeta» era en realidad un «shofar» (pl. «shofares»). La palabra deriva de «shapparu» (asirio) que significa «cabra salvaje» porque el instrumento se hace del cuerno de un carnero. Originalmente tenía forma de cuerno curado como el cuerno natural del carnero. La fiesta era un día solemne de reposo y en la celebración de cada luna nueva (Sal. 81:3) se debía hacer sonar el shofar. La fiesta de las Trompetas es el antecedente directo del Rosh Hashanah moderno, el Año Nuevo judío.

5. El Día de la Expiación. El nombre Yom Hakkipurim (más conocido como Yom Kipppur) deriva del sustantivo hebreo koper, que significa «rescate» «pago sustituto» (Ex. 30:12; 1 S. 12:3). Yom Kippur era el día, más que cualquier otro, en el que Israel como nación buscaba la propiciación de Dios, contra quien habían pecado, junto con la bendición correspondiente de su perdón y la reconciliación. El Día de la Expiación era una fecha de ayuno y lamento que se recordaba el décimo día del séptimo mes, nueve días después de la Fiesta de las Trompetas y cinco días antes de la llegada de los Tabernáculos.

6. La Fiesta de los Tabernáculos (cabañas o enramadas). Esta fiesta comenzaba el décimo quinto día del séptimo mes (Tishri), es decir, a mediados de octubre, cinco días después del Día de la Expiación. Duraba una semana y se relacionaba con el otoño, estación de fin de año (Ex. 34:22) cuando terminaba el trabajo agrícola. Era una fiesta de «peregrinos», cuyo objetivo era enfatizar la naturaleza nómade del período en el desierto (Lv. 23:43). El primer día, la congregación dejaba cualquier actividad normal y presentaba ofrendas quemadas al Señor, un procedimiento que se repetía el octavo día, después de que el festival propiamente dicho había terminado.

7. La Fiesta de la Dedicación (Hanukkah). Fiesta celebrada por los judíos en toda Palestina durante ocho días, comenzando el vigésimo quinto de Chislev (nov. o dic.) en conmemoración de la limpieza del templo y la re dedicación del altar por Judas Macabeo después de que lo profanara el despreciado Antíoco Epífanes (1 Mac. 4:52-59; comparar con 2 Mac. 5:10). Algunas fuentes judías lo llaman la fiesta de los Macabeos. Se celebraba «con alegría y regocijo». En esta fiesta, Jesús dio el discurso en el templo de Jerusalén que registra Juan 10:22-39.

8. La fiesta de Purim. La institución de Purim y los eventos que esta celebración recuerda esta registrados en Ester (3:7; 9:20-32). El libro cuenta que Aman, a quien el rey Jerjes (485-465 a.C.) había convertido en el principal de Persia, detestaba a los judíos. Hizo echar suertes (en hebreo se dice «pur» y el plural es «purim») para encontrar un día oportuno a fin de descargar su odio contra ellos. Salió el día décimo tercero y décimo cuarto del décimo segundo mes (Adar). Por la gracia de Dios, los judíos fueron perdonados y Mardoqueo los alentó a que celebraran la grandiosa liberación y la convirtieran en una fiesta anual (Est. 9:20-22).

III. Evidencia arqueológica

Mucho de lo que se sabe de las civilizaciones pasadas se ha descubierto gracias a la arqueología, que consiste en el estudio científico de restos materiales de la vida y las actividades humanas en el pasado. La evidencia arqueológica debe evaluarse con precisión cuando se usa en los estudios bíblicos, según lo expone Charles L. Feinberg en «The Value of Archaeological Studies for Biblical Research»:

Se deben tener en cuenta tanto los usos como los abusos de la investigación arqueológica, ya que esta disciplina se puede usar bien o mal. Nunca se debe olvidar que la arqueología no puede probar el contenido doctrinal de la Escritura. Aunque la verdad bíblica descansa sobre datos históricos, esencialmente esta tiene un fundamento religioso y un carácter espiritual, lo que significa que trata sobre la persona de Dios, el hombre y sus relaciones. Los descubrimientos tangibles de la arqueología no pueden confirmar ni refutar esa verdad espiritual. . . . Uno puede buscar confirmación arqueológica en relación a las verdades escriturales basadas en la historia. (N. del T.: Traducción libre, p. 266).

A. La arqueología bíblica

Al analizar la evidencia arqueológica no podemos circunscribir la arqueología bíblica a la tierra de Palestina. La historia de la Biblia comenzó en el extremo oriental de un extenso rectángulo en el que los ríos Tigris y Éufrates se unen para surcar el Golfo Pérsico y donde Ur, puerto marítimo de los sumerios, se convierte en el punto de encuentro de las importantes rutas comerciales provenientes del desierto, la montaña y el mar. Cuando el último apóstol redactó su instrumento escrito cerca de finales del primer siglo d.C., la iglesia estaba establecida en Roma, ciudad soberana de todo el territorio donde tomó forma la historia bíblica. Roma es la gran ciudad de siete colinas ubicada sobre el río Tiber, que estaba cerca del extremo occidental del mismo gran rectángulo de tierras. En otras palabras, este rectángulo central de la arqueología bíblica iba desde Ur en la esquina sudeste, hasta el mar Caspio en la esquina noreste, Roma en la esquina noroeste y Cártago en la esquina sudoeste.

Entonces, la arqueología bíblica es un campo especializado dentro de una disciplina mayor, la arqueología general, relacionada con esas tierras que jugaron papeles importantes en el desarrollo de la historia hebrea y el surgimiento de la iglesia cristiana. Dentro de estas tierras encontramos restos de siete grandes imperios: egipcio, hitita, asirio, babilónico, persa, griego y romano, o aquellas partes importantes de esos imperios que tuvieron su lugar en el registro bíblico. Además de incontables reinos, principados y ciudades estados; numerosas personas fueron y vinieron, y dejaron restos de sus culturas para que los arqueólogos las descubrieran y nos ayudaran a comprender mejor la narrativa bíblica.

B. Los yacimientos arqueológicos

Un yacimiento arqueológico podría ser una antigua necrópolis, una cueva, los restos de un complejo de edificios solitario, o cualquier área similar en la que haya evidencia de ocupación o actividad humana. El lugar común de excavación en Medio Oriente normalmente es un tell. La palabra árabe tell significaba «colina», y los arqueólogos la tomaron prestada para aplicarla a una colina que se forma por la acumulación de capas sucesivas de restos de la ocupación humana durante largos períodos, provenientes de la ocupación, la destrucción y la reconstrucción.

El incremento de restos de actividad humana a menudo se debe a la acumulación de una gran cantidad de arena y polvo que trae el viento y se va depositando durante esos períodos en los que el yacimiento permanece desocupado. Cada tell llegó a existir porque ofrecía ciertas ventajas a los futuros habitantes. Las dos características que a menudo atraían la ocupación humana eran el suministro permanente de agua y la cercanía de campos fértiles o para pastura. Además, un lugar podría haber sido más atractivo por estar ubicado cerca de una ruta comercial, por haber ofrecido ventajas naturales que facilitaban la protección, o por tener una posición estratégica.

Las viviendas se construían juntas, con un muro de protección y los campos que la rodeaban se usaban para cultivos o pastoreo. Durante la vida de la primera comunidad, que debe haber sido de 50, 100 o más años, se acumulaba basura en las avenidas. El viento traía polvo y lo depositaba contra las viviendas y los muros de la ciudad, lo que gradualmente elevaba el nivel del lugar, y obligaba a los habitantes a subir los pisos de tierra de sus hogares para evitar que el agua los inundara durante la estación lluviosa. En algún momento el ciclo de ocupación terminaba, quizás debido a alguna peste, terremoto, guerra o lo que fuera. Pero algún tiempo después, las mismas ventajas que atrajeron la ocupación inicial del sitio seguían ganando habitantes. Después de cierto tiempo, quizás hasta unos 4000 años, la misma historia se habría repetido una y otra vez, y ya se había formado un tell debido a la superposición de capas por la ocupación humana. Algunas de estas colinas antiguas tienen hasta veinte metros de altura y presentan hasta treinta o más niveles de ocupación.

C. Fechas de los hallazgos

Una vez que comienza una excavación en un tell, es importante fecharlo. La cronología adquiere mucha relevancia para la arqueología bíblica. Debemos diferenciar bien la cronología relativa de la cronología absoluta. La mayoría de los datos arqueológicos brindan, en el mejor de los casos, una cronología relativa: la capa II es posterior a la capa III y anterior a la capa I. Entonces se pueden disponer los materiales encontrados en esos niveles de acuerdo al tipo y la secuencia.

Los restos de alfarería, con o sin pintura, son extremadamente importantes para determinar la secuencia cronológica de ocupación. Son los elementos que más comúnmente encuentran los arqueólogos bíblicos. Se clasifican de acuerdo a sus características y son útiles para fijar la cronología del yacimiento. Numerosas características hacen que la cerámica sea el material ideal para establecer la cronología relativa: (1) el estilo cambia con bastante frecuencia; (2) es relativamente económica y por eso abundaba bastante en el Cercano Oriente; (3) era frágil y una vez que se rompía prácticamente no servía para nada; y (4) los fragmentos de cerámica son casi indestructibles. Además, la cerámica no se disuelve en agua y no la consume el fuego. Teniendo en cuenta todos estos factores, la alfarería es el elemento más abundante y más confiable disponible para que los arqueólogos establezcan una cronología relativa en la actualidad.

D. Los períodos arqueológicos

La arqueología bíblica se encuentra dentro de la etapa de estudio geológico llamada Holoceno y de los niveles culturales antropológicos de la Nueva Edad de Piedra y los períodos arqueológicos posteriores. Los períodos se establecen básicamente en base a los cambios tecnológicos importantes. Existe un amplio acuerdo general entre los eruditos sobre la secuencia del desarrollo cultural y sobre las fechas sugeridas. Para el mundo bíblico, los períodos arqueológicos son los siguientes:

Edad Neolítica Acerámica (precerámica), aproximadamente 9000-6000 a.C.

Edad Neolítica Plena (con cerámica), aproximadamente 6000-5000 a.C.

Edad Calcolítica (introducción de herramientas de cobre), aproximadamente 5000-3200 a.C.

Edad de Bronce Antiguo (predominio de herramientas de cobre), aproximadamente 3200-2000 a.C.

Edad de Bronce Pleno, aproximadamente 2000-1600 a.C.

Edad de Bronce Final, aproximadamente 1600-1200 a.C.

Edad de Hierro (introducción de herramientas de hierro), aproximadamente 1200-300 a.C.

Período Helenístico, aproximadamente 300-63 a.C.

Período Romano, 63 a.C. – 323 d.C.

Obviamente, la Edad Neolítica Acerámica no finalizó simultáneamente en todo el mundo bíblico. El descubrimiento de cómo elaborar arcilla plástica, modelarla, cocinarla y así confeccionar cerámica probablemente se haya localizado en uno o más lugares y desde allí se haya extendido a otras partes. De la misma manera, el descubrimiento de competencias metalúrgicas se extendió quizás más lentamente, debido a que los recursos de fuentes de cobre eran limitados y se necesitaban más habilidades para confeccionar herramientas de cobre que las que se necesitan para hacer cerámica.

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